- así que no tenés tatuajes
- no tengo tatuajes
- y te harías uno?
- no sé, quizá me haga uno, si Deportivo Esmeralda saliera campeón de la libertadores me haría un tatuaje, es una promesa. pero en verdad, no sé si me haría un tatuaje.
- qué? sos cagón?
- no, no me parece que sea miedo. solamente no me interesa tener nada en el cuerpo. fijate que tampoco uso reloj.
- así que no tenés ningún tatuaje
- no, no tengo ningún tatuaje. y vos?
- yo sí, tengo un aguila en el omóplato y un cienpies en el pie izquierdo, que es mi pie de apoyo.
- mirá vos.
- sí, el águila me la hice cuando era una pendeja, pero bueno, justo se había muerto mi perro pandolfo y fue una manera de recordarlo.
- mirá, qué bien.
- sí, el cienpiés me lo hice cuando volví de colombia, allá el cienpiés es un animal mítico. y además habíamos caminado tanto que, bueno, me lo hice. ahora me quiero hacer un dibujo muy pequeño de un demonio de tazmania que es mi dibujo animado favorito
- qué bien
- y vos no te harías un tatuaje?
- ni en pedo
- no te harías un tatuaje conmigo?
- un demonio de tazmania?
- no, cualquier cosa, por ejemplo, nos podríamos tatuar nuestros nombres en un lugar secreto de nuestros cuerpos
- me tatuaría una palabra en todo caso, si el mundo estuviera por explotar y todos los supieramos
- de qué te serviría
- de nada, por supuesto, como cualquier tatuaje
- pero es estético
hay cosas mucho más estéticas, como usar una cartuchera con pistolas de verdad
ya salió el cowboy otra vez
miércoles, agosto 13, 2014
martes, agosto 12, 2014
pajuerano y suripanta
- dale, contame una historia
- ya te conté una hace diez minutos.
- pero me aburro, contame otra.
- es muy tarde y mañana hay que ir a trabajar
- sos siempre igual de aburrido. ya estoy cansada
- yo soy así, y a quien le guste bien y sino se jode, doble trabajo
- imbecil
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miércoles, julio 30, 2014
archivando
ya han afilado mi hacha
mi sierra no sirve más
los sábados rumbeo al monte
los lunes a la ciudad
mantonegro mantoblanco
se entibia la soledad
cuánto corren los caballos
sin disco para cruzar
tiene pan el peregrino
tiene vino el capitán
tiene nada el que merece
tiene todo el que se va
se acomoda mi guitarra
trepe mi niño al nogal
cuando se encallen mis manos
un verbo saludará
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lunes, julio 28, 2014
capitalismo y psicoanálisis
Estoy pensando en que le compartiría esto que escribo a una persona que podría responderme. Alguien ligado al psicoanálisis, que pueda comentar con las palabras correctas lo que pretendo decir con las palabras de mi intrincado vuelo.
Ayer desperté tarde, era domingo y hacía frío todavía. Temprano para domingo, tarde para un día común, eran las 10 y algo de la mañana y no quise moverme de la cama. Por fortuna tenía cerca el control remoto del televisor, elegí no pensar demasiado y lo encendí para ver si había algún partido, pero todavía no empezó la temporadas de mogolismo futbolero de tiempo completo, por ahora solamente hay partidos por la tarde.
Pero encontré un interesante documental que hablaba del tiempo, en canal encuentro. Era dar vueltas a un asunto constantemente, y culpar siempre al capitalismo y al afán de obtener mayores ganancias, de la invención de la necesidad de estar midiendo el tiempo, y el hecho de vivir apurados era pensado como el mal de la modernidad. De eso se derivaban una cantidad de cosas, como la gente que siempre llega tarde y que por más que sean buenas personas no pueden vivir en sociedad, o como que había que ralentizar la vida, hacer menos cosas, etc. Yo pensaba todo el tiempo en Borges, que escribió mucho sobre el tiempo, sobre todo en Historia de la eternidad.
Un complejo de inferioridad no puede venir sino de una comparación en donde hay algo o alguien inferior a otra persona o cosa. Pero esa comparación, en qué se fundamenta sino en la competición, y esa competición en qué se sostiene sino en el sistema que cataloga y clasifica, el llamado capitalismo culpable de todos los males de la humanidad.
En algún momento se establecen parámetros, pero las personas en sus relaciones están constantemente jugando papeles, rotando roles o modos. Es probable que una misma persona no se comporte de la misma manera en diferentes situaciones. En algunos casos se sentirá más segura, sobre todo si la sinergia con la que se interactúa es acorde con las espectativas de esa persona. En cambio si el código no es interpretado, es probable que se ponga a la defensiva. Si hay alguna persona que se considera superior, es muy fácil que haya otra que se coloque frente a esa persona de una manera crédula y sin mediar un instante lo trate como superior, colocándose en un lugar inferior.
¿Existe algún lugar del mundo todas las personas se tratan de igual a igual? Me gustaría conocerlo. Sin embargo, es posible que una persona que se tiene en gran estima a sí mismo, encuentre algún escollo en la constante competencia inconsciente en el trato con los demás, y se vea a sí mismo en una situación en la que se considera inferior. Las reacciones son de lo más desopilantes. Conozco personas que empiezan a blasfemar contra esa persona que se pone en "superior", y para ello el mundo ha tenido uno de los más grandes inventos de los últimos siglos: la elegancia.
La elegancia es la revancha y es a la vez lo que iguala al inferior con el superior. Hay diferentes concepciones de la elegancia, y esto poco tiene que ver con el capitalismo. La salida elegante es la que conserva la dignidad, pero dignidad también es una categoría moral que está desprestigiada. La elegancia es saber tomar la sopa, a tiempo, con una sonrisa para todos. La revancha consiste en que después de tomada la sopa uno ya no está obligado a continuar en esa situación de contraste.
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miércoles, julio 23, 2014
inferior
Y después está el goce del otro sobre la paranoia de uno. Ese goce está fundamentado en sus propios conflictos, en sus propias paranoias. Es una gran combinación de problemas mentales, la vida en sociedad. Uno que se persigue, y no puede ver más allá de sí mismo. Una palabra que enciende una mecha y la bomba empieza a pasar de mano en mano, no se sabe dónde detonará. "Ese es el problema que tenés vos, con tal asunto", dice el otro, y es cierto. Pero además, no lo es.
Porque el problema de uno, presente, consciente, no es el punto de la discusión, no lo es ni siquiera todo el tiempo. Pero el otro remarca el asunto del problema de uno, como un modo de establecer el territorio en el que se da el debate.
"Está bien, es que tengo es pequeño gran complejo de inferioridad", pongamos por caso. "Tengo este problema para relacionarme en sociedad", hay que decir, "para aceptar las convenciones de los demás". Un ser desprolijo a la vista de los otros, pero que guarda su propia lógica.
Cuando el complejo es dicho, todo acto de hacerlo sobresalir es del otro. El otro dice "vos tenés ese complejo", y es su goce.
El goce de reconocerse, ante su propio complejo, que se reformula.
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sábado, julio 19, 2014
principios y finales
los principios deben ser finales o conclusiones para nuevos puntos de partida. He aqui uno: la justicia no es posible. Me cuido de decir que no existe, ya que no se puede negar la idea, digo que no es posible.
El resentimiento debe estar en el desorden del placer en la victimización. Hay un goce que tiene que estar fundado en la diferencia, y en el enunciado de la diferencia o de lo distintivo está la imposibilidad de la justicia. La palabra, entonces, pierde valor absolutamente, porque no le hará justicia a la idea.
En ese marco de cosas, es posible decirlo todo, y también es posible no decir nada. No tiene importancia, ya que se trata de un recorrido temporal siempre ficcional, en el que se pone en juego la noción del presente mismo.
El resentimiento tiene políticas corporales inconscientes. No responde el cuerpo a la voluntad, ya no obedece la musculatura ante la resistencia. Y sin embargo puede existir un goce, desordenado, contracturante, doloroso. La victimización es otro de los cómodos lugares en donde se pueden pasar unas vacaciones all inclusive.
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lunes, junio 30, 2014
sutil eran los de antes
me pregunto por qué debería pasar siempre por inteligente. uno no siempre puede estar en modo inteligente, sin dar lugar a la duda, a la inquisición. se puede ser lúcido, pero estar equivocado en el tema, y entonces te agarran en un planteo mal hecho y ya no eras tan lúcido como pensabas que eras.
hoy me di cuenta que probablemente haya sido un error preferir gastar menos dinero en la óptica en las gafas más baratas. arden los ojos. pero cuando muera, los ojos se van a pudrir igual que el cuerpo, o mejor, cuando arda en la llama, cuando vuele en el aire, los ojos van a representar probablemente una pizca de la tierra.
que ardan.
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domingo, junio 29, 2014
mi complejo de inferioridad
Bendito es el sitio, y la casa, y el
lugar, y la ciudad, y el corazón, y la montaña, y el refugio, y la
cueva, y el valle, y la tierra, y el mar, y la isla y la pradera, donde
se ha hecho mención de Dios y se ha glorificado Su alabanza.
Bahá’u’lláh
Pienso, y ya es demasiado. Siempre que pienso que pienso, se incendia un chino en alemania. Ayer me dieron un papelito que tenía forma de mariposa y por todas partes escrito Bahai Bahai. En ese momento estaba hablando de cosas muy interesantes con alguien, y seguramente no tenía en cuenta un montón de cosas cuando hablaba, como por ejemplo, cosas que olvido, como mis contradicciones constantes.
El papelito de forma de mariposa lo tomé sin pensar, una de las pocas cosas que hice sin pensar el día de ayer. No fue de lástima, fue auténtico, tomé el papelito que llamaba mi atención y lo guardé. Guardar un papelito, para mi significa darme el derecho a olvidarme.
¿Por qué me olvido de mi propia pequeñez empeñándome en mostrarme fuerte y grande. Y adulto? Escribo esto con la forma que merece un papelito en el bolsillo. Sin embargo las letras no tienen la forma de mi caligrafía sobre un papel, y yo no soy el campeón que creo ser, y la gente que me quiere lo hace sinceramente. Este es el precio de la aventura de la soledad. No voy a empezar a hablar de mi infancia y de mi madre y de mi padre.
Me analizo como si fuera la selección argentina en el mundial de brasil, tratando de ser completamente sincero conmigo mismo y sabiendo que aun pudiendo ser una selección que tenga chances de ganar el torneo, hay otras selecciones que también están mereciendo lo mismo. Y entonces empieza a notarse cómo hay diferencias culturales, idiomáticas, de recursos, de identidad. En la comparación resalen las diferencias. Pero no vale la pena comparar, lo que vale son los partidos, por eso los jugadores y los técnicos, muy concienzudamente dicen todo el tiempo, repiten, que hay que focalizarse partido a partido.
Lloro las diferencias, pero es la cobardía que hay en mí, y a la que quiero vencer porque estoy hecho en estas contradicciones. Y escucho a los otros, a las opiniones de los otros que son tan diversas, algunas llenas de malevolencia en la que a veces puedo regodearme (venciendo o no a la culpa por dar lugar a la maldad), otras veces muy concienzudamente. Siempre me gusta escuchar a los que dicen que en el mundo hay otras cosas además de fútbol. Que es solo fútbol.
En mi laxa inteligencia proliferan las metáforas futboleras, sin poder despertar un interés hacia otro tipo de metáforas como pueden ser las cosas que ornamentan una casa, la naturaleza del campo, la vida de un perro.
Me doy cuenta que odiamos a los brasileros porque encontramos que en muchos más aspectos que nosotros son mejores. Nuestro resentimiento hacia el grupo humano que integra la selección chilena proviene de las diferencias que surgen entre ambas naciones, diferencias históricas y culturales. Con los colombianos sentimos empatía, porque territorialmente están un poco más alejados y no nos afectan entonces no nos podemos comparar, en cambio con los uruguayos sentimos simpatía porque están cerca y nos gusta compararnos y tenerles lástima, porque son chiquititos, como davides al lado de goliates que cada tanto recibe el piedrazo. Ellos nos odian, por eso nos tiran piedras.
Hoy es domingo, segundo domingo del invierno. Empiezo a escribir un texto en el que repasaré y experimentaré, para todos ustedes en vivo y en directo, el proceso por el cual durante tanto tiempo he tenido lástima de mi mismo, condicionando inconsciente e involuntariamente mi propia historia de vida, que en definitiva no es tan importante y que muy pronto será olvidada para siempre. Al fin de cuentas, otra historia sin historia.
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9:24 p.m.
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lunes, junio 16, 2014
la rabona de rojo
El pibe Rojo, Colorado para los finos, es uno de esos futbolistas ignotos cuya aparición sorprende en la selección de fútbol. Se trata de un pibe jóven con mucha proyección, el ingrato oficio de defensor lo expone a este tipo de ninguneos. Nadie hablaba de él, no lo conocíamos, otra cosa que le debemos a la casta de periodistas deportivos geniales que entre ventas y contratos siempre están dando relevancia a los autores de los goles, como si el fútbol no fuera un juego de equipo, y calla vilmente la presencia de los más sacrificados. El sacrificio consiste no sólo en el trabajo ingrato sino sobre todo en el olvido de la gente de la presencia de estos obstáculos humanos en el campo de juego. El pibe Rojo, una víctima más de la messificación, pero no tanto, porque de algún modo, a diferencia de jugadores con más protagonismo como Tevez, fue elegido para integrar el plantel que viajó al mundial y etcétera de todo lo que quieras.
A Rojo le gusta la cumbia, como a todos los pendejos adinerados que juegan al fútbol profesional y que creen que por ser ricos ya son exitosos y están salvados. Algún dios se ha encargado de demostrar esa ecuación que para los pobres artistas resulta ser una falacia, pero siempre está todo a comprobarse, y la comprobación es post mortem, y ya lo sabemos todos, estamos destinados al olvido, a la paz del cementerio. A quién le puede importar, desde esta perspectiva, el mundial de fútbol, ese lugar donde se congrega la gente de todo el mundo y fanatizados por la imbecilidad toman cerveza y deliran con los micrófonos de los trabajadores de prensa que tienen el tuperware de preguntar si prefieren a un jugador o a otro. Por el amor de cristo, no leyeron a Dante Alighieri?
No, no lo han leído, por eso la farsa está en su apogeo, en este momento hay gente que grita a un micrófono, y no hace 24 horas el chico Rojo, en ese contexto, se animó a hacer una pirueta para todos nosotros, una pirueta interesante, que nos hizo dudar de sus capacidades mentales, sí, pero que también nos puso en el lugar del desafío: marcó la cancha, señaló quién está dentro y quién está fuera de la cancha enviando el balón al lateral con un recurso que era la característica más realzada de un jugador que pudo hacerle sombra a cualquiera como Borghi: la mentada rabona.
Nos sentimos geniales insultando, eso es verdad. Es una descarga que deja a uno en estado de alegría, una alegría contradictoria. Un insulto es al mismo tiempo un modo de sentir la impotencia, por eso es una contradicción misma, un insulto es dar la razón al otro, un insulto es lo que sale de nuestro vocabulario cuando nos quedamos sin palabras. Eso surgió anoche ante el coloradito rojo valga la redundancia. El muchacho estaba comunicándonos sutilmente que quien estaba en la cancha era él, y que sus decisiones las toma pura y exclusivamente su mente en conjunto con su cuerpo. Por eso, y solo por eso, el fútbol y su colorido pierden sentido, porque de esto sale solo un ganador, un solo campeón, y es probable que el derrumbe de las ilusiones más insensatas sea una catástrofe. Dónde veremos la final del mundial? probablemente no la juegue argentina, eso es sabido.
Pero siempre quiero denunciar a la casta de periodistas deportivos, los verdaderos mercenarios que a cada rato les damos de comer dejando el televisor prendido. Esas publicidades absurdas alimentan sus bolsillos antes que a cualquier otro, esas opiniones vertidas intentando llenar el "tiempo de aire" (gracias al demiurgo del tiempo, al que pensó que cada hora tiene 60 minutos y que cada minuto tiene 60 segundos, y así sucesivamente para cualquier lado) con palabras que, dignas de borrachos y drogadictos, dictan lo que la gente repite por la calle, en la esquina de casa, en la panadería, en el curso de cocina, en los ascensores, en los colectivos.
No, nada tenemos que ver unos con otros. Ni siquiera con los miles de adinerados que viajaron a presenciar la ilusión, seguramente con el producto bruto interno, porque no veo que haya muchos amigos míos entre ellos, y además, acentuando la brecha entre ricos y pobres, claramente. Pero qué es ser rico, y qué es ser pobre? Gracias a Brasil que nos demuestra en carne propia que la desigualdad está en el límite de quién decide quién va a estar dentro y quién va a estar afuera del estadio, en definitiva, de la fiesta. Porque una fiesta, para que sea una fiesta, no puede ser de todos. La fiesta nunca puede ser de todos. Y cuando te dejan afuera de la fiesta, obviamente, además de decir que seguramente es una farsa, y porque duele, porque duele quedarse afuera, duele no estar invitado, pero todo ese dolor se resignifica cuando nos damos cuenta que nada de eso tiene sentido, y que hay otra fiesta en otro lugar que también puede ser divertida, y que tampoco es para todos.
Por eso, gracias pendejo, hacé lo que quieras.
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