jueves, junio 09, 2011

NYCII

Cruzamos la linea del ecuador y cantaba "te encontraré una mañana, cuando se caiga el avión y prepararás el suelo para dos". No es miedo a los aviones. Solo tengo miedo de la electricidad. Cuando era chico soñé con un fluir eléctrico, algo parecido a la electrocución, pero que no traía consecuencias. Luego supe que la electrocución traía efectivamente consecuencias nefastas, y creo que me enteré cuando fue la noticia del paracaidista que quedó enganchado en los cables de alta tensión. Y todavía en esa época no se hablaba de la silla eléctrica como algo tan terrible, porque todavía eran épocas en que la memoria de la picana estaba viva. Estaba sensible la herida. Y a los chicos nos gustaba prender y apagar la luz, seis siete ocho veces, sin parar, desenfrenados. Era la noche, la hora de dormir, el beso de la madre, la despedida, y sin embargo las ganas de seguir jugando, como en una clave morse, prendiendo, apagando la luz. Después nos enterábamos que a otros chicos los padres no les dejaban prender ni apagar la luz. Ni hablar de desenchufar un enchufe, acercarse a una toma de corriente. Nosotros ya pertenecíamos al mundo moderno, y no hacía tanto todavía que alumbraban con el fuego.

Ese es el fuego, que veo en la noche que llega, al cruza la linea del ecuador, sobrevolando el surinam. Es un inmenso fuego, quizás un campo que se quema, o una ciudad habitada por nerones. Veo un fuego porque llega la noche, sino no vería nada. Y es el mismo fuego que nos va a quemar a todos por igual, nos irá cocinando lentamente, en este horno de planeta, y nos cocinaremos al punto, estaremos mechados con ciruelas, porque a los dioses o a los comensales les gusta el agridulce. Ese es el fuego, san lorenzo, el parrillero. Pero antes de morir voy llegando a mi destino, Nueva York de los sauzales, paisano nuevayorkino en busca de los arrabales. Qué música suena en Nueva York en este momento?

Cómo será la noche en Nueva York? Será lo primero que sepa, cuando deje de sentir este frío que traigo desde casa, desde ese invierno insoportable ya, y este aire acondicionado de avión que justo me da en la cara, a contrapartida de la pantalla personal que no, justo la mía está rota y el de al lado juega backgammon con lo que me gusta jugar y no poder, porque está rota.

La noche será cálida, quizás me reciba una llovizna de verano y mi piel estará mojada, y así llegaré al hotel, al caesar palace, en el que tengo reserva, y me dormiré para recuperarme y para estar mañana listo para recorrer la ciudad, esa ciudad, la ciudad de Nueva York. Tengo dos excursiones mañana, tendré que elegir una, y pienso ir a hacer mis primeras compras nuevayorkinas. Y pasado mañana la estatua de la libertad, tengo que subir hasta arriba para lo cual tengo que estar descansado, tengo que estar diez puntitos. Y me quiero comprar la camiseta de los Knicks. Aunque pierdan.

El avión todavía no se cae. Empiezo a tener fobia a los aviones.

martes, junio 07, 2011

NYC

Me voy a Nueva York. Esta noche de invierno ya la cambio por un benévolo verano. Me puse esta mañana, ahora me la saco, esta camiseta verde que tiene las letras de una petrolera, y en mi manía por usar remeras con propagandas ya me pongo, rápido, porque hacen 3º, esta azul marino que dice Quilmes. Y es la camiseta del turista que llevo en mí.
He planificado este viaje por años, ahora parece mentira. Supe de la promoción hace 5 meses, en pleno febrero. Me había quedado sin vacacionar esperando poder comprar algún boleto en oferta, para Nueva York, la ciudad que nunca duerme.
Nueva York, anoto esto y mi mano tiembla. Siempre quise estar en Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Mis zapatos jamás han sido tan vagabundos como ahora, que van hacia esa ciudad nueva, que alguna vez imaginé como York pero renovada, pero no necesariamente. Cuando pude ver fotos de York, obviamente gracias a la internet, y compararlo con la famoso foto del perfil de Manhattan, que tanto daban en las tiras de sony, cuando todavía tenían las torres y que después tuvieron que volver a editar todas las imágenes y sacarlas porque no hay nada que traiga más dolor que el recuerdo de las injustas muertes de aquel septiembre turbio y raro en que todos creímos, aseveramos, que ese era el momento en que comenzaba la tercera guerra mundial. Aunque no estábamos seguros de entre quiénes se libraban.
Esa mañana turbia yo desayunaba, como cada mañana, mirando por la ventana hacia la calle. Mi taza humeaba, quizá era café o té o mate cocido. Nada me hacía sospechar, ni siquiera la frenética carrera de la vecina del edificio del otro lado de la calle, que iba hasta la esquina y volvía. La recuerdo porque me hizo dudar, y fue esa duda que me distrajo dos segundos hasta que descubrí que en la calle no pasaba nada de importante. Y fue por eso que encendí la televisión. De verdad que yo solo enciendo la tele si me aburre lo que estoy haciendo o viendo o lo que sea. Y eso no suele ocurrir, me aburro bastante poco, por lo general. Pero fue esa carrera frenética que me hizo sospechar que estaba loca, algo que pude comprobar un año después, y fue esa duda que no pude resolver, lo que me aburrió esa mañana en que, sí, el cielo ya no estaba gris como el de esta mañana. Me aburría, otro día azul, como el de cada mañana azul idiota. Ese cielo azul de finales del invierno, el que promete amor y te da día y día de soledad.
Encendí la tele por aburrimiento. Después fueron las llamadas para corroborar si en los demás televisores estaba pasando lo mismo. Efectivamente. Esa noticia no cambió nada de lo que hacía años que pensaba, que tenía que viajar a conocer Nueva York.
No fue por esa película que vi esa tarde nefasta. Ella peleaba conmigo porque yo decía que esa escena en que la chica simula un orgasmo era patética, pero que el resto de la película me gustaba y no solo eso, era una de mis films favoritos. De verdad, sabía de memoria algunos de los parlamentos. Ella decía que era su favorito desde antes y que esa escena era una de las más logradas en la historia del cine. Yo le decía que exageraba y nos dejábamos de hablar algunos meses. Pero bien, era una escena de la película que me interesaba, pensaba, ahí tenía que ir cuando estuviera en Nueva York, porque sí, desde mucho antes yo ya sabía que iba a ir a Nueva York. Y hoy es el gran día en el que recuerdo eso y tengo un boleto y una visa y el vuelo es a Nueva York. Esta noche estaré volando, abandonando el frío (quizás deba volver a cambiarme la remera o dejar el saco por uno más liviano) para llegar hasta el verano. Quiero mojar mis pies en el mar, en la playa junto al parque de diversiones de Conney Island. Y eso no es nada, quiero recorrer la ciudad de Nueva York, ir al Madison Square Garden, y no sé, mil cosas más. Me sacaría una foto con la bandera americana. Y voy a ir hasta Atlantic city a jugar a la ruleta, al 32.
Me voy a Nueva York a comprar pavadas, las chucherías que traen todos los que van a Nueva York. Me las muestran y me llenan de ilusiones. Les pedí las direcciones de todos los negocios esos, quiero las mismas marcas, quiero lo último de lo último. Quiero tener esa remera que tiene 3 cuellos pero en color verde musgo, y un bat de béisbol, y un cuaderno de esos para poner al lado del teléfono porque cuando te llaman y no tenés un cuaderno al lado del teléfono siempre lo necesitás. Cómo no te diste cuenta antes.
Voy a ir a comer al barrio chino, en donde seguramente me sentiré por fin estar en Nueva York, tan llena de chinitos. Y me voy a comprar un reloj que diga The godfather. Soy fan de Al Pacino.
Me voy a Nueva York y tengo una emoción que no te cuento. Wall street, quinta avenida, central park, empire state, todos esos nombres que antes estaban a millones de kilómetros de vida, todas esas cosas que brillaban de neón y mi ilusión recreó tantas veces, como por ejemplo la vez que festejé mi cumpleaños con fiesta temática de Nueva York… Todo eso está ahora a horas de distancia. Me voy a Nueva York y no me memoricé, como había pensado, la canción que canta Sinatra, que tan bien describe la ciudad, como papo cuando describe la ruta 66. papo blus. No me sé la canción y de algo me pierdo, porque esa canción es una cifra y ahora no la voy a poder descifrar. Pero a lo mejor me la imprimo y la estudio en el camino, quién te dice que cuando llegue a john fitzgeral Kennedy no voy a salir bailando bajo la lluvia y cantando new york new york.

viernes, junio 03, 2011

el mail que le mandé a campari y que todavía no respondieron



Hola.
Mi nombre, como figura en el encabezado del mail, es Nicolás. Encontré este mail de ustedes y no quise perder la oportunidad de escribirles para contarles un par de cositas que tienen que ver con el Campari y que me ponen muy contento. Algo pasó, por lo que no puedo dejar de felicitarlos.
Pero antes, y porque tengo las manías de un escritor, mediocre, sí, pero al fin escritor, tengo que hacer una introducción. Conocí el campari gracias a bobby flores. Yo trabajaba en el 2000 en el call center de san cristobal seguros (vivo en Rosario desde el 97, hace ya 14 años...) y como me tocaba estar en horarios nocturnos y estaba solo, escuchaba el programa de dolina, un clásico de los noctámbulos. Dolina es un genio, y creo que muy pocas cosas pueden hacer que un noctámbulo trabajador deje de escucharlo, y fue descubrir la música que ponía bobby flores en la rock and pop. en ese momento el programa que conducía se llamaba "no es extraño que estés loca por mí", pero todos le llamabamos "no es extraño" a secas. Bobby ponía unas músicas increibles, pasaba del herbie hancock a saint germain, y decía "el primer grupo de música electrónica que grabó en el sello blue note". Mientras divagaba bobby hacía sonar, como una campana de largada del deseo, un vidrio que parecía ser de un vaso con hielos, y decía "estoy tomando un campari". Eran las 12 y media y el tipo me hacía enloquecer con las ganas de tomar un campari, pero claro, aun sin ser policía yo tampoco bebo mientras trabajo, todavía.
En el año 2005 fui a vivir un año a Italia. En la riviera del adriático aprendí que la vida se divide en ciertos horarios. Hay dos horas en el día que son las horas del aperitivo: las 12 del mediodía, las 7 de la tarde. Hay aperitivos para todos los gustos, incluso sin alcohol. Despiertan el apetito, inauguran la alegría de la ingesta. Mi aperitivo elegido para siempre fue el campari soda. Esa botellita diminuta que ustedes conocen muy bien, que trae el preparado campari al que se le agrega la rodaja de naranja y la oliva. Era una delicia, sentir el aire del mar, beber con moderación. Incluso cuando estuve en Milano pasé por la puerta de la casa Campari, quería entrar y abrazarme con la gente que estuviera ahi, con la familia campari, con quien sea. quería entrar y decirles el slogan "campari, red, passion". Me faltaba la chica con el vestido rojo.
Cuando tuve que volver me traje una botella de allá, que no tardó en desaparecer. Es que el campari acá, en el centro y sur de la provincia de santa fe, por alguna razón fue olvidado. en algún momento nos acordobesamos y tomamos el fernet con coca sin parar. pero era el tiempo de volver al bitter.
Recuerdo que recorrí los supermercados, las vinerías. no todos tenían campari. cada vez que lo conseguía invitaba a mis amigos, a mis viejos, siempre una botella nueva. Recuerdo la noche que hicimos negroni, quedé dormido sin poder salir.
Hace ya unos meses que vamos al bar y solo pedimos campari, porque ahora los bares empiezan a volver a tener (no sé qué podía estar pasando, pero no todos los bares tenían hace un tiempo). Voy al bar el cairo y veo carteles de campari por todos lados. Descubro con satisfacción que estamos volviendo a imponer la marca, y esto me parece absolutamente genial. Me parece que ya era hora. Ahora mismo voy a ir a comprar una botella más. Otra botella más.
No solamente este mail va como agradecimiento, no solamente este mail va con la incondicionalidad de un cliente fervoroso que no va a dejar de comprar campari por más que saquen todos los carteles publicitarios, no solamente este mail tiene la intención de intercambiar auspicios. También tiene la intención de la consulta, y es la siguiente: en el berlín (si no conocen el bar berlín de rosario, se los sugiero), en cierta barra me prepararon un campari con fanta (son unos cretinos) y le pusieron limón. Yo lo entendí como un sacrilegio y una falta de respeto, y le pedi que me lo hicieran nuevamente. El soberbio barman me dijo con esa seguridad de los barmans "el campari lleva limón, me lo hubieras avisado antes". ¿Cómo se le dice a un barman que está equivocado?
¿Lleva limón?
Me gustaría que me desasnen ustedes, que son los originales dueños del color rojo.
¡hasta el próximo brindis y gracias nuevamente!

martes, diciembre 28, 2010



No es el caso por el que Felipe haya elegido la estivación como medio de subsistencia.
Apilar cajones fue un acto, como los actos que tienen los mejores resultados, producto de una gran casualidad.
Una mañana de mucho frío, esperando en la parada del colectivo que lo llevaba al trabajo en la oficina, quiso llamar la atención de la rubia, que esperaba otro colectivo a la misma hora en el mismo lugar. Se encontraban cotidianamente, y cotidianamente se ignoraban, y cotidianamente se miraban las caras, las vestimentas, los zapatos, se medían la temperatura. Él pensaba "con esa remera tan fresquita te vas a morir de frio, mamita", o también "con ese pantalón te van a mirar todos los albañiles del barrio, mamita", hasta incluso "con esa pollerita seducís a tu jefe seguro, mamita, estarás buscando el aumento". Llegaba a reconstruir diálogos enteros en donde ella misma respondía "y vos pelotudo con esa remera de morondanga, y esas zapatillas a quién te querés levantar" o "salí de acá, sucio de porquería qué me querés hablar".
Sin embargo ella era más buena, o más mala. Ni lo registraba. Eso no puede ser, digamos, en la realidad, el hecho de que una persona no registre a otra que cotidianamente se encuentra en la misma parada, así sea por 5 o 6 minutos; hasta la persona más recalcitrante, menos atenta, hasta una mesa es capaz de percibir la presencia diaria del otro, de un sujeto que mira, que existe ahi, al lado, que incluso te mira. Ella no registraba, si se lo hubiera cruzado en el parque españa no hubiera sido el chico de la parada de colectivo, hubiera sido uno más del montón. Para él, si se la cruzaba (de hecho se la solía cruzar en el supermercado) por el barrio ella sí existía, pensaba automáticamente "hola mamita de la parada".
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Ella no lo registraba porque tenía un problema de percepción: durante las mañanas hacía un gran esfuerzo para contener los estornudos que le generaba la alergia, y concentrada en eso y en escuchar a lo re en la radio, el mundo no existía. Si le hubieran preguntado de qué era el negocio de la esquina jamás hubiera acertado (era una vinería, no percibir una vinería es algo atroz).
Ella no lo registraba porque era así. Pero por una cuestión de justicia, no registraba a nadie, por igual.

Ya no importa sino el hecho de que esa mañana, y por una serie de casualidades, Felipe, que estuvo a punto de llamarse Milton, con el afán de llamar la atención de la doncella blonda de, esa mañana, pollera breve taco alto rodete y saco haciendo juego, y por una cuestión de que él mismo pensó "mamita qué frío que hace hoy y vos vestidita así mmm te comería", decidió dar el paso al frente, pero no hablandole directamente, como haría cualquier hijo de vecino, sino generando una excusa, como un buen estratega, para que ella lo mire alguna vez de frente y no tanto con los omoplatos como lo acostumbraba a hacer. No tuvo mejor idea que, para entrar en calor, ayudar al verdulero a acomodar los cajones que estaban descargando del camión.
La verdura estaba verde, pero no se asomaba la primavera. Felipe trasportando cajones y acomodando, mirando a la rubia, pidiendole permiso para que se corriera y lo dejara pasar con las naranjas de jugo, aprovechó un desvío de la mirada para hablarle, por primera vez para siempre: "son una naranjas espectaculares".
Ella lo miró, sacándose el auricular: "me regalás una?".
Felipe corrió a buscar una bolsa de nylon ante la presencia del verdulero que nada comprendía pero que dejaba hacer porque la mano le venía bien. Le venía bien la corrida a Felipe, por el frío, claro, entraba en calor. El 110 pasaba, ella subía al colectivo, Felipe hacía detener al chofer en el rojo semáforo para alcanzarle a ella una bolsita con dos naranjas y una pregunta "no tenés frío?". Ella respondió: "gracias".


cuando fue por la tarde a la verdulería no lo encontró. No preguntó por él, se dedicó a pensar que haría el turno mañana y cerró el asunto. Él ese día llegó tarde al trabajo, se peleó con el jefe, se despidió de sus compañeros, recibió una interesante indemnización, pensó en el neoliberalismo despiadado, mojó la toalla del baño de hombres con semen, conversó por última vez con la secretaria del jefe, le dijo que si no le hubiera regalado dos naranjas a su novia esta mañana seguramente se las hubiera traido a ella y no aceptó un no por respuesta. Se fue a su casa pensando que en su nuevo trabajo seguramente estaría más cómodo, tendría más tiempo para hacer otras cosas como ir al gimnasio que hacía mucho que quería empezar, o estudiar inglés, o ir a yoga, o todo. Paseó por la peatonal meditando en qué reventar la indemnización: se compró una loción para después de afeitar.

Nunca había usado, jamás, una loción para después de afeitar. Siempre pensó que era una marca de estilo, y si algo quería tener ahora en su vida, ahora que le había dado una patada en el culo al jefe y dos naranjas a mamita (jugarle al 3 en la quiniela, y al 21), y un portazo (jugarle al 4 y al 211), y habiendo conseguido el trabajo deseado durante toda su juventud, en "la oficina", un lugar del sector público donde se trabajan 6 horas por un muy buen sueldo, claro, era llegada la hora. Se olvidó de comprarse zapatos blancos, para tener estilo, pero empezaría con la loción. Se afeitaría todas las mañanas, antes de pasar por la verdulería a cargar cajones, y esperando que ella lo mire o le pida algo, no sé, una pera, pensaba. Y pensaba "me darías una pera" y el respondiendo "pero cómo no".

No había sido difícil convencer al verdulero que él lo ayudaría todas las mañanas, de lunes a viernes, gratis, a cargar los cajones. "No te hagás problema pibe, te tiro unos manguitos si querés, yo no necesito que me cargues pero si le ponés tanto entusiasmo..." y él respondía "es que sabe algo don Cosme" (se llamaba Cosme) "a mi no me gustan los gimnasios, son lugares muy fríos, y no sirve para nada, es un derroche energético, si yo puedo hacer el mismo ejercicio y cargarle los cajones y así usted ahorra energía y todo tiene una utilidad".
Era pragmático. El Feli se ponía los cajones al hombro adelante de la duquesa blonda que lo admiraba por su fuerzas, él pasaba, le entregaba una mandarina ante el ruido del 110 y con la frase matadora del día "que nunca le falta la vitamina c".

Ella le sonreía. Pero ya había conseguido novio, a todo esto. El fin de semana había salido con las amigas al boliche, un chico que parecía apuesto y que no estaba como pez en el agua sino más bien acompañando a algún amigo, le llamó la atención. No creyó que él se acercaría, y sin embargo, producto de la casualidad se dio: el amigo conocía a su amiga. Terminaron yendo al cine la semana siguiente y presentandose a los padres a los dos meses.

Don Cosme tuvo una seria charla con Felipe: "mirá pibe te voy a necesitar, te ofrezco..."
Don Cosme, después de cierta herencia y tomando bríos decidió por fin abrir su cadena de supermercados en una serie de pueblos del interior. La verdulería se había ido para arriba. Felipe, sin comerla ni beberla se acababa de transformar en la mano derecha de un futuro magnate o ya magnate del comercio alimentario en el interior del país. La mano derecha, el hombre de confianza, una voz con voto, la mano autorizada a dar el sí o el no sin consulta previa.
Y todo eso sucedió en cuestión de meses. Sin embargo, a pesar de haber incrementado sus ingresos y haberse comprado el auto deseado, continuó apilando cajas de verduras frescas recién llegadas del mercado, con el solo objetivo de poder acercarse a ella. "Este alcaucil preparelo de la siguiente manera": las conversaciones habían aumentado y hasta distendido. Siempre pasaba el 110 y se la llevaba. Siempre Felipe quedaba rumiando ante el verde del agente electrónico de tránsito.
Para ella no fue nunca otra cosa que un verdulero, y eso que había llegado a conocerlo un poco, jamás sospechó que fuera contador y que tuviera un master en cuentas públicas.
"La verdulería va bien, es la que va" le decía, "estoy abriendo una sucursal en Fisherton". Y era verdad. Había abierto 5 sucursales desde que Don Cosme le había dejado todo el negocio para dedicarse de lleno a los supermercados en los pueblos de la ruta 34.
Ella respondía "ay mi novio vive en Fisherton". Él creía que era un puñal en el corazón que ella quería clavarle, pero no, era que no registraba. Cómo ella podía imaginar que un verdulero, cada vez que le decía que estaba abriendo una nueva sucursal en realidad le estaba transmitiendo que él también era una persona exitosa, digno de una rubia tremenda como ella. Macarena. Se llamaba Macarena, y no le daba mucha alegría a su cuerpo.

Macarena tenía un cuerpo dichoso. Pero ella no lo sabía, porque no lo registraba. Ella tenía problemitas de autoestima, creía que tenía lo contrario al sobrepeso, y que los hombres no la mirarían porque no tenía casi tetas. Era un poco estúpida "pero tan tan simpática", pensaba él. Felipe.
No era simpática en realidad, tenía eso de que era simpática con la gente que le caía simpática, pero en realidad prefería ser antipática y no le importaba el qué dirían los demás.


A la décima sucursal que abrió la invitó a salir. Ella dijo que tenía novio. En realidad ella mentía, el novio se había piantado o ella lo piantó. Era una relación que iba demasiado seria hasta que alguien ahi se dió cuenta que la vida también se podía vivir.
Ella dijo que tenía novio, pero en realidad no se quería comprometer, porque quería hacer un viajecito. Y en realidad no le gustaba nada Felipe, ese amigo que hizo en la parada. Ella dijo que tenía novio y él le dijo que era lo mismo, que no le iba a pasar nada. Ella dijo que bueno, que la buscara. Él pasó con su audi. Ella lo miró con otros otros. Él le habló de un viajecito que estaba por hacer a Marruecos. A ella le interesó. Hablaron, un buen rato. Se pusieron de acuerdo en algún punto: Central no ascendería a primera ese año y sería, ahora sí, una verdadera catástrofe todo.
Ella le dijo que le hubiera gustado ir a la cancha a ver a Central, "sería diver", decía. "Me encantaría llevarte" le decía él, mintiendo porque no solo que no tenía carnet sino que no tenía ni siquiera gente conocida que tuviera.
Se divirtieron esa noche.


Cuando ella se vistió esa mañana pensando que su amigo estaría en Marruecos, o en Surinam, quién sabe, mientras se ponía las medias cancan y apresuraba un rodete, sintió ese chasquido, ese rasguido, sintió, como una flash de cámara fotográfica profesional, como el relámpago, como haz de luz verde fluo, que el pensamiento la llevaba a un lugar nunca antes experimentado: patear el tablero es ponerse una verdulería.
Pero Felipe ya no estaba, viajaba en primera clase a otro lugar, lleno de luces, siempre vigente, un caribe polinésico.

domingo, octubre 03, 2010

Lei vuole fare l'americano...

Inactividad en el perfil sofisticado e intelectual de la vida del escribiente, movimentoso el perfil trabajador y social: durante el último mes la gente saluda, se junta y brinda y la primavera no termina de apropiarse del clima, lo que hace que la naturaleza no pueda ser regular sino simplemente la naturaleza desnuda de no poder ir en contra de lo que manda el clima.
Todos hablan de cambio climático, y uno no deja o no para de ir de acá para allá mojándose absurdamente en una época del año que se calcula que ya tiene que tener sabor y color, y sin embargo continúa gris, marrón y fucsia.
¿Cómo condiciona todo esto al escribiente? No puede trabajar en paz.
Pasó gran parte del año acumulando trabajos trabajitos pavadas por hacer, y no hizo la mitad, por lo que el cálculo es que en muy poco tiempo tiene mucho para hacer, pero, y sin embargo, no desespera.
A saber: seguir con el libro con comentarios de cine.
Uno de los tantos ejemplos, ya que los otros se los guarda aparte, no lo publicita, porque a nadie importa y porque sería improcedente.
Pero qué hace escribiente escribiendo esto en un lugar tan descortesmente? Pues naranja: hace lo que le piden. Dicen "pon algo allí y algo acullá ya que siempre aparece lo mismo constantemente, algo que aburre a las más tiernas y tolerantes pupilas que las miran".
Oh. Cómo no responder con alguna genialidad a tal requerimiento.
Y sin embargo ninguna genialitè asoma, pues el escribiente tiene un tinte humilde para decir las cosas y se guarda lo mejor para sí, como siempre.


Pero, mientras tanto, el cine.
Maravilla del mundo entero.


La ragazza con la valigia fuimos a ver al Madre Cabrini. Una historia estremecedora, con Claudia Cardinale convenciendonos de haber sido una belleza arrolladora, y que aun hoy lo debe seguir siendo.
La historia que se cuenta es la de una chica cantante que es abandonada por su amante en el camino. Otra vez lo que parece prefigurar una comedia romántica nos presenta el drama de vivir de una manera descarnada.
La playa de riccione es la escena del final trágico e inesperado.

ahora mismo no puedo seguir escribiendo, pero la otra peli que vi fue Un americano en Roma con Alberto Sordi. Genial.
debo dedicarme a otra cosa. ahora

jueves, septiembre 09, 2010

Del canovaccio a la acción





Canovaccio se le llamó a la forma que encontraron los actores de la comedia del arte para llevar un registro de los guiones (scenari) de las obras, de las comedias que representaban. Justamente canovaccio se llamó a un pedazo de tela (pensemos en canvas que en inglés llaman al oleo sobre tela) que servía de guía durante el trabajo de crear entramados en la fabricación de telas. Según otras fuentes (Miclacewsky) significa “una trama neutra y uniforme en la que se puede bordar todo lo que se quiera...”

Pero antes de abordar específicamente el canovaccio es necesario tomar apunte sobre dos características fundamentales y condicionantes del fenómeno que llamamos comedia del arte que fue un fenómeno típico del Cinquecento hasta fines del Seicento, digamos previo y durante el Renacimiento.
En primer lugar tenemos que notar la cuestión de los roles y los tipos fijos: los cómicos de la comedia del arte son reconocidos en la historia del teatro por haber sido los primeros profesionales. El nombre, comedia del arte, ya hace mención de esta característica, porque arte hace referencia a mestiere, oficio. Estos actores formaban compañías con las que viajaban de un lado a otro representando obras. (Tenemos que tener en cuenta que son las primeras obras en las que hay mujeres en escena, antes los en roles femeninos se podía ver a hombres travestidos). O sea, estamos hablando de grupos de diez o doce personas que viajaban, montando en las calles un pequeño tablado donde representaban.
Quizás no sea la razón, la cuestión económica, pero sí facilitaba muchísimo la puesta en escena, el hecho de que cada actor de la compañía ya tenía un personaje adoptado y siempre iba a ser ese y no otro el personaje que iba a representar. Es decir, lo que cambiaba de obra a obra era la trama (y vamos a ver cómo) pero no el perfil del personaje: Arlecchino era siempre Arlecchino, y aun podemos decir más: al portar una máscara, y por lo tanto no necesitar maquillaje, pensamos que era el mismo siempre, constante. Y aun cuando los actores que lo representaban eran diferentes, siempre era Arlecchino el que se veía.
Es cierto que no todos los actores estaban enmascarados: los enamorados no lo estaban, por una sencilla razón: eran los que engalanaban la escena.

Es necesario decir cómo se formaba una compañía, mejor dicho, cuáles son los personajes típicos de la comedia del arte, los necesarios para llevar a cabo una representación. Ya nombramos a Arlecchino, vamos a comenzar por él.

Arlecchino se llamó al segundo zanni. Los zanni dentro de las compañías siempre eran dos, primero y segundo zanni. Se llamaron así porque su rol es el de siervos, servidores… siempre están haciendo pequeños trabajos. Son los roles bufonescos, cómicos, los más llamativos por eso mismo. En principio se llamaron zanni (una hipótesis es que el nombre deviene de Giovanni, nombre primitivo del personaje, otra hipótesis, como presenta el historiador del teatro Silvio D’amico, es que viene del sannio, el criado de las comedias latinas), este personaje es ancestral, nace con la cultura italiana misma: lo vamos a encontrar ya en las comedias latinas.
Luego, fue cambiando nombres pero hay tres que llegan a nosotros con más fuerza: Brighella, un primer zanni, proviene de la Bergamo alta (los personajes hablan el dialecto siempre), es un tipo inteligente. El segundo zanni conocido, nuestro ya presentado Arlecchino, que es un tipo que siempre tiene hambre, que solo piensa en comer. Viene de la Bergamo baja, o sea, se entienden con Brighella, hablan el mismo dialecto.
El tercer personaje que supo hacer de segundo zanni proviene de Napoli, es decir, de otro lugar muy opuesto, y es Pulcinella. A diferencia de Brighella y Arlecchino (que tiene el traje todo emparchado a rombos) Pulcinella es el único que pudo conservar su hábito blanco (vestido original de los criados en la comedia latina).
Hay muchos más zanni. No quisiera olvidar a Pedrolino, que llegó a nosotros como Pierrot, a través de su variante francesa.

En la comedia del arte también hay criadas, fantesche, que por lo general terminan relacionándose con los criados. Podemos citar a Pasqueta y Colombina como las más famosas. Estas hablan en dialecto toscazo.

Como ellos forman parejas, están los enamorados, jóvenes dichosos. Ellos recitan sin máscaras, son el centro de la escena, la trama va tejiéndose para ellos (ya veremos cómo). Son bellos, y los servidores están a su disposición. Hablan en dialecto toscano, pero un toscano literario, no el mismo de las servidoras. Podemos decir, por exagerar, que hablan en poesía.

Pero sin dudas, hay tres roles fundamentales más en las compañias de la comedia del arte: dos senex y un capitán. Los origines de estos personajes también pueden ser rastreados en las comedias de Plauto (miles gloriosus, por ejemplo).
Los senex (viejos) son dos: Pantalón es veneciano y es mercader. Tiene dinero y por eso lleva pantalones, porque lleva el dinero en los bolsillos. Su nombre hace referencia a uno de los santos identificados con Venecia (San Pantaleón, después de San Marcos, es uno de los más queridos por el pueblo veneciano… debemos recordar una de nuestras tradiciones, la de comer ñoquis los 29 de mes, surge a través de la figura de este santo. Hay otra hipótesis que propone otro origen, aun veneciano, para este nombre: San Marcos, que se reveló en forma de león alado, es el panta – león).
Otro viejo famoso es El doctor o también llamado Balanzón. Como su nombre lo indica, la balanza representa a la justicia, Balazón es un jurista, es abogado. Se viste con la toga negra de la Universidad de Bologna, y habla el dialecto boloñés. A veces puede ser médico, sin perder su hábito.
Estos viejos suelen ser malhumorados, tacaños, llenos de connotaciones negativas. Son ridiculizados constantemente, pero sobre todo porque suelen enamorarse, obviamente, sin ser correspondidos.
El otro personaje es un militar, el capitán. Hubo varios famosos: el Capitán Matamoros, el Capitán Spaventa (espanto) y la lista sigue. Este también es ridiculizado y puesto en situación, porque también se enamora pero no es correspondido, sobre todo por su carácter de fanfarrón. Es muy soberbio, y usa palabras grandilocuentes. Tiene un claro origen español; y no olvidemos que es España, en la época de la comedia del arte, la que ocupa y domina el sur y el norte de Italia, sobre todo militarmente. Una España que acaba de extender sus dominios a un nuevo mundo, y cuya corona posee una Italia magnífica y final: es el Renacimiento, el nombre de la máxima expresión artística y cultural de la italianidad, y a su vez el último brillo de esplendor, ya que después se fragmentaría todo por lo menos hasta la reunificación, a finales del siglo XIX.


Las compañías entonces se mudaban de población en población, representando sus obras, hasta que llegaban a los grandes centros y ahí se quedaban con mayor o menor éxito. Pensemos que la ciudad en crecimiento significa también un crecimiento de público.


Antes de abordar la segunda característica fundamental de las obras de la comedia del arte quisiera introducir un conocimiento: cómo son estos canovacci.

Se presentan como obras de teatro a representar: por ejemplo Il marito, o El viejo celoso, o la viva muerta. Es de notar que los temas siempre son populares, porque si algo es la comedia es popular.
Los canovacci suelen ser anotaciones en cuadernos de los actores de la compañía, o bien folios que se colgaban entre bastidores y que los personajes iban controlando a medida que representaban.
En estas anotaciones por lo general no se especificaba el escenario, ya que en principio todas las comedias tenían un mismo escenario: un paisaje callejero con dos casas enfrentadas, la típica puesta de la comedia clásica (esto tiene un correlato y que es la nueva configuración de la ciudad: las calles están pobladas de gente, los tablados están en la calle, la vida pública trascurre ahí mismo, a la vista de todos. De cualquier manera con el tiempo se fueron adaptando nuevos escenarios interiores (sobre todo desde que las comediantes del arte van a representar a teatros en Francia), pero era algo que costaba pensar: cómo puede el espectador ver lo que pasa dentro de una casa si no es por una ventana? Cómo era esa ventana?)
Pues bien, entonces, volviendo sobre estos textos, consisten meramente en lo que llamamos didascalias: luego del título se introduce quiénes son los personajes que van a formar parte de la obra, los materiales que van a necesitar, y un resumen del argumento. Luego, acto por acto, el canovaccio va especificando cómo se va armando la trama, pero dejando al actor la parte de la elección de las palabras, el cómo decir, qué decir, cuánto tiempo emplear para realizar el objetivo.

Estamos hablando de actores profesionales, que saben absolutamente dominar no solamente el cuerpo sino también los tiempos, la trama y la acción.
Y esta es la segunda característica que posee la comedia del arte, y es por eso que otro nombre que se le dio es “commedia all’improvviso”, o también “commedia a soggeto”. El canovaccio dice cuál es la acción que el actor debe realizar, lo que debe representar, pero no dice cómo. Eso es una decisión del personaje, que va a irrumpir en la escena y con su espontaneidad generar una situación que va a tener su efecto en la risa público. Lo improvisado tiene ese carácter de suscitar la risa por parecer espontáneo.
Pero qué tan improvisados eran los actores de la comedia del arte. Seguramente estaban bien entrenados en la improvisación. O mejor dicho, estaban entrenados en parecer espontáneos.
Silvio D’amico introduce este tema en su libro de la historia del teatro dramático, en el capítulo dedicado a la comedia del arte, un capítulo exquisito. Casi diría una bibliografía obligada y un estudio fundamental, sobre todo para nosotros que en Argentina no tenemos la posibilidad de acceder a la mayoría de los estudios sobre este tema tan específico.
D’amico habla de los lazzi o juegos escénicos que los actores conocían perfectamente (y en esto residía su oficio) y que podían utilizar tanto en una como en otra obra (por lo general saludos, entradas, despedidas, pero siempre palabras que daban el pie a otro a decir o hacer algo; pero también ciertas piruetas y demostraciones de destreza física y de bravura que solían hacer los actores, aun cuando eran entrados en edad (estamos hablando gente entrenada físicamente), con saltos y actos de valentía). Hay quienes opinan que “los lazzis son tanto acciones como palabras; posturas, gestos, muecas, juego de escenas y juego de palabras, donde el objetivo es provocar la risa por su lado burlesco o acrobático. Durante los lazzis, que exigían de todos mucho arte para no parecer estúpidos, el público se entretenía y la compañía tomaba su tiempo para reponer fuerzas”. Por último podemos decir que así como encontramos colecciones de canovacci, también hay compilaciones de lazzi.

Un ensayo de principios de siglo XX encontrado dentro de un libro compilado por Guillermo Apollinaire sobre teatro italiano introduce una comparación para los actores italianos, “en general incultos”, dice, y justifica en el hecho de que eran improvisados, o bien no recitaban un texto en verso. Contradiciendo esta afirmación hemos encontrado muchos más, apoyándose en el hecho de que los actores italianos estaban en constante investigación sobre el material a improvisar. Digamos que no eran improvisados en improvisar, al contrario, eran sumamente cultos, a diferencia de los actores españoles que solo debían preocuparse en memorizar los textos (pensemos en Calderón, en Lope de Vega, en todo el siglo de oro español).

Los italianos introducen una nueva manera de hacer teatro, de montar la escena, y esto tiene una repercusión, para siempre, en la historia del teatro. Entran a la corte de los reyes de Francia, los ponen en evidencia al punto de ser expulsados, y luego son aceptados nuevamente… El suceso de la comedia del arte es su migración a Francia. El teatro de Molière encuentra su germen es esta expresión. Goldoni, el Molière italiano, también lo sabe perfectamente.


En este contexto literario, el canovaccio como registro estaba destinado a morir. Pero no por eso es menos importante. Hemos intentado rastrear más pero desde estos lugares es casi imposible acceder a estos textos. En los últimos años se ha editado un volumen de más de 800 páginas que compila los registros más conocidos y que se guardan en bibliotecas específicas en Roma y otras ciudades italianas.
Pero sin dudas, en la historia de la comedia del arte, hay una fecha que marca un antes y un después, y es 1611. Ese año Flaminio Scala, actor de la compañía dei Gelosi (luego director de i Confidenti), edita una compilación de 50 canovacci de su autoría: Il teatro delle favole rappresentative. Es el primero y el más importante.
Flaminio Scala, en arte Flavio, un enamorado, fue uno de los intelectuales más comprometidos con esta expresión teatral. Sin dudas la compañía dei Gelosi era la más famosa (llegó incluso a representar en la corte del rey sol), estaba formada también por Francesco Andreini, que había perdido su nombre para siempre por el de Capitán Spaventa (y que, en la amistad, prologa el libro de Scala), e Isabella Andreini, su esposa, que en arte se llamaba Isabella (caso único en que el nombre real y el nombre de arte se funden), que era tan bella y amada por la gente que cuando murió, se comenta, la noticia corrió por todo el sur de Francia y el norte de Italia y tuvo los funerales de una reina. El hijo de ambos, Gianbattista Andreini, también fue famoso.
No voy a entrar en detalles sobre la cuestión de la identidad: las personas eran aclamadas, amadas e incluso llamadas en la calle por su nombre artístico, su nombre real pasaba a segundo plano casi siempre.

Me interesa la fecha, 1611: tenemos que tener en cuenta que en 1612 se publica el primer vocabulario de la Academia de la Crusca.
El libro de Flaminio Scala es publicado en Venecia, con éxito singular. Dentro de esta compilación figura una obra, il marito, que él mismo rescribirá palabra por palabra, y publicará bajo la forma de una obra de arte tradicional: Il finto marito. Es casual, ambas se pueden conseguir en Internet, por supuesto que luego de dar muchas vueltas.

Debemos decir que, por lo general las tramas consistían en intrigas amorosas, dos enamorados y un despechado. Pero más común era que la intriga estuviera protagonizada por más de tres, por cuatro, cinco o seis. Correspondidos algunos, otros no, o bien, no correspondido ninguno, formando un círculo insalvable de amor. D’amico lo ilustra así:
In principio si tratta spesso (vedere gli acquarelli della Raccolta Corsini di Roma) di scenografie rozze e sommarie; solo col tempo, coll’arricchirsi della tecnica pittorica e delle belle prospettive; secondo il gusto barrocco e magnifico del Sei e Settecento, si ebbero visioni nuove, più o meno suntuose e fastose.
Ma il bello poi si è che anche i personaggi, nel loro fondo, non sono altro che la trasformazione di quelli della commedia classica: i vecchi, i giovani innamorati o scapestrati, i servi lestofanti che tengon loro mano, i pedanti, gli smargiassi, e via dicendo. E alla Commedia classica si ritorna essenzialmente, con gli intrighi: solo che qui non si hanno più gli scrupoli accademici circa la cosidetta “favola doppia”, la quale mescolando due intrecci d’amore, nuocerebbe nientemeno che al principio aristotelico dell’unità d’azione: gli intrecci d’amore nella Commedia dell’arte son di regola due, tre, quattro, cinque. In quello fra gli scenarî pubblicati dal Bartoli che s’intitola Intrighi d’amore, ce ne sono addirittura sei: Lucinda ama Valerio, Ubaldo ama Lucinda; Ottavio ana, non conoscendola, la propria sorella; Pasquetta, la fantesca, tira a farsi sposare dal vecchio Pandolfo; Colombina, altra fantesca, fa lo stesso con Stoppino, un’altro vecchio, Ubaldo vuol ottenere le grazie di Pasquetta. Uno studioso russo autore della monografia, dino ad oggi, più accurata e completa sulla Commedia dell’arte, in Miclacewsky, s’è divertito a rappresentare questi intrecci con atrettanti grafici. Per esempio, nella Finta notte di Colafronio, l’uomo A ama una donna B, la quale invece ama un altro uomo C, che a sua volta ama un’altra donna D, che rinsalda in circolo amando A. Ne Le tre gravide A ama B, C ama D, E ama F; ma poi c’è un signor G che pure ama D e un signor H che ama a sua volta a F. Ne Li tre becchi, A ana B, la quale peró e anche amata da C e da D, F ama G, ma G ama riamata H, il quale H è amato da I, la quale è amata da K. Complicazioni, come si vede, tra cui anche oggi un pubblico uso agli imbrogli delle più aggrovigliate pochades parigine perderebbe la testa.


Para D’amico, il canovaccio carece de todo valor literario. Creo estar absolutamente de acuerdo, aun cuando desde que inicié la búsqueda pensaba lo contrario. Pensaba que el canovaccio era algo así como una partitura desde la cual el músico de jazz va a improvisar justamente, logrando una pieza única cada vez. Y sin embargo no estoy tan alejado. Podemos decir que si algo tenía la comedia del arte, su “carácter moderno”, reside en esto: que cada puesta, cada vez que los actores salían, era una nueva y única vez.

Después de la experiencia de las vanguardias, después de la irrupción de la información en todos los rincones de la vida cotidiana, después de la derrota de la intimidad, aun cuando nos sentimos perdidos, mareados, vertiginosos, todavía insistimos en que vale la pena pensar en la obra de arte, todavía nos preguntamos qué es o qué tiene que ser la obra de arte. Dónde reside el arte.

La expresión única, individual se pierde en el infinito de los espectadores. No hay espectador para la obra de arte, no hay lector. Está muy concentrado en lo que puede ver en su pantalla, en la marea alta por la que navega en el ciber espacio.
Entonces.
El arte es puede ser una manifestación única, individual, que está destinado a persistir, en el silencio del artista que se transforma en su propio espectador, experimentador. El arte del goce de hacer arte.
Es salir de la serie de la cadena de producción, hacer que cada objeto sea único, aun cuando se parezca en algo al otro.
El material a trabajar no puede ser otro que la improvisación nada improvisada, la recuperación de tradiciones ancestrales.

La comedia del arte fue precursora en estos pensamientos.
Desde ahí también hay material para pensar, entonces, en la propuesta que se da en estas jornadas, desde la pedagogía, de llevar el teatro al aula. La puesta en escena que se da en el aula es única, y hay que ser conscientes de esto. Los personajes de los que disponemos son limitados, son siempre los mismos, pero tienen que saber alcanzar su propio rol.
La propuesta es entonces que, a través de una investigación más profunda sobre estos textos, los canovacci, se puedan generar nuevos textos, imitando su tradición, que puedan ser adaptados en esta propuesta pedagógica que, sin dudas, es revolucionaria en materia de educación, y que aportará una nueva manera de sociabilización, inter pares, algo que a veces sentimos que vamos perdiendo en el vértigo de la comunicación actual.

sábado, septiembre 04, 2010

el camino como metáfora

"ay qué camino tan desparejo
la angustia cerca y mi niño lejos"
tristeza


Días atrás tuve la posibilidad de ir a un acto de entrega de diplomas a ciertos graduados de cierta facultad entre los cuales mi hermana, feliz y campante, recibiendo su papel más valioso, el que remeda de alguna manera un sacrificio y el valor de un auténtico desafío finalizado en éxito.
Estaba repleta de gente, la iglesia, era en una iglesia. Tomó la palabra una persona y luego habló otra persona más. Por suerte no se entendía absolutamente nada. Desde que agregaron los parlantes a las iglesias es que han perdido el sentido esas grandes construcciones arquitectónicas que por fuera representan la grandeza y por dentro estaban preparadas para que la voz del orador llegara claramente a cada rincón.
Qué imbéciles pensé. Perder el tiempo en pajerías. Pensaba en realidad en el palabrerío inútil que se dice en este tipo de acontecimientos, y no porque no sean sinceros al hablar, sino por la falta de creatividad y de oficio de oradores (que hasta los curas han perdido, lo comprobé ahi mismo), usar una oportunidad única de hablar en público para decir esa nadada de nada, eso es un desperdicio que a esta altura de la vida y de la historia del mundo y del universo es imperdonable. Debería escribirlo con mayúsculas, pero esa grafía desbocada arruinaría lo que quiero decir.
Sin embargo, y ahora viene la calle que abro, la ruta que quiero seguir para ir a donde quiero ir, habló una de las laureadas. Utilizó un lenguaje básico, como cabe a cualquier egresado de la universidad en una carrera tradicional que todavía no están posibilitados de alcanzar el correcto uso de ciertos adjetivos. Así y todo, debo reconocer, lo hizo con ahinco, esperando conformar a las masas, como buscando aprovar su último examen para merecer definitivamente el diploma de nunca reprobada que lucía por el pasillo minutos más tarde.
La señorita, tuve la suerte, me dejó pensando en algo antes de que transcurrieran 40 segundos de comenzado el discurso, por lo tanto no voy a poder resumirles lo que dijo, aunque estoy casi seguro que no dijo nada serio. Sí creo que me desconcentró de mis pensamientos cuando dijo mamá y papá, y definitivamente tuve que optar por pensar que era un discurso que bien le cabía a un egresado de jardín de infantes y que por fortuna seguiremos teniendo profesionales más preocupados por el éxito personal que por la veritè de la milanese.
En fin, a lo que voy, la señorita utilizó la siguiente metáfora (y ya lo digo para terminar de cuajo con mi maldad y pasar a la parte romántica de mi lado bueno y aristocrático): "el camino que hemos finalizado..."

paf paf

a este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo




por qué, me pregunto, considero, algo me hace pensar que es la metáfora fácil y trillada. Por qué tener que usar siempre la misma metáfora, digo. La carrera, el camino. Es verdad que habla de un recorrido, innegable. Yo sugerí, horas más tarde en mesa familiar, el uso de metáforas nuevas como "este fuego, esta bebida del conocimiento, o este televisor que ahora puede ser disfrutado (fue lo primero que tuve a la vista mientras buscaba alguna palabra que no significara nada más que su llana nada, y el tele me saludaba, estábamos en un bar y lo tenían encendido con el partido de banfield y velez que terminó 1 a 0 por la copa sudamericana).
Sin embargo tantos han usado el camino como metáfora. Y justamente por eso creo que está trillado, demasiado usado.

Nel mezzo de cammin della nostra vita
mi ritrovai in una selva scura
che la diritta via era smarrita...



El camino tiene connotaciones largas y estrechas. un sendero que siempre va, porque aun cuando vuelve (no te olvides que el camino es pa'l que viene y pa'l que va) va.
siempre va.
Es un trazado que no gira nunca, que sirve al desplazamiento, demarca un espacio que lleva de un lugar preciso a otro lugar preciso. Como si se pudiera llegar a algún lado. pero un camino implica movimiento, implica andar.
No se puede estar al lado del camino. Es vago e inútil, para algunos, es peligroso para otros. muchos eligen estar en ese lugar, yo no lo elegiría porque siempre estoy moviendome, yendo de un lugar a otro.
dicen los profesores que el comercio renació en la edad media gracias a estos seres vagantes que reconstruyeron los caminos romanos que habían desaparecido. Eran mendicantes que iban de comuna en comuna solicitando la bondad de los señores feudales. Llevaban y traian noticias de un lugar a otro, hasta que comenzaron a llevar y traer cosas de un lugar a otro.
Los mendicantes de la edad media fueron los primeros banqueros, fueron la pequeña burguesía luego.



Ma che cammino. La strada de Fellini, la vida de artistas de la calle. se vive en la calle, que ama en la calle: la casa es el camino. Se muere entonces, ahi, donde se debe morir.

voy a tender ropa ahora.


Por el camino de Swann es perfecto. Se refiere a una metáfora que no es una metáfora, es sencillamente un camino que atraviesa la campiña francesa. La metáfora refiera posiblemente a que el narrador va a comenzar contando la historia que lo ocupará el resto de su existencia en este mundo y que ha elegido hacerlo hablando de Swann. La explicación que él mismo da a la metáfora es mucho mejor y clara: es una explicación para la cual bien se toma doscientos folios en hacer.
Elogio del resumen: un hombre trata de explicar su vida para lo cual debe rememorarla. Un acto reflejo al hacerse conciente lo remite al tiempo de su infancia en Combray, el lugar en donde vivía su tía que en realidad era su tía abuela soltera que dejaría a sus padres la herencia de una fortuna y un título nobiliario que lo vinculará a un grupo selecto de personajes de París de fines de siglo XIX. El niño, aunque propenso a la enfermedad, gusta de pasear, pero solo dos recorridos pueden hacerse en la campiña: uno es el camino que lleva al castillo de los Guermantes, señores del lugar, y el otro es el que va por un largo recorrido y que pasa frente a la casa del señor Swann, pariente de aquellos. Un día, pasando justamente frente a aquella casa, conocerá el amor, motor de la narración. El objeto de tal sentimiento se llama Gilberta, una mocosa bocasucia que tiene lindos ojos y que lo hará sufrir, mucho tiempo después, y es la hija del señor Swann.



Ese camino
no es una metáfora
salvo por Proust.

lunes, agosto 30, 2010

para la libertad

versiones de la libertad.
Qué palabra tan mentada y confusa. La revolución francesa la gritó, con igualdad y fraternidad, y la declaró derecho del hombre. Pero la revolución francesa fue un descabezadero.
Después los mismo franceses la hicieron estatua, gigantesca, con un faro en la mano. Pero se la mandaron a los newyorkinos para que sepan que hay buena onda en la competencia por ser ciudad luz.

A Vicente Lopez y Planes se le quemaron los papeles (los planes?) cuando de tanto decir libertad jura con gloria morir.



Por suerte tenemos otras versiones
Joan Manuel, por ejemplo, sangra lucha y pervive



Andrés hace un juego con el tríptico revolucionario, dice que no es igual para todos, pero que es una hermana




Para zitarrosa también es una hermana, quizá la más importante.
Aunque después, palo y madera, candombea en Doña Soledad y le recomienda que tenga cuidado de los que le hablan de la libertad. Digamos que directamente la pone en penitencia y la manda un rato a pensar...



Pero hay otras doñas. Esta es una que habla de la libertad sin decirla. Dice que así tiene ella que vivir hasta que se muera y que no puede volar, pero que la música la libera.


Bob Fosse, Cabarulo


Sube a mi cabaret y olvida los mercedes bens
(el gato pardo de Barrio acindar)




Volver a la bailanta para sacarle jugo a la existencia, hay que volver.
Volver hay que a la vida armónica que se alivia en la llana sonrisa, en el saludo y en el aliento, más que en la queja y en el desdén de lo cotidiano.
Es un cambio de actitud lo que se requiere, lo que incluye la actividad física. Pero antes de transformar en tan personal un comentario que ya es demasiado personal (nada hay que no sea personal) (rien de tout), hay que pelar.

Las deudas son personales, por ejemplo. Yo me debo a mi mismo todos los clásicos del cine de todos los tiempos porque amo el cine. Pero sería ingenuo de mi parte proponerme ver todos los clásicos del cine de todos los tiempos. Aun cuando se contemple la posibilidad de no volver a ver esas películas que me gustan más, aun cuando me proponga ver una película por día, es imposible. Tengo ya los días contados, las horas. Y tantas cosas que hacer…
Por eso cuando sucede una cinta en mis manos es un fenómeno singular. Por ejemplo he tenido filmes durante mucho tiempo listos para ver, pero nunca sucedía el momento de verlos. Y pasaron años ahí esperando, listos para ser vistos.
Otros films que hubiera querido ver…, otros que no me tiran la atención y sin embargo…, otros tantos que siempre están ahí…, otros que se estrenan hoy y que la semana que viene no sabemos dónde estarán… y así tantos. El mundo está colmado repleto de películas que no nos dará el tiempo para verlas a todas, y sobre todo si además queremos leer libros… pero ese es ya otro tema.
Porque la literatura es milenaria y el cine es secular, y porque ya me voy yendo por las ramas. Pero de verdad, es lo que se me ocurre cada vez que veo una peli que hacía mucho que quería ver.


Y cabaret era una peli que quería ver hacía mucho. Apenas empezó me di cuenta que no era una película que hubiera querido ver si hubiera sabido de qué se trataba. Pero me entusiasma tanto el musical, sobre todo cuando parece tan alegre y me encanta esa música, pero es tan triste.
El sentimiento trágico de la vida se maquilla con pernaud, y con un baile fugaz y eterno. El sentimiento y el baile.


Por qué no? Mi reino por un caballo.


Liza Minelli no es la sex symbol que nos prometió durante toda su vida de famosa. Es más bien una casualidad. En Berlín 1931, con la descripción detallada del nazismo como fenómeno cultural sin precedentes, tan fuerte que se va metiendo como una idea parasitaria en las mentes juveniles que perciben el mundo como decadente (un peligro del que hoy aun no estamos a salvo, y si y solo si los mayas nos dejan).
Liza tiene problemitas psicológicos. Para el guionista es importante que esto quede bien claro, porque no todo el mundo conoce de psicoanálisis: Liza tiene las raices de su problemita en la relación con su padre.
Pero tiene aires de promesa. Ella, tan joven, tan labial. Tan cantante de cabaret, tan vividora de su vida. Bailando sobre una silla, sin siquiera atisbos de caer. La vida es bailar sobre una silla? Yo me caigo constantemente.

Y aparece el muchacho. No me acuerdo como se llama y además es un actor que luego desapareció en la historia del cine (estamos hablando de un film de los 60) apellidado York (eso lo recuerdo porque pensé inmediatamente en New York). La ignorancia no la pagaret, porque la verdad es que si no puedo relacionarlo con otra película no puedo hacer más. Quizás me pareció parecido (valga valga!) a Matt Damon.


Entonces aparece York. Es un muchacho colega de Cambridge, trabajando en su tesis de PhD. Un ser virginal e inocente, que según se describe a sí mismo, lo intentó con 3 mujeres y nada. Y nada. Entonces Liza con mucho desenfado se le pone en pelotas. Pero él recula.
Aparece entonces otra mujer, una niña bien. Liza se pone celosa y plantea una estrategia para enamorar a York, ya que ella está jugada (sobre todo en sus problemitas que la tornan “egocéntrica” según el propio York, “insoportable” según quien suscribe aquí). (Bipolar, una enfermedad que en ese momento no existía, quizás).

Fuman y toman en la película, como si estuviera ambientada en los años 30.


Y de pronto se desata la tragedia. El golpe bajo. Bob Fosse patea el tablero y agrega un tema más al baile. Tocar tantos temas me parece pecador. Pippo pecador.
Está bien el tema de los judíos en la alemania nazi. Está bien, te lo digo, el tema de la aristocracia nobiliaria en la alemania nazi. Está bien, te lo digo, el tema de la ambigüedad y luego de la homosexualidad en la alemania nazi.
El tema del aborto, con o sin alemania nazi, es el tema.
¿Una muchacha sin… no puede…? No?
La gran metáfora: un aborto vale su tapado de piel.


Y entonces me pasa lo que me pasó con Días de vino y rosas. Y el sabor trágico.
Y hay una reflexión más acerca del tiempo y los tiempos, todo pensado como desde el andén de una estación ferroviaria.

(Una reflexión más con respecto a la música. Durante toda la película, todas las canciones van entrando en el marco armónico del tema final, es más conocido, el que dará un cierre perfecto)

Pero ahora hay que bailar.




lunes, agosto 23, 2010


Ya no me gusta Goyeneche. No sé si es porque no lo escucho desde hace mucho tiempo y lo pienso desde el lugar que le toca en la memoria, o es que no me dan ganas de escucharlo porque nunca en realidad me gustó, aun cuando piense que en algún momento lo debo haber disfrutado pero nunca tanto como a los tangos de Edmundo Rivero aunque sí parejo con Gardel.

Pompas de jabón, ese tango bendito que me hace saltar de locura y que me hace pensar en la existencia, de cualquier manera, está grabada a fuego con la voz de Roberto, la segunda voz de roberto y la guitarra de juan (jo dominguez). Entonces me acordé: pebeta de mi barrio papa papusa que andás paseando en auto con un galán que te has cortado el pelo como se usa y que te lo has teñido color champan que a los piringundines de frac y fuelle bailas haciendo crtes de cotillón y que a las milongueras por darles dique al irte con tu canba batís allon".

Lo busqué en la web porque hoy por hoy es más fácil que andar husmeando cada cd que no tengo rotulado. Lo encontré cantado efectivamente por Carlos Gardel, la primera versión, lo que me da la pauta de que ese tango es viejo viejo.

Pompas de jabón. de repente vuelve el tango sin buscarlo ni quererlo.



Michael Corleone con cara de Al pacino trucado, Diane Keaton escondida tras unos rulos. Qué les pasa por la cabeza. Coppola, taquillero en el montaje, presenta la historia de Mario Puzzo, y es un canto Siciliano. Italia vista desde el cielo. Tour de force. Mamma mia. Mannagia...



Sensaciones raras, un film atrapante. Escenas aisladas. Qué tiene que ver el tango?

Nada, ni el tiro del final te va a salir, dicho con la voz de Goyeneche, es la cara de al pacino al final del padrino 3. El destino maneja, según la operación presentada a través de la historia de Puzzo, la vida de los hombres. No pueden escapar a ese destino.



Pero hay también una idea de contrucción del propio destino, y esto es lo que me interesa más: no somos marionetas, como sugiere la tapa de la peli, creo yo. El hombre no puede ser marioneta, no puede conformarse con eso. Sí debe haber algo que no puede manejar, y es lo que sucede. Pero para llegar a una encrucijada fueron necesarias tantas otras.



De cualquier manera, revela el film, el poder y el dinero no pueden vencer a la corrupción ni al peligro constante (que no sufre el que no tiene nada que perder).

todo es muy atrapante. Pero los caracteres sufren cambiamentos y revelaciones (corleone confesandose, por ejemplo, o vinnie trasnformandose en un hombre más racional que pasional) que no se las come ninguno.



igual, fue entretenido mientras duró.

y ese tango es tan triste que queda desterrado de mi mente para siempre, o hasta que llegue el día en que quiera cortarme los huevos por alguna desesperada razón y entonces vuelva a pensar en tangos tristes.