domingo, junio 29, 2014

mi complejo de inferioridad

Bendito es el sitio, y la casa, y el lugar, y la ciudad, y el corazón, y la montaña, y el refugio, y la cueva, y el valle, y la tierra, y el mar, y la isla y la pradera, donde se ha hecho mención de Dios y se ha glorificado Su alabanza.

Bahá’u’lláh



Pienso, y ya es demasiado. Siempre que pienso que pienso, se incendia un chino en alemania. Ayer me dieron un papelito que tenía forma de mariposa y por todas partes escrito Bahai Bahai. En ese momento estaba hablando de cosas muy interesantes con alguien, y seguramente no tenía en cuenta un montón de cosas cuando hablaba, como por ejemplo, cosas que olvido, como mis contradicciones constantes.
El papelito de forma de mariposa lo tomé sin pensar, una de las pocas cosas que hice sin pensar el día de ayer. No fue de lástima, fue auténtico, tomé el papelito que llamaba mi atención y lo guardé. Guardar un papelito, para mi significa darme el derecho a olvidarme.

¿Por qué me olvido de mi propia pequeñez empeñándome en mostrarme fuerte y grande. Y adulto? Escribo esto con la forma que merece un papelito en el bolsillo. Sin embargo las letras no tienen la forma de mi caligrafía sobre un papel, y yo no soy el campeón que creo ser, y la gente que me quiere lo hace sinceramente. Este es el precio de la aventura de la soledad. No voy a empezar a hablar de mi infancia y de mi madre y de mi padre.


Me analizo como si fuera la selección argentina en el mundial de brasil, tratando de ser completamente sincero conmigo mismo y sabiendo que aun pudiendo ser una selección que tenga chances de ganar el torneo, hay otras selecciones que también están mereciendo lo mismo. Y entonces empieza a notarse cómo hay diferencias culturales, idiomáticas, de recursos, de identidad. En la comparación resalen las diferencias. Pero no vale la pena comparar, lo que vale son los partidos, por eso los jugadores y los técnicos, muy concienzudamente dicen todo el tiempo, repiten, que hay que focalizarse partido a partido.
Lloro las diferencias, pero es la cobardía que hay en mí, y a la que quiero vencer porque estoy hecho en estas contradicciones. Y escucho a los otros, a las opiniones de los otros que son tan diversas, algunas llenas de malevolencia en la que a veces puedo regodearme (venciendo o no a la culpa por dar lugar a la maldad), otras veces muy concienzudamente. Siempre me gusta escuchar a los que dicen que en el mundo hay otras cosas además de fútbol. Que es solo fútbol.

En mi laxa inteligencia proliferan las metáforas futboleras, sin poder despertar un interés hacia otro tipo de metáforas como pueden ser las cosas que ornamentan una casa, la naturaleza del campo, la vida de un perro.

Me doy cuenta que odiamos a los brasileros porque encontramos que en muchos más aspectos que nosotros son mejores. Nuestro resentimiento hacia el grupo humano que integra la selección chilena proviene de las diferencias que surgen entre ambas naciones, diferencias históricas y culturales. Con los colombianos sentimos empatía, porque territorialmente están un poco más alejados y no nos afectan entonces no nos podemos comparar, en cambio con los uruguayos sentimos simpatía porque están cerca y nos gusta compararnos y tenerles lástima, porque son chiquititos, como davides al lado de goliates que cada tanto recibe el piedrazo. Ellos nos odian, por eso nos tiran piedras.

Hoy es domingo, segundo domingo del invierno. Empiezo a escribir un texto en el que repasaré y experimentaré, para todos ustedes en vivo y en directo, el proceso por el cual durante tanto tiempo he tenido lástima de mi mismo, condicionando inconsciente e involuntariamente mi propia historia de vida, que en definitiva no es tan importante y que muy pronto será olvidada para siempre. Al fin de cuentas, otra historia sin historia.

lunes, junio 16, 2014

la rabona de rojo

El pibe Rojo, Colorado para los finos, es uno de esos futbolistas ignotos cuya aparición sorprende en la selección de fútbol. Se trata de un pibe jóven con mucha proyección, el ingrato oficio de defensor lo expone a este tipo de ninguneos. Nadie hablaba de él, no lo conocíamos, otra cosa que le debemos a la casta de periodistas deportivos geniales que entre ventas y contratos siempre están dando relevancia a los autores de los goles, como si el fútbol no fuera un juego de equipo, y calla vilmente la presencia de los más sacrificados. El sacrificio consiste no sólo en el trabajo ingrato sino sobre todo en el olvido de la gente de la presencia de estos obstáculos humanos en el campo de juego. El pibe Rojo, una víctima más de la messificación, pero no tanto, porque de algún modo, a diferencia de jugadores con más protagonismo como Tevez, fue elegido para integrar el plantel que viajó al mundial y etcétera de todo lo que quieras.
A Rojo le gusta la cumbia, como a todos los pendejos adinerados que juegan al fútbol profesional y que creen que por ser ricos ya son exitosos y están salvados. Algún dios se ha encargado de demostrar esa ecuación que para los pobres artistas resulta ser una falacia, pero siempre está todo a comprobarse, y la comprobación es post mortem, y ya lo sabemos todos, estamos destinados al olvido, a la paz del cementerio. A quién le puede importar, desde esta perspectiva, el mundial de fútbol, ese lugar donde se congrega la gente de todo el mundo y fanatizados por la imbecilidad toman cerveza y deliran con los micrófonos de los trabajadores de prensa que tienen el tuperware de preguntar si prefieren a un jugador o a otro. Por el amor de cristo, no leyeron a Dante Alighieri?
No, no lo han leído, por eso la farsa está en su apogeo, en este momento hay gente que grita a un micrófono, y no hace 24 horas el chico Rojo, en ese contexto, se animó a hacer una pirueta para todos nosotros, una pirueta interesante, que nos hizo dudar de sus capacidades mentales, sí, pero que también nos puso en el lugar del desafío: marcó la cancha, señaló quién está dentro y quién está fuera de la cancha enviando el balón al lateral con un recurso que era la característica más realzada de un jugador que pudo hacerle sombra a cualquiera como Borghi: la mentada rabona.
Nos sentimos geniales insultando, eso es verdad. Es una descarga que deja a uno en estado de alegría, una alegría contradictoria. Un insulto es al mismo tiempo un modo de sentir la impotencia, por eso es una contradicción misma, un insulto es dar la razón al otro, un insulto es lo que sale de nuestro vocabulario cuando nos quedamos sin palabras. Eso surgió anoche ante el coloradito rojo valga la redundancia. El muchacho estaba comunicándonos sutilmente que quien estaba en la cancha era él, y que sus decisiones las toma pura y exclusivamente su mente en conjunto con su cuerpo. Por eso, y solo por eso, el fútbol y su colorido pierden sentido, porque de esto sale solo un ganador, un solo campeón, y es probable que el derrumbe de las ilusiones más insensatas sea una catástrofe. Dónde veremos la final del mundial? probablemente no la juegue argentina, eso es sabido.
Pero siempre quiero denunciar a la casta de periodistas deportivos, los verdaderos mercenarios que a cada rato les damos de comer dejando el televisor prendido. Esas publicidades absurdas alimentan sus bolsillos antes que a cualquier otro, esas opiniones vertidas intentando llenar el "tiempo de aire" (gracias al demiurgo del tiempo, al que pensó que cada hora tiene 60 minutos y que cada minuto tiene 60 segundos, y así sucesivamente para cualquier lado) con palabras que, dignas de borrachos y drogadictos, dictan lo que la gente repite por la calle, en la esquina de casa, en la panadería, en el curso de cocina, en los ascensores, en los colectivos.
No, nada tenemos que ver unos con otros. Ni siquiera con los miles de adinerados que viajaron a presenciar la ilusión, seguramente con el producto bruto interno, porque no veo que haya muchos amigos míos entre ellos, y además, acentuando la brecha entre ricos y pobres, claramente. Pero qué es ser rico, y qué es ser pobre? Gracias a Brasil que nos demuestra en carne propia que la desigualdad está en el límite de quién decide quién va a estar dentro y quién va a estar afuera del estadio, en definitiva, de la fiesta. Porque una fiesta, para que sea una fiesta, no puede ser de todos. La fiesta nunca puede ser de todos. Y cuando te dejan afuera de la fiesta, obviamente, además de decir que seguramente es una farsa, y porque duele, porque duele quedarse afuera, duele no estar invitado, pero todo ese dolor se resignifica cuando nos damos cuenta que nada de eso tiene sentido, y que hay otra fiesta en otro lugar que también puede ser divertida, y que tampoco es para todos.
Por eso, gracias pendejo, hacé lo que quieras.

jueves, junio 12, 2014

Las estructuras que sostienen una poesía se llama poética. ¿Pero qué es la poesía?
Si hablamos de estructuras, hablamos necesariamente de una arquitectura, y la arquitectura de un texto es la razón, y la razón es lo que trasciende al sentido. Muchas veces el sentido es la sola razón, y esto es lo que nos enseñaba Rubén Darío. Pero la razón no siempre está dada en el sentido, y menos cuando esto se quiere hacer notar. Las estructuras de un texto son tan importantes como el texto en sí. Una poética, entonces, está anclada en la estructura, pero la fórmula del hormigón es muy importante porque hacen que esa estructura valga.

Cuáles son las razones de un texto?
la primera y esencial es que un texto es siempre una actualización de un estado de la lengua. Un texto participa de un código, y eso trasciende a todo sentido. Es una lengua y no todas las lenguas, si bien el sentido puede ser traducido, hay una parte de la estructura que escapa a la traducción y esto el traductor lo sabe y no para actualizar eso.
Pero a la vez, he anotado anteriormente: "Por más que lo dicho esté en la misma lengua, no recurre al sentido, o no se sostiene si no participa de otro código".Tratando de descrifrar esta incógnita que dejé registrada, justifico: el otro código es las estructuras que sostienen la poética, lo que trasciende también a lo meramente lingüístico, es el mundo en sí y su presencia.
Una poética, entonces, no se queda en las palabras, tiende a reflejar en el mundo algo donde antes no había nada. Un texto trata de una construcción que tiene como referencia a otros textos, otras construcciones. No vamos a levantar un edificio en el medio de la nada, hemos nacido y crecido en una ciudad llena de edificios, y nos han dado un pequeño baldío en donde creemos que no hay nada, pero al lado cohabitan otros edificios a los que no debemos golpear, no debemos empañar, no debemos quitar luz, y a la vez debemos hacer algo lo suficientemente bello y llamativo como para que tenga valor por sí mismo, que esté acorde al paisaje.
eso es una poética.

Atahualpa

Yo sé que muchos dirán
que peco, de atrevimiento
si largomi pensamiento
pa’l rumbo que ya elegí,
pero siempre he sido así;
galopiador contra el viento




http://blogdepapelesblancos.blogspot.com.ar/2012/04/atahualpa-yupanqui-el-payador.html

viernes, mayo 23, 2014

un camino aburrido pero divertido

voy construyendo la imagen de la otra persona con su ausencia. Ya no vale nada la persecusión, el espionaje no aporta datos fehacientes. La otra persona no está, y eso es lo que está. La otra persona, lo que queda de ese otro, en principio debe llamarse Pantomima.

Pantomima, está lejos, muy lejos. Es todo lo que uno no es, ahora mismo, por eso es la otra persona, es lo externo. Se ha ido lejos porque ha decidido irse lo más lejos posible, y todo lo que dejó son rastrojos a esta altura, ni siquiera rastros, ni siquiera ruinas. Son testigos muertos: alguna ropa, algún arreglo, algún hábito desacomodado en uno. Me pongo los botines del fútbol en el mismo lugar donde lo hacía cuando estaba Pantomima, cuando incluso cuando no se llamaba Pantomima.
Cuando se fue, algunas cosas duraron y otras no duraron tanto. Y otras cosas fueron apareciendo debajo del tinglado, y otras cosas fueron desapareciendo, o mutando. Ahora nada es lo que parece, y ni siquiera la presencia de la ausencia de Pantomima es una señal de existencia. No existe ya bajo el mismo sol, como si hubiera otros planetas, otros soles, otras dimensiones con muchos más soles. Y sin embargo uno quisieran, ya quisiera, construir un conocimiento sobre qué es de la vida de esa otra persona sin querer saber demasiado, como si de esa manera Pantomima estuviera más presente en esa ausencia, como si fuera necesario que se justifique racionalmente esa ausencia tan presente. ¿Qué es la ausencia sino una presencia postergada? ¿Qué es el deseo sino una ausencia?

Entonces sigo el horóscopo de los diarios, que me ayudan a saber instantaneamente dónde está Pantomima y qué le está pasando hoy, ahora. En esa sucesión de datos que me aporta el cotidiano, puedo reconstruir qué es de su vida. Hoy por ejemplo dice para ella en amor "si se encuentra peleado con su pareja, busquen el momento adecuado para entablar un diálogo".
De inmediato cometo el error de pensar que tendría que volver para entablar un diálogo conmigo, ya que no es posible que yo vaya a algún lugar en donde no sé donde queda, en definitiva, quién debería propiciar eso, pienso, no debería ser yo. Vuelvo a leer el horóscopo y veo mucho más claramente que dice "su pareja", y pienso mejor, no debería suponer que su pareja soy yo.
Entonces sé que Pantomima hoy no debe andar bien, pienso, debe estar peleada con su nueva pareja y la debe estar pasando fatal. Quizás deba ir a rescatarla, pienso, siempre partiendo de la base en que uno es el superhéroe.

Entonces hoy debe tener un día de mierda, pienso ahora sí, mucho más tranquilo. La imagino despertando bajo otro sol, en esa realidad paralela a millones de años de casa, de este tinglado frío y confuso, lleno de rastrojos, y pienso que en algún momento de la mañana puede ir a hablar con su pareja y no pienso que lo solucionen todo, pero quizás sí, para primeras horas de la tarde las cosas estén compuestas, y nos quedamos todos tranquilos.

Aleje a sus familiares de los negocios, de lo contrario podría tener problemas. Pantomima y su hábito de tener a toda su familia cerca, y hacer todo con la familia, ya está, ya se compró todos los tikets de problemas. Menos mal que ya se fue, tendría que estar todo el día escuchando sus crisis y sus miserias. Pero bueno, así es el horóscopo, pone a mucha gente en situación parecida, a lo mejor no es para tanto. Y a lo mejor mañana dice todo lo contrario.

Pienso, es la manera más sana de recordar pensando a Pantomima, con afecto, lejos, lejos de acá.

martes, mayo 20, 2014

los cavernícolas del macadam

Por la ruta van los tipos.

miércoles, mayo 14, 2014

Alguien sabe de alguien que esté por viajar a Montevideo



Aguante che, dice uno. Las luces de la mañana no son luces, los destellos, los reflejos no pueden ser luces. La luz hace sombra, la luz es el sol. Todo lo demás es mentira.
Cuando salen sin saber lo que buscan, menos se puede saber a dónde se va a terminar. No da para el baile cuando el cuerpo entra en el espacio del mundo derrotado. Hasta las sirenas de las ambulancias parecen burlas. No se sabe a dónde ir, no se tiene por qué volver. La noche es el límite, la mala compañía es el apellido. No queda nada de esa vida después de darse contra tantas paredes. Algunos la dan por terminada a tiempo, creen. Pero la noche sola sabe, solo la noche sabe.
¿Cuántos eran? Más de tres, menos de seis. Vienen al mundo a pasar el tiempo con la conversación, un diálogo de locos que pasa de un tema a otro sin medios, a pura acción asociativa. Hablan de otros, para hablar de sí. Pero no quieren decir sus nombres, entonces se llaman por los nombres de todos los demás. Hablar es un modo de callar otras cosas, porque no siempre buscar significa que se vaya a encontrar. Rasca los machacones de las piernas uno, liba su licor el otro, dale con Michael Jordan, con las otras épocas. Podría no tener fin. Las muchachas disfrutan de mover su cuerpo al ritmo de la música, ya no lo hacen con el afán de ser miradas. Los muchachos conversan y conversan, y saben que no necesitan llegar a ninguna conclusión.
Está aburrida la vida, dice uno. El camino es lo primero que se ilumina cuando amanece. Parece mentira que el sol se levante y se muestre a esa velocidad. Pero de un momento a otro es la carretera y es el auto de la madrugada. La acompañante compañía duerme, pero hay uno que siempre debería estar despierto, dialogando al conductor. Es la ley de la ruta, el timonel debe ser entretenido para evitar las catástrofes. Es con esa luz que no es luz que por las rutas argentinas hasta el fin se acostumbra a sacar el recipiente indulgente de la infusión nacional, esa tradición de mentira que ya todos creyeron.
¿Por qué un auto viajaría por la ruta a esa hora? Quizás para llegar más temprano al lugar adonde se va. Entonces se va a un lugar. Pareciera. Si en la noche no se sabe a dónde se llegará, en la ruta entonces es como de día siempre. Y sin embargo el sol lo desmiente, lo desmantela: es lo primero que ilumina, denunciando a la ruta y a la noche. ¿Dónde está mi vuaturé?



Está llano el asunto. Eso es el amanecer, el intersticio entre la vigilia y el sueño que desveló a tantos interesados por la diversión. Lo aburrido es más real, el mundo gira con su aparato de tecnología ultramoderna. Qué astuto son los amigos que se quedan en sus casas, que no emprenden el viaje porque saben que es en vano.

miércoles, abril 30, 2014

carpe diem

No me escondo más de mi espíritu liberal y fracasado que me dicta a vivir el día sin pensar en el pasado, sin pensar en el futuro. Al fin de cuentas qué es lo que hay ahi sino el horizonte de lo real, de lo que verdaderamente es, y eso, eso tiene que ser vivir la vida.
Hay gente para quienes la vida es siempre esperar, esperar lo porvenir, siempre se mantienen espectantes, mirando desde un costado lo que sucede, no saben bailar. Bailar es salir a jugarse todo, es poner el cuerpo, lo vivo, en acción. Yo quiero poner mi cuerpo en acción, desnudarme en el viento entre la gente que se desnuda y juntos refrescarnos y refregarnos hasta que sepamos claramente que es hoy, es el día, es el momento indicado y en lo único que tenemos que pensar.

No creo en los sacrificios. Hay gente que vive en el pasado, y que dice que consiguieron ser esto que son como producto de sus esfuerzos, de su sacrificio. Pero qué consiguieron? un auto? una casa? esos chicuelos que corretean alrededor vestiditos de adultos? Esas ficciones no son más que espejismos extremos para su consuelo. Ellos no saben vivir. Una vez al año se van de viaje a algún lado para demostrarse a sí mismos que están en el mismo mundo que habito yo. Pero no, saben que no lo están. Yo estoy en el día, yo estoy hoy y ahora aquí mismo. Y me siento libre, y mi libertad me dice que yo mañana podría estar en cualquier otro lado y lo haría, de hecho lo he hecho alguna vez. Me he levantado a la mañana, una mañana cualquiera de cualquier momento del año, y he dicho qué ganas de estar en Valladolid, y allí me he dirigido con la amplia certeza de que allí estaba en lugar en donde quería estar. Pero así como he llegado a Valladolid he ido también a Granadero Baigorria, y junto al río he enterrado algunas de mis penas. Porque no todo es goce en la vida, y no todo es ser feliz. Qué se piensan los ricos? que uno porque vive el día no sufre? Sufre y mucho. Ser auténtico tiene su precio, y el precio es la envidia, y el precio es el desdén, y el precio es la subestimación. Porque los otros valoran los autos, las casas, y uno que va por la vida sin tener nada, porque no valora esas mismas cosas que son ni más ni menos que valores inculcados por el capitalismo berreta que se les metió en la cabeza y que los hace consumir cocaína como si fuera el bálsamo contra la infelicidad que no quieren reconocer, el mismo capitalismo que ya tienen en la sangre y que les circula naturalmente y no lo pueden negar pero no lo quieren aceptar tampoco porque son seres tan egoístas y ególatras que no saben quiénes son, todo eso es un problema para mí que de algún modo me toca y me aqueja.
Porque es difícil vivir en un mundo en donde uno está aislado de tantas conversaciones. Pero por eso mismo uno también puede ver, puede observar y decir yo así no quiero vivir mi vida. Yo quiero seguir bailando, soñando, no quiero vivir para trabajar, para ganar dinero solamente. Para qué quiero el dinero, para qué quiero tener hijos? todos tienen que tener sus hijos pareciera ser el mandato. Todos? Si no tenés hijos ya, entonces, mire, es usted un fracasado. Todos los hijos ya y ganar dinero, ya, que se acaba lo que se daba. No hay más esperma en el banco de esperma.

No saben disfrutar. Yo  sí sé disfrutar. Yo disfruto. Tengo mi panza llena de disfrute, hago lo que quiero, no pienso en que haya futuro. Ahi van, estoy yo con mis límites, con mis horizontes, soy yo mismo mi droga extensa, nazco y muero a cada rato, soy mi propia comunión y soy mi rito y mi resurrección. Vean, la vida es una sola y hay que vivirla a pleno. Háganme caso, les digo, mirenme a mi, mirenme, soy feliz.

domingo, abril 27, 2014

de un relato que, dicho por mí, suena indulgente

Pienso mucho al pedo. Es decir que no pienso, o no pienso correctamente. También, no hace mucho tiempo, me he dado cuenta que en el aprovechamiento extremo del poco tiempo que tenemos de vida, no deberíamos dar lugar a lo que es al pedo o sinsentido.
Pero parece ser que algunos se empeñan en afirmar que todo tiene un sentido, y que si algo es, es por algo, y esas cosas. Personalmente ya no tengo idea, y me cansa mucho tenerla tanto como no tenerla. No entiendo nada, y se me hace insostenible cada cosa que crea entender cuando ya no la puedo explicar.
Entonces, por qué la sarta de pavadas que escribo como si tomara notas de algún asunto, para qué la sarta de pavadas que leo cuando otros escriben con seriedad o sin ella de algún asunto en el que se les va la vida o no, si nada de todo esto tiene al fin de cuentas un sentido.

Querés que nos conozcamos? Querés o no querés?
esa debería ser la pregunta para todo, pero a veces no pasa solamente por querer, y ser correspondido en ese querimiento. A veces hay que ir un poco más allá. a veces suceden las cosas por que sí, sin que uno las busque. a veces se cae a pedazos y no hay nada que hacer.

hoy no hay nada que hacerle.

jueves, abril 24, 2014

armas de fuego

Hoy se cumplen siete años del día en que nos subimos a ese avión en pleno paro de trabajadores aeropuertuarios. No iban a subir las maletas a las bodegas, no iban a ajustar las tuercas, el avión se podía venir abajo en cualquier momento. Pero subimos igual, con miedo, subimos igual, con la extraña sensación que se siente cuando no se tiene fecha de regreso, esa nostalgia anticipada, y sin saber con certeza que el lugar de llegada existiera realmente.
No sé qué se piensa la gente que es un avión. Cada uno de los que no está en el avión se puede imaginar cualquier cosa, yo mismo que no estoy en aviones me imagino cualquier cosa. Y sin embargo un avión no tiene nada de extraño, un gran pájaro que en su panza tiene seres humanos vivos, sentados en incómodas butacas (siempre podría ser peor), y que durante horas no hará otra cosa que mirar una pantalla, quizás cruzar inútiles palabras con desconocidos, ir al baño, ajustarse el cinturón una y otra vez, y por supuesto, tener bien en claro si pollo o si pasta.
Pero nada se compara a la sensación de vértigo de cuando se remonta vuelo. Volar no es para cualquiera, volar no es para cualquiera. Uno siempre tiene esa sensación de que algo puede fallar, y si algo puede fallar va a fallar. Si viviéramos en un mundo donde todo ya está digitado, y nada fuera pasible de ser pensado, sería todo mucho más fácil y aburrido. Pero no, uno se juega la vida en cada carreteada de avión, inconscientemente, con la ansiedad del que siente que su destino ya está cerca, con la intolerancia propia de quien no se pone a pensar que en realidad todo tiene su camino de regreso.

Mamita querida, pensé y no lo dije, el avión ese ya estaba en el aire. Habían valido la pena la espera en la butaca durante horas, la indetenible conversación sobre lo que haríamos cuando llegáramos? No lo sabíamos todavía, no lo supimos hasta varias horas después, porque un pájaro de esas características no se puede sostener infinito tiempo en el aire. A algún lado iríamos a parar, claro.

Escala y vuelos perdidos, horas después nos vimos en hotel de más estrellas de las que pudiéramos pagar. Ya estábamos socializando, pero difícilmente tendríamos lo que toda persona que se baja de un avión y está a punto de subirse a otro desea: un poco de amor de piel con piel. Se llama jet lag a eso que te hace dormir pero que casi te hace perder el siguiente vuelo, y se llama jet lag a todas las cosas terribles que le pueden pasar a una persona que se baja de un avión, por 3 días. Las cosas bonitas se llaman carisma, y nosotros charlábamos con la gente que venía en nuestro mismo avión, ¿a dónde irían a parar esos?

A las 7 de la mañana corríamos por los pasillos de un aeropuerto, el más inmenso que experimenté en mi vida, quizás porque haya tenido que caminarlo tanto ese día, con Juan resagado ayudando a trasladar las maletas de una desconocida. El equipo se desencontraba y todavía no habíamos llegado a destino. Pero fue cuestión de horas, un tren, un andén, una escalera mecánica. Dos maletas grandes, que representaban la vida entera, un par de bolsos de mano, y las peripecias por venir asomaban y veían la luz. Eso es Casa Batlló, llegamos.


Al día siguiente de San Jordi, las rosas que no comenzaban su proceso de marchitación a manos de agua de florero ya estaban tiradas en el piso. Los libros, en alguna estantería.