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lunes, julio 28, 2014

capitalismo y psicoanálisis

Estoy pensando en que le compartiría esto que escribo a una persona que podría responderme. Alguien ligado al psicoanálisis, que pueda comentar con las palabras correctas lo que pretendo decir con las palabras de mi intrincado vuelo.
Ayer desperté tarde, era domingo y hacía frío todavía. Temprano para domingo, tarde para un día común, eran las 10 y algo de la mañana y no quise moverme de la cama. Por fortuna tenía cerca el control remoto del televisor, elegí no pensar demasiado y lo encendí para ver si había algún partido, pero todavía no empezó la temporadas de mogolismo futbolero de tiempo completo, por ahora solamente hay partidos por la tarde.
Pero encontré un interesante documental que hablaba del tiempo, en canal encuentro. Era dar vueltas a un asunto constantemente, y culpar siempre al capitalismo y al afán de obtener mayores ganancias, de la invención de la necesidad de estar midiendo el tiempo, y el hecho de vivir apurados era pensado como el mal de la modernidad. De eso se derivaban una cantidad de cosas, como la gente que siempre llega tarde y que por más que sean buenas personas no pueden vivir en sociedad, o como que había que ralentizar la vida, hacer menos cosas, etc. Yo pensaba todo el tiempo en Borges, que escribió mucho sobre el tiempo, sobre todo en Historia de la eternidad.

Un complejo de inferioridad no puede venir sino de una comparación en donde hay algo o alguien inferior a otra persona o cosa. Pero esa comparación, en qué se fundamenta sino en la competición, y esa competición en qué se sostiene sino en el sistema que cataloga y clasifica, el llamado capitalismo culpable de todos los males de la humanidad.
En algún momento se establecen parámetros, pero las personas en sus relaciones están constantemente jugando papeles, rotando roles o modos. Es probable que una misma persona no se comporte de la misma manera en diferentes situaciones. En algunos casos se sentirá más segura, sobre todo si la sinergia con la que se interactúa es acorde con las espectativas de esa persona. En cambio si el código no es interpretado, es probable que se ponga a la defensiva. Si hay alguna persona que se considera superior, es muy fácil que haya otra que se coloque frente a esa persona de una manera crédula y sin mediar un instante lo trate como superior, colocándose en un lugar inferior.

¿Existe algún lugar del mundo todas las personas se tratan de igual a igual? Me gustaría conocerlo. Sin embargo, es posible que una persona que se tiene en gran estima a sí mismo, encuentre algún escollo en la constante competencia inconsciente en el trato con los demás, y se vea a sí mismo en una situación en la que se considera inferior. Las reacciones son de lo más desopilantes. Conozco personas que empiezan a blasfemar contra esa persona que se pone en "superior", y para ello el mundo ha tenido uno de los más grandes inventos de los últimos siglos: la elegancia.

La elegancia es la revancha y es a la vez lo que iguala al inferior con el superior. Hay diferentes concepciones de la elegancia, y esto poco tiene que ver con el capitalismo. La salida elegante es la que conserva la dignidad, pero dignidad también es una categoría moral que está desprestigiada. La elegancia es saber tomar la sopa, a tiempo, con una sonrisa para todos. La revancha consiste en que después de tomada la sopa uno ya no está obligado a continuar en esa situación de contraste.

miércoles, julio 23, 2014

inferior

Y después está el goce del otro sobre la paranoia de uno. Ese goce está fundamentado en sus propios conflictos, en sus propias paranoias. Es una gran combinación de problemas mentales, la vida en sociedad. Uno que se persigue, y no puede ver más allá de sí mismo. Una palabra que enciende una mecha y la bomba empieza a pasar de mano en mano, no se sabe dónde detonará. "Ese es el problema que tenés vos, con tal asunto", dice el otro, y es cierto. Pero además, no lo es.
Porque el problema de uno, presente, consciente, no es el punto de la discusión, no lo es ni siquiera todo el tiempo. Pero el otro remarca el asunto del problema de uno, como un modo de establecer el territorio en el que se da el debate.
"Está bien, es que tengo es pequeño gran complejo de inferioridad", pongamos por caso. "Tengo este problema para relacionarme en sociedad", hay que decir, "para aceptar las convenciones de los demás". Un ser desprolijo a la vista de los otros, pero que guarda su propia lógica.
Cuando el complejo es dicho, todo acto de hacerlo sobresalir es del otro. El otro dice "vos tenés ese complejo", y es su goce.
El goce de reconocerse, ante su propio complejo, que se reformula.

sábado, julio 19, 2014

principios y finales

los principios deben ser finales o conclusiones para nuevos puntos de partida. He aqui uno: la justicia no es posible. Me cuido de decir que no existe, ya que no se puede negar la idea, digo que no es posible.
El resentimiento debe estar en el desorden del placer en la victimización. Hay un goce que tiene que estar fundado en la diferencia, y en el enunciado de la diferencia o de lo distintivo está la imposibilidad de la justicia. La palabra, entonces, pierde valor absolutamente, porque no le hará justicia a la idea.
En ese marco de cosas, es posible decirlo todo, y también es posible no decir nada. No tiene importancia, ya que se trata de un recorrido temporal siempre ficcional, en el que se pone en juego la noción del presente mismo.

El resentimiento tiene políticas corporales inconscientes. No responde el cuerpo a la voluntad, ya no obedece la musculatura ante la resistencia. Y sin embargo puede existir un goce, desordenado, contracturante, doloroso. La victimización es otro de los cómodos lugares en donde se pueden pasar unas vacaciones all inclusive.

lunes, junio 30, 2014

sutil eran los de antes

me pregunto por qué debería pasar siempre por inteligente. uno no siempre puede estar en modo inteligente, sin dar lugar a la duda, a la inquisición. se puede ser lúcido, pero estar equivocado en el tema, y entonces te agarran en un planteo mal hecho y ya no eras tan lúcido como pensabas que eras.


hoy me di cuenta que probablemente haya sido un error preferir gastar menos dinero en la óptica en las gafas más baratas. arden los ojos. pero cuando muera, los ojos se van a pudrir igual que el cuerpo, o mejor, cuando arda en la llama, cuando vuele en el aire, los ojos van a representar probablemente una pizca de la tierra.
que ardan.



domingo, junio 29, 2014

mi complejo de inferioridad

Bendito es el sitio, y la casa, y el lugar, y la ciudad, y el corazón, y la montaña, y el refugio, y la cueva, y el valle, y la tierra, y el mar, y la isla y la pradera, donde se ha hecho mención de Dios y se ha glorificado Su alabanza.

Bahá’u’lláh



Pienso, y ya es demasiado. Siempre que pienso que pienso, se incendia un chino en alemania. Ayer me dieron un papelito que tenía forma de mariposa y por todas partes escrito Bahai Bahai. En ese momento estaba hablando de cosas muy interesantes con alguien, y seguramente no tenía en cuenta un montón de cosas cuando hablaba, como por ejemplo, cosas que olvido, como mis contradicciones constantes.
El papelito de forma de mariposa lo tomé sin pensar, una de las pocas cosas que hice sin pensar el día de ayer. No fue de lástima, fue auténtico, tomé el papelito que llamaba mi atención y lo guardé. Guardar un papelito, para mi significa darme el derecho a olvidarme.

¿Por qué me olvido de mi propia pequeñez empeñándome en mostrarme fuerte y grande. Y adulto? Escribo esto con la forma que merece un papelito en el bolsillo. Sin embargo las letras no tienen la forma de mi caligrafía sobre un papel, y yo no soy el campeón que creo ser, y la gente que me quiere lo hace sinceramente. Este es el precio de la aventura de la soledad. No voy a empezar a hablar de mi infancia y de mi madre y de mi padre.


Me analizo como si fuera la selección argentina en el mundial de brasil, tratando de ser completamente sincero conmigo mismo y sabiendo que aun pudiendo ser una selección que tenga chances de ganar el torneo, hay otras selecciones que también están mereciendo lo mismo. Y entonces empieza a notarse cómo hay diferencias culturales, idiomáticas, de recursos, de identidad. En la comparación resalen las diferencias. Pero no vale la pena comparar, lo que vale son los partidos, por eso los jugadores y los técnicos, muy concienzudamente dicen todo el tiempo, repiten, que hay que focalizarse partido a partido.
Lloro las diferencias, pero es la cobardía que hay en mí, y a la que quiero vencer porque estoy hecho en estas contradicciones. Y escucho a los otros, a las opiniones de los otros que son tan diversas, algunas llenas de malevolencia en la que a veces puedo regodearme (venciendo o no a la culpa por dar lugar a la maldad), otras veces muy concienzudamente. Siempre me gusta escuchar a los que dicen que en el mundo hay otras cosas además de fútbol. Que es solo fútbol.

En mi laxa inteligencia proliferan las metáforas futboleras, sin poder despertar un interés hacia otro tipo de metáforas como pueden ser las cosas que ornamentan una casa, la naturaleza del campo, la vida de un perro.

Me doy cuenta que odiamos a los brasileros porque encontramos que en muchos más aspectos que nosotros son mejores. Nuestro resentimiento hacia el grupo humano que integra la selección chilena proviene de las diferencias que surgen entre ambas naciones, diferencias históricas y culturales. Con los colombianos sentimos empatía, porque territorialmente están un poco más alejados y no nos afectan entonces no nos podemos comparar, en cambio con los uruguayos sentimos simpatía porque están cerca y nos gusta compararnos y tenerles lástima, porque son chiquititos, como davides al lado de goliates que cada tanto recibe el piedrazo. Ellos nos odian, por eso nos tiran piedras.

Hoy es domingo, segundo domingo del invierno. Empiezo a escribir un texto en el que repasaré y experimentaré, para todos ustedes en vivo y en directo, el proceso por el cual durante tanto tiempo he tenido lástima de mi mismo, condicionando inconsciente e involuntariamente mi propia historia de vida, que en definitiva no es tan importante y que muy pronto será olvidada para siempre. Al fin de cuentas, otra historia sin historia.