jueves, junio 30, 2011

NYCXIII


Nunca fui bueno para el truco, porque para qué te voy a mentir. Quiero retruco significa tengo el ancho de espadas.

Ayer recorría el field de los New York Yankees y me contaban la historia de cuando en el año 34 la gente se volvió loca y saltó desde las gradas a la cancha y el match no pudo finalizar. Gente apasionada, vivían para el beisbol. Palo y pelota todo el día, tanto guante tanto guante, en la mano izquierda, y la derecha para rascarse. Fue en el período entreguerras, una época difusa, después de la crisis del 30 la gente no podía ocupar su tiempo, no sabían qué hacer. En Nueva York había 8 equipos, todos importantes pero ninguno tan importante como los Yankees. Los de la gorrita azul con la N y la Y superpuestas. Nueva York.

Jugaban una liga donde participaban algunos equipos más, de otros lados. Les llamaban los equipos de outerwhere. O entendí mal. De otros lados, de otros lugares que no son Nueva York. En esa liga estaban todas las estrellas del país, y las nuevas estrellas que llegaban del sur, vistos como monos, unos negrotes que todavía no eran considerados ídolos, no terminaban de ser aceptados, y estamos hablando de Nueva York, la sociedad más abierta e integradora del mundo entero. Un día los Yankees, por un gualicho o no sé qué, empezaron a perder inexplicablemente partidos. Todos partidos perdidos. El año anterior habían salido campeones de todo, eran los mejores del planeta, un equipo indiscutido. Algo sucedió en el centro de ese equipo, porque sin variación de nombres fueron los mismos que empezaron a perder y perder partidos que eran fáciles de ganar. El mejor equipo del mundo de repente estaba en crisis, en el centro de la escena. Había sido casualidad acaso la manera en que habían ganado antes? No, era indiscutido, eran los campeones más grandes de todos, con mayor cantidad de puntos, con una cotización por jugador mayor que cualquier otro equipo (cada jugador valía lo que 1 equipo de los otros aproximadamente).

Todos creyeron en la teoría del gualicho. Recurrimos al misterio para explicar lo inexplicable. El caso es que al final del año el equipo que había salido campeón y que había ido a todas las canchas con la soberbia del campeón tuvo que aprender su última y más dolorosa lección: el sabor de la derrota. Bebieron, digamos, de su propia medicina. Ese jarabe espantoso. Ese año los NY Yankees se irían al descenso si no hubiera sido gracias a la pasión de la gente, que rompe vidrieras, que mata. Solo la pasión puede contra el gualicho. El gualicho es malo, la pasión no es mejor, la pasión te pìnta la pared, la pasión te deja embarazada.

El día en que los Yankees se iban a la B un grupo de 30 personas se metió en la cancha, y detrás de ellos fueron miles, tomaron las lineas de la cancha y las levantaron hasta hacer caer un zeppelin que por allí pasaba. Y los montículos de los lanzadores fueron transportados hasta la playa más cercana, y los autos estacionados fuera del estadio sufrieron roturas de vidrios, y las calles de la ciudad se vieron abarrotadas de gente y todo el país se combulsionó al sonido de una sirena. Era el anticipo de la segunda guerra mundial. Los jugadores tomaron cada uno un bate de beisbol y empezaron a pegarse con los contrarios, y con la gente. No hubo derramamiento de sangre: todo se tiñó de rojo, directamente. En los boliches la gente pedía campari y sangraban un tango de tristeza: los yankees en la b, inimaginable.

Entonces toda la turbamulta, juntos, como en un cántico privado de sentido y lleno de razón, se dirigieron a la casa central de la LBNF que es algo como liga de besibol nacional y federal, y después de agarrar todos los registros de los partidos y sus copias, y de destruir todas las ventanas y rajar al presidente (que no hizo la gran allende, aunque podría haberlo hecho, aunque en ese caso lo hubiera hecho antes de que allende que lo hizo en el 70 y en ese caso hubiera sido el precursor de allende y por lo tanto no se llamaría la gran allende sino la gran Murdok que tal era el nombre del presidente, aunque quedan dudas de que allende haya hecho la gran allende porque parece que lo mataron los hijos de puta y no se suicidó, pero la gran allende consistiría en no abandonar el barco, y no pegarse el tiro como el capitan del titanic), y después de incendiar todo, no quedaron constancias de que los yankees se fueran a la b.

Entonces tomaron la liga y la desarmaron, 8 tipos. Se pusieron de acuerdo y dijeron basta de as y bes. Bastas de antagonías y clásicos. Basta de Chicago y Filadelfia. Vamos a hacer una liga única.

Querían reflotar el modo de organizar la liga privilegiando, obvia razón, a Nueva York y sus 8 equipos y a los Yankees en particular, que a todo esto tenía un equipo cotizadísimo internado en un hospital de emergencias. Y saben lo que pasó? Vino un general, John Sunday Perkins, y dijo: se acabó el boliche, todos a la guerra. Viva Perkins. No, dijo Perkins, vamos a organizar una liga para todos, porque a mi me gustan las cosas que son para todos y no para pocos. Y entonces hizo una liga única, sin as ni bes, con 40 equipos que jugarían todos con tra to dos. Todos contratados.

Y el último no se iría a la B para evitar los sufrimientos de un grupo social. Y el campeón festejaría como un campeón que gana una copa y no como si fuera la felicidad más grande del universo y los demás son todos putos o maricas. El festejo loco duraría una noche, y en privado y más tranquilos una semana. Después a laburar. Y los que pierden se van a su casa de vacaciones y en paz. Y los equipos, uno por ciudad. A lo sumo, una ciudad grande, como Nueva York, le dejan dos equipos pero que estén en barrios diferentes y lejanos unos de otros. Como considerando dos ciudades.

Se acabó la historia de las pasiones gracias a Perkins. La gente ya no se agarraba a las trompadas, ya no había buenos y malos. Ya quedaba solamente la gloria y la derrota, pero todos sabían el costo de la violencia, y nadie jugaba su pellejo por los colores y por el corazón y las cagadas esas. El equipo pasaba a ser de todos.

Qué linda historia. Me gustan las revoluciones. Me gusta que en las revoluciones siempre haya un cabecilla que tenga las ideas más o menos claras, que todos las tienen pero a uno les toca decirlas.

Lástima que en mi país esté lleno de periodistas deportivos, esto sería imposible. Habría que arrojarlos a todos directamente al inodoro.

Por cierto, hay unos inodoros super nuevos, revolucionarios, siguiendo con al temática de la revolución. La tecnología no tiene límites. Estos dispositivos van a estar llegando a argentina dentro de 5 o 6 años, como todo lo que se hace en Nueva York. No entienden nada. Apenas lleguen me cambio el baño. Es la misma tecnología de punta, voy a ver si me puedo llevar uno de acá, porque son sorprendentes. Y pensar que en la época de los abuelos o bisabuelos nuestros, cagaban en un agujerito que iba a parar a un lugar donde estaba lleno de mierda toda mezclada, y no se podía ni saber qué era exactamente lo que uno había dejado ir. La llegada del inodoro y del baño privado posibilitaron no solo estar más cómodos y poder enterarse mejor de lo que cagaba uno sino que además le daba un plus de higiene a todo (era la época de los higienistas y sí, inventaron por fin algo tan copado para la sociedad como la higiene, no? algo que te mantiene como más limpito... por cierto, cuánto hace que no te cambias el calzón?) (es un chiste que le hacía mi vieja a mi hermana, que era más limpia, se cambiaba 3 veces por día de calzón hasta que un día mi vieja se cansó de lavar) (por cierto, no tiene nada de malo estar 2 días con el mismo calzón, se los digo).

Bueno, estos inodoros nuevos son geniales. No solo tienen radio, fuente, telecomunicación, todas esas cosas que ya inventaron para los inodoros de hace una década atrás que nunca llegaron al mercado popular (y sí, fuente con chorros de colores que bailan al compás de una música que suele ser de disney, el monopolio en algún punto siempre aparece). Y no, no tienen teletransportación, perejiles, qué se creen. Eso todavía no lo inventan o si lo inventaron no te lo van a decir. Bueno, tienen un aparatito que te hace los análisis. Creelo. Inmediatamente vos cagas y te dice si estás bien de salud, si qué comiste que te hizo mal, si tenés que aflojarle al cerdo o a las pastas. La tabla... La tabla! señora, la tabla tiene balanza, te saca el peso. Es genial. Se acabaron los bioquímicos, lo lamento tanto. Dicen que la próxima generación vendrá con el coso que te hace ecografía, para embarazadas... qué lindo poder estar con su bebé todos los días hasta el nacimiento, y ver cómo va creciendo. Sí, más de uno dirá para qué si después no lo va a soportar más a la criatura. Pero bueno, habrá gente a la que sí, que le puede pasar que le guste.

Bueno, eso.

NYCXI

Tengo una bateriita en la cabeza. Es una canción que escuché hace mucho tiempo y por una cuestión de traslados y reemplazos me reapareció en la mente esta mañana. Nada que ver! Yo que estoy in the square, que esta misma tarde me voy a recorrer el Bronx, la bronquitis de Neva York, nada que ver.

Peluca telefónica, con charly, aznar (siempre va a ser aznar, never peter), spinetta, calamaro, fito. El dream team de la música argentina. El sueño que yo soñé la realidad la realidad... ado ado ado.

Mollo en la batería. Mollo toca todo. Siempre tocando con sumo, con divididos, con charly. Siempre en todos lados. Lo mismo que el burrito martinez... Ja, qué lapsus, el burrito martinez es un jugador de fútbol, nada que ver. Le dirán burrito por...? no, qué tristeza, que te digan burrito porque te parecés al burrito ortega, o porque venís del mismo lugar que el burrito ortega, o porque jugás igual, o porque tu ídolo es... Bueno, Diego siempre fue mi ídolo pero le decían maradona a otro salame que jugaba re bien, pero terminó drogado por ahi, porque los chicos que van a ser jugadores de fútbol, o llegan o terminan drogados por ahi.

No son como los músicos, como mollo, que toca de todo y se adapta a todas las situaciones. En cambio Fito paez, bueno, lo tienen que acompañar al pobre porque si bien es un gran poeta y compositor, como músico, pobrecito... eso porque no pudo ejercitar las destrezas, se confió demasiado. Era chico y tuvo mucho éxito de repente, la rompió. Se creyó que ya sabía todo y no necesitaba saber más nada. Él mismo dijo, hazte fama... y se hizo un siestón que ya lleva casi quince años... Yéigera yéigera. Yo te amé en nicaragua.

Esa canción estaba buena, pero después fue todo buenos aires buenos aires, y esa fascinación por los cien barrios porteños. Pobre, no conoció capaz, Nueva York. Acá los músicos tocan todas las nochs, y las noches que no tocan van a escuchar a otros músicos. Y no entienden nada de deportes, porque no se cruzan: los deportistas van por un lado y los músicos por otro. Como si tomaran dos subtes diferentes, la gente que va a los diferentes lugares tampoco se cruzan. Los fanáticos del deporte (acá es beisbol o basketbol o maratón o pool o bowling o pokerstars o futbol americano los menos) toman la linea EE sunstar, los amantes de la música se toman la R24 que va directo a un submundo antro donde hay un boliche al lado de otro (todos son del mismo dueño) que es como un pequeño mercado o feria de artesanos pero compuestos arquitectónicamente por bares y barcitos y en todos ellos adentro hay músicos tocando canciones de jazz, covers de charly garcía, canciones de bob dylan. En uno toca todas las noches edgar alan pauls auster, un conjunto que acaba de formar un escritor conocido junto a tom waits the orquestman, o será orchestman, y así sucesivamente, música electrónica para las chicas atrevidas, raperos bonitos, allí se cansa de ir todas las noches prince a ver y escuchar músicos, ahi van keth jarret, glen miller (no ese iba, tiene una silla vacía en homenaje), bruce springteen, woody allen, robert downey junior, los hijos de gandhi. Y ahi, en ese lugar, Nueva York es una fiesta.

Y otra fiesta es en los carnavales de los deportes, en donde van todos vestidos de los deportes que más prefieren y terminan intercambiando camisetas de deporte a deporte, eso es en otro lugar llamado sportpark, que queda cerca de un lugar donde siempre va todo Nueva York a correr porque tiene una pista de 200 kilómetros en círculo para estar al 100% físicamente.

Ellos piensan en todo. Y se fascinan por casi todo. Algunos se fascinan por la música, como por todo lo que entra por los oídos, todo lo que suena y resuena. Les gusta escuchar, tienen un clítoris en el campanario del oído. Los demás gozan por la mirada, fetichistas. Miran películas, miran porno, miran las formas y gozan, miran deportes, demostraciones de fuerza y destreza, van a los cabarets a ver los cuerpos desnudos, pasan y miran.

Muy pocos tocan. Tocan los cuerpos, tocan la música. Afortunados los que tocan todo. Son los menos. De ellos será el reino de los toquetones.

Nueva York y sus ofertas, ya no sé cuál me gusta más...

NYCXII

Desde el fulgor de las autopistas, recién ahora la 66 recupera todo su esplendor. Muchas canciones tuvieron que pasar, muchas versiones de papo en español. Las autopistas las inventó Hitler, escuhé por algún rincón en el país de la libertad, donde proliferan los neonazis pero le cambian el nombre, porque tienen fanatismo por el cine de hollywood desde donde se condenó la figura del nazi. "Son tan nazis como los nazis" me decía una amiga, hace mucho tiempo. Yo le creí, pero me vine a ver qué onda. Bueno, Nueva York no, es como una ciudad de otro planeta. Acá las cosas son diferentes. Pero me hice esta escapadita hasta la rut 66 para ver si verdaderamente iba por saint luis, si abajo estaba efectivamente misuri, y si la ciudad de oklahoma es tan samelonadi ok.

Sí, siempre tuvimos problemitas con la papa de papo. Qué dice esa parte de la canción es una incognita que nunca quisimos resolver, al punto de que una vez la busqué, traicionando mis convicciones, en el google. Pero nunca pude memorizar qué era lo que decía exactamente, porque siempre fue para nosotros samelonadi ok.

Andarás bien por la 66, prometió. Yo me hice unos kilómetros como para cumplir pero ya me quiero volver a Nueva York, en donde la gente es más copada y sale el sol. Acá hace calor al pedo. En la 66.

La ruta del demonio, dirán, el diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo. Cristo tenía 33, el diablo 66. Te das cuenta. Y allá tenemos una 33, que todavía no se entera, porque no le llega la noticia todavía. Es la ruta más pedorra del mundo, toda transitada como si fuera una indignidad. 33 de tercer mundo, hace rato que viene pidiendo autopistas. Y va sumando muertos, día a día. Si vendieran como chatarra todos los vehículos que quedaron insevibles luego de accidentes en la ruta 33, se conseguiría tanto dinero como para hace una autopista de rosario a rufino. Con la madera de los cajones de los muertos que tiene la 33 se podría incluso hacer de parqué el piso de la autopista.. Y ya habría una cantidad de personas dispuestas a encerarles los kilómetros, como si fueran el living de la casa.

Pero claro, es voluntad política.

Se joden. La 66 tiene más mística y más seguridad. Eso por querer hacerse los cristianos, le ponen 33. Por davor.

NYCX

¿Portaligas? Me muero de risa. Victoria secreta, cómo no se me ocurrió antes. Qué delirante.

Lo de ayer, lamentable. Porque me obligué a anotar todo lo que me pasa en el viaje ayer me puse a hacerlo con la mano todavía afiebrada, y anoté cualquier cosa. Ahora releo, es increible, todavía no puedo parar de reirme. Lasi, como si fuera un nombre. Qué ganas de escribir mentiras, todo eso de la puta que se equivoca de habitación, tito, eso no pasa ni en la pelis... Tantas ganas de ponerla tenía.

Resulta que ayer estuve toda la mañana en cama con 40 de fiebre. No sé, habré comido algo que me hizo realmente mal, o a lo mejor es una de las contraindicaciones de la libertad. La cosa es que cuando me bajó la fiebre estaba todo transpirado, y deshidratado. Me tomé dos jugos de naranja y dos litros de agua. Inmediatamente escribí algo como para cumplir con mi libretita (una moleskine hermosa). No sé ni lo que escribí, y recién hoy lo leo. Y no es que sufriera un estado de delirio, no. Había delirado a las 10 de la mañana. Pero ya a esa hora no. Venir a Nueva York a enfermarse... Pero se ve que mi mano quedó calentita.

Bueno, por lo menos todavía tengo imaginación.

Se largó el triatlón de Nueva York. Y me pasó por encima. Justo estaba haciendo anotaciones cuando se empezaron a caer del techo pedacitos de pintura y en la calle un mundo de gente con camisetas amarillas corría con rumbo definido. Siempre quise ser la gente que les alcanza el vasito de agua al maratonista, ese choque los cinco con chispas de lluvia. Qué les darán? gatorei? jugo de naranja? lemonei? cocacolei? wota wota

La calle por la que van se llama roosevelt, que es como decir san martín. Tengo que escribir nota de lo que pienso sobre san martín, era realmente santo? O habrá hecho maniobras sucias para llegar a ser un patriota?

tengo que correr. me llaman de la recepción del hotel porque me quieren cobrar por un vidrio roto. A lo mejor fui yo durante la fiebre, no me puedo hacer cargo, diré que me envenenaron ellos mismos.

la nota de hoy seguirá más adelante...

NYCIX

Marea baja.

Planeaba empezar un día a todo vapor sobre todo después de lo que me pasó ayer, algo super loco, super auspicioso. Pero no, en cambio vino el aire fresco de la madrugada, yo con la ventana abierta y ahora ando moqueando. Hoy tengo tareas para hacer, tengo que caminar por Brooklin antes que brooklin me camine a mí. Corrección señores del jurado, Brooklyn lleva y. Con B de Brook con K de Klyn, con Y de yes, con N de Nou, con OO de uole.

Estoy perdido porque el mundo me hizo así, no puedo cambiar. Ayer una camarera del hotel llamó a la puerta, preguntó si se podía llevar todas las cosas del room service. Por supuesto contesté yo, pero casi te diría que no tengo más que este vaso de agua, lo cual era cierto. Me pidió pasar para chequear que la luz del baño estuviera funcionando bien. La dejé entrar y pidió permiso para limpiar un poco el espejo de la habitación ya que lo encontraba sucio y era su función la supervisión de la limpieza del hotel. A mi me pareció extraño, un poco, que supervisaran la limpieza a las 9 de la noche. La señorita se puso de espaldas mientras yo continuaba mirando el juego de baloncesto. Algo me llamó la atención porque 5 minutos después seguía allí, había alzado sus faldas y llevaba unos portaligas negros muy atractivos. Me miraba de reojo y hacía como que limpiaba el espejo. Yo me acerqué para ayudarle y ella me pidió disculpas. Ella hizo como que se le caía algo y se amarró a mi cintura de repente.

Si era una prosti la verdad que fue divertido, pero lo más probable es que se haya equivocado de habitación. Le dije, cuando todavía yacía en pelotas habiendo descubierto mi equipo extralarge y mi lamentable capacidad de acción indefinida, algo que solo me a reportado sufrimientos por años y por lo que las más variadas novias me han abandonado, si no se habría equivocado de habitación. Ella, en perfecto español, me decía, qué, no te gusto papito, pasemos toda la noche. Le dije rápidamente que esta era la habitación 432, su cara cambió. Dijo que efectivamente se había equivocado de habitación, que 342 era a donde tendría que haber ido.

La ayude a cambiarse porque seguramente un cliente la estaría esperando por horas, ya eran como las 11. No te voy a cobrar, me dijo mientras se ponía el portaligas nuevamente. Le dije que gracias, que cuando quisiera podríamos tomar un té y conversar sobre lo sucedido, algo que jamás hubiera buscado. Sin embago supe que algo en el aire nos atraía el uno al otro. Algo que nos enamoraba.

Cuando le abrí la puerta nos trenzamos nuevamente en una nueva sesión porno. Esas cosas pasan en las películas, siempre pensé. Lo único que falta es que ahora caiga una rubiona y esto sea un trío. Perfecto, esas cosas solo pasan en las películas.

Creo que debe haber sido eso lo que me dejó en este estado catatónico. Ahora solo pienso en lo gris que se ve todo en Nueva York y tengo que ir a hacer unas compras para un amigo que me encargó que le llevara un producto que solo se consigue por acá, en Brooklyn. Y luego voy a ir a... no, no es un día como para ir a un musical de Broadway. Voy a aprovechar, ya que tenía contemplada la posibilidad de una borrachera para el viaje, quizás lo haga en algún bareto de por ahi, o por qué no en algún jazz club, de donde después me echen por borracho.

Efectivamente, descubro con estupor que se alzó con mis calzoncillos. La muy trola. Y me dejó, qué dulce, estoy delirando, sus braguitas... Bombacha negra, trola del orto. Para qué quiero yo ahora una bombacha. Será la señal de que la pasó bien, o se habrá enamorado. Y mirá si me enamorara yo de una puta. Bueno, quizás me transforme en un Rocco Sifredi, y ahi que me empiecen a pasar cosas de películas. No, no vine a eso a Nueva York ni quiero eso de mi vida. Yo estudié para manager de administración, qué es eso de andar buscando dinero en el hampa.

Efectivamente, descubro con estupor, mientras contemplo la vidriera de Victoria secreta, que las braguitas que me dejó son las mismas que tiene el manikin modelo, son negras, con encaje. Me detuve quizás para reinterpretar a la luz de la objetividad de la vidriera los sucesos de la noche anterior. Solo que las braguitas Lasi (se llamaba Lasi, qué mina se puede en el mundo llamar Lasi) no tenían la marca Victoria secreta. En el primer mundo también existen las saladas y las copias truchas. Descubro con estupor.

Efectivamente, descubro con estupor mientras entro a Talas, el boliche al que me manda mi amigo en Brooklin, que me faltan aproximadamente tres billetes de 100 dólares. Alguien está a punto de morir, y puede ser cualquier e incluso yo.

Efectivamente, descubro con estupor, respirando apenas aliviado que uno de los tres billetes apareció, lo tenía en mi bolsillo. Tuve la precaución antes de salir de EZE de llevar una cantidad suficiente de billetes como para pasarmelo de fiesta, pero sobre todo controlado. Entonces pedí billetes de numeración corrida, así iría gastando ordenadamente y cotejando mis gastos para saber cuánto llevo y eso. Ahora me faltan dos billetes intermedios.

Lasi, lasiva, la siempre lista, lasi. Lasi, Elizabeth, la trola del jeque, Elisa. Me dijo medicenlasiperomiverdaderonombrees elizabeth. Beth, Bath. Baño turco. Lisa, Lasi. Lais, las papas fritas. Laisy. Mexicana. Mexicana vagoneta, se cobró el polvo.

Día de mierda. Se va todo a cagar. Me voy con mis matecitos a otro barrio.

NYCVIII


Qué dificil es alcanzar la libertad. Si se tratara solo de una estatua, bueno, diría que es aun más complicado porque por lo general se trata de un objeto único en el mundo, y sí, la he alcanzado porque ella está aquí, en mi ciudad favorita, Nueva York. La libertad se inventó en Francia, en un momento en el que había que hacer pasaje entre la edad moderna y la contemporanea, y después la trajeron a estados unidos, más precisamente a Nueva York como un regalo que le hicieron los parisinos a los neoyorkinos. Pero para trasladarla a la libertad hubo que desarmarla toda y volver a armarla tal cual era, acá. Y así fue que los franceses se quedaron con la igualdad porque a la fraternidad ya nos la habían regalado a nosotros los argentinos, cuando pusimos las vías del tren. Los egipcios que la miran por tv no les regalaron las pirámides a nadie, por eso se llevan mal con todo el mundo, sobre todo con los que aprecian la libertad.

La libertad no está en pelotas, para los que piensan que se es libre andando en bolas en un bosque en una montaña cerca del mar. No, está vestida más bien con un tul, que le cuelga de un hombro y le cubre hasta los pies. Como es una mina linda está modelada como una modelo, pero como está tapada no te das cuenta, pero si vas por dentro por las escalinatas, como tuve la posibilidad de comprobar, tiene tetas más bien grandes. Sangre de tipo A factor rh positivo. Porque en el mundo somos más. Por eso la libertad me puede donar sangre a mi, que soy de su misma especie. Y yo puedo donarle a ella.

Trepé por esas escaleras hasta la corona, hasta la coronilla, y pude apreciar lo que es la ciudad de Nueva York, una ciudad que te ofrece un montón de cosas. Por ejemplo un café de starbaks, que me pedí antes de subir los trescientosmil escalones, y era para tomarmelo allá, mientras apreciaba la vista del río cramer. o turner, no me acuerdo ahora cómo se llama. Pero ya estaba frío el café, el río ni idea porque no me metí, aunque hacía calorcito. Me lo tomé igual, al café, porque el agua de este río no me da mucha confianza ya que uno está acostumbrado a que los residuos de la ciudad siempre vayan al río, pero no, en nueva york todo va al mar, porque son más precabidos.

Qué enorme la ciudad. La veo y no la creo. Tengo que recorrerla toda, lo más posible.

Bajé al embarcadero, porque para el que no sabe, la libertad está en una islita para ella sola, para que sea más difícil de alcanzar. Ahi por las noches no queda nadie, la libertad se queda sola. Por esas cosas nomás vale más la fraternidad.

Decía, en el embarcadero, mientras esperaba el lanchoncito, vi una luz verde que titilaba, a lo lejos. Pensaba en los aviones, que siempre van titilando por los aires, y que claro, los yanquis que inventaron los aviones los estacionaban ahi, sobre el agua, del otro lado del río. Siempre que veo titilar algo, aviones o estrella o lo que sea que titile, pienso que puede ser un ovni, que ellos llaman UFO. Pero también UFO son mis jeans. Que tienen banderita norteamericana. Dónde se comprará un pantalón que tenga banderita argentina? pensaba. Se lo tengo que preguntar a Daniel.

Así que me fui derecho al local de mi amigo el que vende productos argentinos, esperando que se acordara de mi. Además me venía al pelo porque necesitaba comprar yerba mate, que ya no tenía más, y el café me empezaba a asquear.

Y Dani no estaba, pero sí estaba su novia. Un loquita que no sabía una goma de español, se hacía la interesada por la cultura argentina, estaba tomando un mate lavado, apoyada contra el mostrador, con la desidia del que tiene el boliche vacío durante horas (porque todos deben ir a comprar cuando está dani). Tenía puesta una pollera como de colegiala de colegio privado, tableada, pero la chica no parecía recién salida de la escuela, es más, aparentaba los treita años pasaditos. Y lo peor, lo que más impresión me dió, alternaba el mate con un chupetín de fresa. De fresa dijo ella, de frutiila pelotuda, le advertí. Nos pusimos a charlar porque ya no tenía esperanzas de charlar con nadie más y necesitaba concentrar fuerzas porque la noche fue terrible, no pude dormir, y me estaba guardando para una buena buena dormida recuperativa.

Si querés ser una verdadera argentina, le dije en inglés, no podés usar ciertas palabras, tenés que hablar bien. Frutilla, para empezar. Ella se reía, comenzaba a caerme simpática, si no fuera porque todavía no entendía cómo se había hecho un tatuaje que iba desde el centro de las tetas (visibles a todo esto), hasta, según dijo, la entrepierna. Es que estoy aprendiendo de Dani, me dijo en un castellano muy trabado todavía, pero con intenciones. Yo le advertí que dentro de lo argentino hay disputas de cómo decirle a una cosa, como por ejemplo color rojo o colorado. Hay una intención elitista en ese tipo de intervenciones, advertí. Manuel Puig se reía de eso, me dijo. Yo le digo quién es manuel puig. Y ella El que escribió el musical the kiss of the spider wobar, era argento. Te estás equivocando nuevamente niñita, seguro que era catalán. Y se pronuncia Puch, yo mismo, le digo, tengo apellido puch entre mis antepasados, y tengo sangre catalana. Pero mucho no lo digo porque después salió una marca de lavandina la catalana y me daba vergüenza. Pero no ahora, porque visca catalunya, ya somos casi independientes.

No sé por qué me tomó de sorpresa mi propio rapto de orgullo ancestral. No era posible. Nunca me había dado algo así pero debe haber sido el hecho de estar lejos de casa, en Nueva York.

Ella, muy graciosa, se bajó el bretel mostrando el hombro y comenzó a contarme la historia de sus ancestros y su relación con Argentina. Mi abuela siempre me cocinaba milanesas con puré, comenzó. En su juventud había sido amiga de Mirta Legrand, dijo por su abuela, y había sido muy famosa ella también, quizás aun más que mirta ya que se trataba de una fama estadounidense.

Se trataba de la auténtica y verdadera Ms robinson... No podía creerlo, comencé a tararear la canción de simon y garfunkel como si fuera la banda sonora de mi visita a los estados unidos. Sí, nananana misis robinson. chuber indeguay iu as tu lum...

La abracé y me dijo epa, hola soy Jacinta, la novia americana de Dani. Lo dijo en español muy cruzaco con el acento inglés, excepto la parte de Jacinta. Yo le dije y cómo te puedes llamar Jacinta, un apellido tan nacional, se lo dije en inglés pero me refería, claramente a la nacionalidad argentina, y se lo dije señalando una bandera argentina que colgaba en el techo como un adorno autorreferencial.

Jacinta se llamó mi abuela, y Jacinta me llamo yo. Dijo, moviendo sus manos como poniendo al horno las milanesas con puré que le cocinaba la ex amiga de la boluda de Mirta. Y digo boluda con todo respeto, pero ser amiga de la verdaderea misis robinson y dejarla pasar así, no verla venir.

Mi abuela, autobombeó nuevamente, habría venido a Nueva York y no tuvo otra que quedarse, eso fue cuando vino a visitar a su propia madre, que era americana, durante el peronismo. La madre a que no sabés quién era.

No lo pude creer.

Gardel, en su estadía en Nueva York inventó una canción (estaría inventada la libertad ya), porno soft para la época, dedicada a unas chichis que le tiraban onda. Nueva York era una fiesta y Carlitos tenía orgía. Betty Peggy Mary and July, rubias de New York, aquellas deliciosas criaturas perfumadas...

Volví a ver aquel video apenas pude entrar en el youtube. Qué onda tiene Gardel, moviendo sus manitos al compás, expresando toda su gratitud hacia las chirusitas que no entienden ni jota del besito que les pide, bailando pero sientiéndose ellas incómodas porque era un foxtrot pero tocado medio raro, como por argentinos.

Qué época Pascual, pensaba, qué época. Cada día canta mejor...

NYCVII


No consigo atravesar el umbral del deseado sueño. Pienso en una canción y se me mezcla con otra. De cole porter.

Blasfemo contra dios y maría santísima, en este mismo instante que no puedo conciliar, de verdad, el sueño. Dos veces lo he intentado seriamente. Otras ocho veces he fallado en lo que va de la noche y temo que no habrá ya noche.

Me entretengo mirando un album fotográfico que encuentro, al azar.

Curioso el caso de los álbumes de fotos. Dos maneras de mirar: una es básica, como cuando miro la foto de una modelo en suave lencería, y mi mirada es atraida por detalles como curvas, poses, rápido movimiento de cintura, una mirada, el vuelo de un peinado. Como la foto de Marilyn, tan rubia pero tan sexy. Ponele que la imagen icónica del che guevara consigue una admiración parecida, entera, la boina, la estrella, la barba, la mirada perdida en la nada como el hombre dirigente.

Otra manera de mirar es cuando uno se busca a sí mismo en la foto. Ese deporte, vamos chicos, lo practicamos todos. Es la manifestación secreta y oportuna del ego, mirá con qué cara de tarado vine a dar en este casamiento. Che, cuando bailo siempre me sale el chivo levantado. Y ahi están las fotos en las que estamos, y junto a ellas el millón de fotos en las que no estamos que pasan rápido, veloz, fugaz como el vuelo de la pollera de marylin.

No podemos ver de otra manera. Es inutil intentar mirar de las dos maneras a la vez, una por vez ya es demasiado.

Pero hay algo peor, y es no poder dormir. Se ríe de mi la ciudad que nunca duerme. Hace calor a esta hora ya, promete ser un día agobiante. Y tengo estatua de la libertad hoy. A qué hora la abrirán para poder subir hasta la capocha?

Nube negra a la derecha. Miro por la ventana, hace rato que es de día y son recién las 7 de la mañana. Voy a dejar en paz las fotos y me adentraré en el desayunador, ya que no hay manera de que hoy, a esta altura, mister sandman se acuerde de mi. Y saldré hacia la libertad, a subir las escaleritas...

NJI


Digno de contarse: hoy salí a la vereda del hotel con el mate preparado y todas las ganas de vivir una nueva aventura. Me acompañaban el clima, las ganas de vivir, la foto de marilyn monroe agarrándose las faldas ventiladas. En qué lugar de Nueva York se habrá sacado la foto, me preguntaba. Qué cóncavo convexo habrá imaginado que una diva sea inmortalizada junto a la figura del vientito. Su vestido blanco, anotaba blando, emula la cruz roja en la gorra del che guevara. Símbolos, si los hubiera, de una civilización que traspasa una época, como pasar de la edad moderna a la contemporánea. Qué interlocutor, pensaba, se dignaría en este tipo de conversaciones a desdecirme.

No, la lucidez en el día de la fecha es solo mía. Cinco de junio de mil novescientos ochenta y dos. Miento con la fecha porque me parece poético. Repito, la lucidez es solo mía hoy. Te humilla.

Luz, lucidez. Nube aceptada, se fue la lluvia pero un cumulus limbus acompaña la llegada del amarillo ser que detengo con el saludo fascista. Esa metáfora se la robé a alguien y ya no recuerdo a quién.

Señor taximetrero, le digo, lleveme donde los hombre necesiten tus palabras necesiten tus ganas de vivir, aleluya. Es el recuerdo de un cántico de mi pasado paso por alguna religión que usa el aleluya. Alelulla, pienso en shrek. Al el uja. No le digo eso esatamente. Le digo al subir a su carroza color banana al punto: Tu de liberty!

Qué emoción, por fin subir a esa cabeza pinchuda traida de Paris, dato que ninguna Paris Hilton debería ignorar.

That is like expensive, retruca el colaborador chofero. Would be, hubiera dicho yo, en mi perfectísimo inglés que los nativos no pueden calcular.

Nou Nou, tu de statiu. Stadium? no Statiu of liberty.

El coche tomó una dirección inusitada. En realidad no me había estudiado el mapa esta mañana justo justo, pero lo pude repasar hoy luego del loco viaje que me tocó, y ya no me harán más estos trikebalakes de llevarme a cualquier lado. Pensé, con optimismo, que a pesar de parecer que nos alejábamos de la estatua de la libertad, el tipo conocería otra manera de llegar, más accesible, más rápida. Solo los buenos taxistas saben el modo de garchar las avenidas transformándolas en autopistas.

No le rompí la cara al hijo de puta porque soy anti violento. Me cobró lo mismo de cualquier manera, cuando se dio cuenta que efectivamente había equivocado la dirección. Bueno, según él yo no me hice entender. Me dejó en la parada de la terminal C de Newark Liberty Airport. No quise conversación, me bajé y me tomé unos matecitos viendo cómo partían los aviones hacia cualquier lado.

Pues sí, conocí New Jersey, la ciudad de al lado de Nueva York. Son como la misma ciudad, una pegada a la otra. Pero ahi vive la gente que se dedica a no llegar nunca a Nueva York, son los que siempre están a un pasito, ahi cerquita, pero never in the center of the world.

New jersey. Qué tristeza más amarga. No había una canción para New Jersey como para New York. No hubo jamás un Frank Sinatra para tan triste destino del universo.

Pero me encantó. Algún día iba a tener que ir. Y sumo un puntito más en el concurso de ciudades del mundo que conozco. Patié dos o tres cuadras, por no decir otra vez el chiste, seis, siete...

Una señora de alta edad me habló. Yo respondí con desdén. Los chicos jugaban en la vereda. Pasaron los bomberos. Un grupo de vagos envidiaban mi mate.

Tomé un bus, luego un tren, luego un flash, luego un rock, luego un fire. Faia! Canté todo el viaje la canción de los doors, inspirado por una chica prosti que le pedía fuego a un cliente que se le paró a preguntar Jau mach.

3 a 1 salieron en el match de las cinco, campeones dallas mavericks en el de las once de la noche.

Si me llego a poder dormir mañana voy a la estatua de la libertad. Iré en tren, no en avión. Esta gente no quiere comunicarse conmigo, si no me ubicare pasare por lo del Dani, mi amigo argentino, y preguntare qué tren me deja en la estatura de la libertad.

Freedom. Nunca me sentí tan libre como hoy, siento que vuelo en alfombra mágica de mil colores con el solo hecho de estar pisando esta ciudad. Me refiero a Nueva York, que Nueva Jersey es una porquería al lado de esta.

Bueno, vuelvo al sobre. Sobre, llamar a casa para avisar que estoy bien. Anoto.

NYCVI


Es amor. Nueva York y yo. No puedo sentirme más emocionado en cada street que cruzo. Venía por 5th aveniu caminando cuando vi unas librerías, y unos cines. No puede ser más parecido a calle corrientes en buenos aires, estremecedora comparación que me llena de orgullo. Qué ciudad maravillosa, la gente te sonría en la boca de los subtes. Todas las ciudades del mundo deberían ser como Nueva York, en donde aun cuando llueve la gente es feliz, donde hasta el más pobre tiene fe en dios. Qué bueno haber llegado hasta Nueva York, en donde siento que mi piel camina, por fin, junto a mi cuerpo.

Es un espectáculo, deberían verlo todos los seres humanos del planeta. Y las luces, cuando anochece, deberían verlas todos los de este planeta y los extraterrestres que sobrevuelan el resto del cielo del universo.

Qué ciudad hermosa. El asfalto está hecho con otro tipo de material, pareciera.

Bueno, no pude ir todavía a la estatua de la libertad, el tiempo no acompañaba del todo y preferí aventurarme por ciertas callecitas que se esconden entre las arterias principales. Caminé dos, tres horas, sin parar, pero a un ritmo de paseador, observando, respirando el aire neoyorkino, saludando a las empleadas de los cofishop, comiendo un burguer king. LLegué hasta el parque central, pensé en rosario central. El clima no acompañaba como para entrar al parque, no quería recordar todas esas películas que lo muestran todo mojado después de un día de lluvia. Digo, prefiero esperar a que esté mejor el clima para aprovechar al máximo mi estadía. Entonces seguí caminando.

En una de las esquinas más escondidas del arraval se abre una galería de esas abandonadas pero no tanto. Un pequeño shoping center de la década del 30, pongamosle. Una luz me hacía señas, me llamaba, era como un colorido logo alguna vez reconocido en mi vida pasada, en la vida pasada a antes de morir en el avión, o sea, la semana pasada.

Me mandé como dios manda, y me encontré como dios encuentra, sí, no lo podía creer, era un negocio argentino en medio de la gran manzana... Mi alegría no podría haber sido mayor. Entré inmediatamente...

Y ahi, entre titas, rodhesias y jugo tang, bailé una vieja canción de los fabulosos cadillacs que sonaba. Por fin, dije, no voy a tener que hablar inglés después de tanto tiempo. Efectivamente el muchacho que atendía era argentino y hablaba perfecto español. Adivinen como quién!! Sí! como yo.

No lo podía creer doblemente. Me compré unos chocolatines ahi nomás y charlamos de algunas noticias que habían llegado a través del clarín. Me comentó, porque la verdad es que yo no sabía nada, tal era mi desconexión por el vuelo, la llegada, el hotel y toda la milonga. Está todo cada vez peor, dijo, dentro de poco van a venirse todos a vivir acá, a Nueva York, y mi negocio va a explotar. Qué bueno, le dije yo, hay que venirse a vivir acá, sin dudas.

Es una ciudad maravillosa, conversamos. Y fuiste a tal lugar, me sugirió. Y acabo de llegar pero si está bueno voy a ir, respondí. Y te trajiste equipo e mate, "listo" pensó. Y la verdad es que, respondí, yo nunca fui muy matero, y pensé que no lo iba a necesitar...

Qué hermoso que es tomar mates a la sombra de ese árbol que está en el central park. Nada me ha unido tanto a Nueva York como el gesto de hechar en sus raíces la yerba mojada, lavada... Nada me ha unido tanto a mi país, hay que decirlo, Argentina carajo, como tomarme un matecito, ícono si los hubiera, de la cultura y de la sangre que circula por mis venas. Casi lloro. Casi vivo perón.

No, no se puede creer. Yo con el termito comprado en el negocio de Daniel (nos hicimos recontraamigos, incluso me hizo un descuento, dijo), caminando con el matecito y la bombilla, me acerco hasta el mc donal de una esquina, poneme agua caliente, yes yes, hot hot water, for de mate, it's a kind of tea. Yo le decía, le quería explicar que era algo del argentinian folklore, no music, bueno la cosa es que me dieron el agua caliente y me mandaron a tomar mate...

y tuve que volver por lo de dani porque había olvidado comprar yerba y no se conseguía fácilmente, y de paso, ya que estaba, me compré unas don satur...

A la sombra de algo que se parecía a un ombú me cebé mi primer mate. Qué conexión con la ciudad! todavía no he aprendido a cebar bien pero ya voy aprendiendo. Solo tengo que recordar el proceso que me enseñó mi padre y que alguna muchacha de mi juventud especificó con palabras que no podría recordar. Y tomando mate, entre mate y mate, reconfirmaba mi pasión por Nueva York, la gran ciudad, the big city... La gente que pasaba me miraba extrañada... Los policías se ve que conocen el proceso porque me dejaron matear tranquilo, no debo ser el primer argentino en matear... I'm mateing estaba preparado para decirles, y convidar. claro.

Y ahora me vuelvo al hotel porque me están dando ganas de ir al ñoba...

NYCV

Ya casi me olvido de cómo había comenzado todo. Me despertó una señora, me hablaba en inglés, un inglés medio raro. Yo le dije “un momento” y reactivó su discurso con más dureza, un inglés muy veloz, que curiosamente podía entender perfectamente a pesar que hablaba muy rápido. Repetía “aorita aorita”, qué significará en inglés eso? Lo busqué en el diccionario pero no lo pude encontrar. Por lo menos entendí que tenía que limpiar.

Era el momento de conocer Nueva York. Lo supe. Desayuné algo así nomás porque en el hotel ya no nos daban nada, ni a mí ni a mi ansiedad. Y salí a caminar. Y caminé por una larga calle todo a lo largo. Y ahí descubrí lo que es vivir en la ciudad que nunca duerme, ni la siesta duerme. Eran las 3 de la tarde, dónde está la gente, me preguntaba. Seguro que trabajando, o en el casino, o en el bar tomando una chocolatada. Milk shake se llama. Fui a uno y entré y me pedí una chocolatada. Ahí me di cuenta que esta gente está todo el tiempo pensando en otro idioma. Cómo hacen?

Hablan en un código raro. E incluso ponen caras ininterpretables. Y lo peor, no entienden nada de lo que digo, o no quieren entender. Yo les digo “what street” y pareciera como que no estudiaron en la misma academia que yo. Deberíamos pasar al español, sería mucho más sencillo, para ellos y para mí.

Qué melancolía. Caminé esas calles tan deseadas, pero era todo raro. Toda la gente caminaba hacia delante como en cualquier otro lugar que ya conozca. Ahí me di cuenta que el mundo es mundo por todas partes, y que las gentes son todas más o menos parecida. Ya lo sospechaba yo, pero esta es la confirmación. Si es Nueva York es así, tiene que serlo en todos lados, incluso en el Himalaya. Esos cuerpos, todos tan seguros, tan frágiles, tan contexturizados, caminando siempre hacia delante, siempre yendo hacia un lugar, a veces intercambiando un saludo, interactuando con sus manos, con sus caderas, con el mundo, con la mesa, con la silla. Es como que de repente me hice conciente, y ya eran las cinco en ese momento. Y fue un momento memorable de mi vida, un momento que recordaré por siempre de los siempre, el momento quizás más revelador de mi vida, y lo pasé en Nueva York.

Pero no debo dejar de anotar que ayer mismo pasé un momento importante en mi vida, y eso quizás esté a la par de este momento de hoy. Me pregunto cómo pueden haber tantos momentos importantes en tan poco tiempo. Uno se pasa la vida como en estado inconciente, y de repente momentos definitivos, de esos que decís es un antes y un después, te pasan todos juntos en dos días. Quizás sea que todavía estoy conmovido con lo que pasó ayer y ahora vivo todas estas revelaciones como consecuencia.

Y fue cuando miré por la ventanilla del avión que se venía a pique. Estábamos perdiendo altura rápida e infaliblemente, era el final de nuestro vuelo y de nuestras vidas. Era de noche pero la vi, volaba al lado nuestro, sentada en la guadaña como si fuera la escoba de una bruja. Como si la guadaña fuera el porshe de la escoba de bruja que sería un peugeot 206. Cruzamos nuestras miradas y fue como que me dijo “qué te pasa gordito?, tenés miedo?”, yo inmediatamente miré a la señora de cerca de mí que venía concentrada en hablar con otro, menos mal, pero necesitaba comunicar que nos moríamos. Volví a mirar y como que me salió decirle “qué afilada que venís este año”. Me rascaba la axila cuando me guiñó el ojo y saludó, se fue para el otro lado como dándome tiempo a que hiciera algo más en esta vida… como anunciando que ya dentro de poco iba a venir por mi. El avión inmediatamente se acomodó y aterrizó y mi corazón volvió a latir con normalidad aproximadamente una hora después, en el preciso momento en que salía del baño laberíntico.

Ese momento no me lo olvidaré jamás, como este mismo momento en el que llega mi primer pedido de pollo frito.