martes, diciembre 21, 1999

el disco sale en japón (II)

es la historia de un señor y una señora. se encuentran en un consultorio, pero también puede ser un aeropuerto. es sin duda en una sala de espera. ella está embarazada, por eso va a ver al médico, o mejor por eso está por tomar el avión. él tiene un esguince de muñeca, y por eso está en la sala de espera del traumatologo, o mejor dicho, por eso mismo está esperando subir al avión. se cruzan dos miradas. dos. ella está tan embarazada que no le importa nada de nada el mundo, y gesticula una pequeña sonrisa. él está nervioso, acaba de perder doscientos pesos que tenía el día anterior en el bolsillo y que les desaparecieron misteriosamente. él la mira y piensa que sin embarazo debe estar buena la guacha. ella tiene facciones bellas, pero está gorda, es verdad. no sabe si lleva a uno o a dos o a tres personas en ese nido. algún día se va a enterar se supone, y criará hijos y le sacaran los ojos. ella es bella, las mujeres en la sala de espera suelen no ser muy bellas, las mujeres bellas tienen una sala de espera aparte. las esconden. para que los tipos como este no las miren todas con el deseo mezclado con la cosa esa de que se le perdieron los doscientos pesos. ella en cambio lo miró y la segunda vez sonrió. lo desea, es claro. una mujer embarazada no tiene escrupulos de nada, todo es culpa de la cosa esa que lleva dentro. lo desea y se rie porque no puede andar deseando así como así por ahi por las salas de espera. y lo desea con furia, mientras sonrie con esa mueca, lo desea por el orto, lo desea adentro todo, y se rie y piensa, como me gustaría ser su putita, le chuparía, y se rie porque se sorprende a sí misma en ese nuevo rol de sex symbol embarazada, y le echa la culpa de estas revelaciones sin represión y tan novedosas a las criaturas que tiene en esa panza y piensa que ellos también lo desean, y que desean cosas tremendas como que la madre se prostituya con ese hombre tan encantador de la sala de espera. que tiene un perfume caro encima, y una corbata roja. punzó. con pintitas. y se rasca el cuello, docilmente. cómo sería algo dócil, piensa. y reconoce la mano, y la sueña en su entrepierna.
ella está caliente. sabe que es porque puede ser uno de los efectos del embarazo.
él está caliente. perdió doscientos pesos, se esguinzó la muñeca y se hizo mal el nudo de la corbata porque le dolía mucho, a la mañana. y ella es bonita.
y hola qué tal, y hola hola.
y el médico que sale y el siguiente. y el avión que llama y a bordo.
y el adiós que es incertidumbre, olvido, medias tintas, esas cosas de todos los días.

domingo, diciembre 05, 1999

pra vinicius

domingo, noviembre 28, 1999

yo adivino el parpadeo

esto parece un aeropuerto. eso parece un avion. esto parece una mesa y eso mi equipaje. paula me guio hasta aca. ya no rezo.
las cosas estan asi, me voy a subir a eso que parece un avion. como las apariencias engañan prefiero no saber nada de todo lo que puede pasar hasta pisar en casa. casa es un decir: ese lugar hace un tiempo que no es mi casa. no tengo casa, quiero decir, ultimamente no tuve lugar fijo. he estado girando. estuvo dificil pero al final llegue hasta este aeropuerto, quiero decir, me trajeron... me obligaron. es verdad que hace mucho que pienso en casa, o eso que era mi casa, quiero decir, hace mucho que pienso en volver aunque sea a ver como estan las cosas. no es verdad, nunca se vuelve para ver cómo estan las cosas... quiero volver.
esto que parece una sala de espera me pone frenético. las salas de espera son peores que los cementerios, esperar es lo más parecido al infierno. una vez estaba en una sala de espera llena de gente. era en una estacion de trenes, no recuerdo ya. una de esas estaciones donde todo el mundo hace trasbordo. me llamó tanto la atención el hecho de que vi como se mezclaban los pasajeros, la gente que esperaba un tren, y los que vivían ahi, o que pasaban la noche ahi. la gente en una sala de espera repleta es una masa que da miedo, pero mirando a cada uno individualmente, todos presentan en los rasgos de la cara algunos gestos o facciones propias de la locura. la gente en las salas de espera esta loca, o parece loca. una vez en el tren, cuando la cosa se mueve, la locura se transforma en una cierta tranquilidad, esa tranquilidad de saber que uno esta volviendo, o esta llendo a algun lugar. las salas de espera son verdaderos manicomios sin medicos... por eso es que prefiero las salas de espera cuando estan vacias, asi no tengo que compartir mi locura con nadie.

sábado, noviembre 27, 1999

de las luces que a lo lejos

esto parece un aeropuerto. esto mi tiket parece. no es el miedo a los aviones, ni el miedo a que pase eso que ahora suele pasar ahora con el terrorismo. no digo que no sea terrible en terrorismo, y no sé decir qué terrorismo es peor. vivimos en el terror, digamoslo así. y no es que diga a mi no me va a pasar, mi avión no va a estar ocupado por terroristas y esas cosas que siempre piensa una persona que siempre piensa en si misma, como yo.
decir mi avion es una forma de decir. no es mi avion, no lo compre. es el avion de una empresa, y lo unico mio es el tiket.



estoy en esta sala de espera y no falta tanto para el abordaje y no tengo mucho para decir a la gente que anda por aca. todos van a free shop freneticamente, manga de giles. todos consumistas. yo mejor me quedo aca, escribiendo este libro, que no hay nada mejor que hacer en este momento. a mi me agarra asi, el ataque antisnob. no es soberbia, es que me revienta la histeria de las minitas en el free shop, me hincha soberanamente las pelotas, como me rompen las pelotas los empujones en las colas para entrar a un lugar o a una cancha de futbol.
ahora que me doy cuenta, no tengo espectadores. estoy aca, en esto que se parece un aeropuerto, en mi gran momento de creatividad, escribiendo esta historia de regreso, y nadie lo esta presenciando. paula ya se fue, me trajo y se fue, no queria verme, y creo que no quiere verme nunca más. ya la conozco, esos ataques siempre se le pasan un par de semanas después, pero a mi sus ataques me cansaron asi que esta vez la vamos a hacer sufrir un poquito más. hasta que deje de sufrir, porque en realidad no es que le importe tanto, pero necesita de la atención, y bueno... hay gente pa' to'.
cuantas veces cante oh pato. en los ultimos meses mientras estuve trabajando cante tantas canciones que ni me acuerdo, y entre ellas oh pato. los ultimos meses fueron una gran cosa, fueron especiales. no digo que las salas de espera no sirvan para hacer balances, a mi no me disgusta hacer balances. de todas maneras lo podemos dejar para cuando estemos en el avion. para entretener el viaje.
los balances son una gran cosa. a mi me salvan el optimismo. es que en la linealidad cotidiana a mi me pasa de ponerme pesimista y ver todas las cosas feas o todo el sufrimiento que cuando uno se lo pone a mirar mas detenidamente genera mas sufrimiento. primero hay que saber sufrir, dicen. yo no se, a mi los balances, despues de todo el sufrimiento, me dan siempre positivos. debe ser que se trata de pequenos duelos que voy haciendo, como si cada dia perdiera algo o se me escapara algo, pequenios fracasos... es como si necesitara velarlos para poder saludar y dejar ir.
no es que me haga el psicologo, pero qué importante que es conocerse a uno mismo. un comentario de ese tipo en una antesala de avión, no sé por qué, pero me hace pensar en dos viejos sentados en un patio de parra descalsos tomando mate en un atardecer de verano. yo soy muy pintoresco para imaginar, si queres te imagino los detalles de la casa. y mi imaginacion, es verdad, esta llena de cliches, porque la verdad que imaginar un comentario semejante y darle un contexto semejante, se me hace como que termino por pensar que como puede ser que no pueda imaginar algo mejor. siempre me pasa que todo lo que imagino tiene fecha de vencimiento, como un tarro de comida comprado en el super. no pasa mucho tiempo que ya no me gusta lo imaginado y lo desdeño. siempre desdeño. es que siempre uno se puede superar a uno mismo. por ejemplo ahora que estoy en esta sala de espera, no tenia nada mejor que hacer y me puse a escribir esto que no sabemos a donde nos puede llevar. hay tantas cosas que podria contar. las historias son asi, sencillas o complicadas, pero tiene que entenderse. a mi me pasaron tantas cosas ultimamente que la verdad que no sé por donde empezar. me siento un poco como ulises en la isla de los feacios que se pone a contar desde el final de la guerra de troya hasta el momento actual, relato por el cual se gana el pasaje a casa. y despues cuando llega a su casa es otra historia... a mi siempre me viene el comentario erudito, es algo que esta en mi y que no me gusta tanto. a veces quiero vencerme a mi mismo y me censuro y me censuro. deberia mejormente dejar de censurarme y aprender a quererme asi, y si me salen los comentarios eruditos, y bueno, aprender a llevarlo con la mejor elegancia posible. es que yo creo que los comentarios eruditos no son elegantes, la humildad es elegante. macedonio fernandez, siguiendo con mis comentarios eruditos y todavia sin caer en el clasico argentino, dicen que contaban los que lo conocian que este hombre siempre en lugar de decir una opinion decia: "usted tiene razon cuando dice..." y siempre le daba el merito a otro. eso es un parametro de la elegancia. la sabiduria es elegante, pero quien desembucha es necio, el pez por la boca, dicen. yo soy un poco un pez, y ahora estoy en esta sala de espera y todavia no dije cuantos minutos me faltan para tener que pararme y ir hasta el avion: cuarenta minutos para el embarque. que raro que le llamen embarque a subir a un avion: es un avion no un barco. deberia ser avionarse, o un termino asi.

viernes, noviembre 26, 1999

van marcando mi retorno

los regresos son asi. no es que este imaginando una penelope que este tejiendo y destejiendo. en este preciso instante nadie debe estar tejiendo nada por mi. en realidad esa diferencia la tengo con ulises. a mi nadie me espera en ningun lado. paula se fue y me dejo en la puerta del aeropuerto. no me importa a donde se fue ni que fue a hacer con quien sea que vaya. no me importa mas paula. hablo de ella porque anoche era la unica persona en el mundo que todavia me esperaba, es verdad que lo unico que esperaba era que cierre esta maleta, iba a ponerle el epiteto de maldita. maldita maleta. todavia no hable de mi maleta. digo que hay gente en el mundo y ninguno me espera en nungun lado y de eso estoy seguro. es triste pensarlo asi, es triste pensarlo. por supuesto que me gustaria ser esperado por alguien, pero por que habrian de hacerlo. que he hecho yo para merecer esto. nada. o todo lo contrario, y es verdad, no merezco ser esperado. cuando todavia estaba alla, fue asi, un dia agarre mis cosas y dije me voy y me fui y despues se fue cortando y la vida es asi, como dice un amigo: la vida... y es normal, me parece, de la antesala del avion, pensar si alguien puede estar esperando, una penelope... pobre infeliz, se me viene a la mente, esa parte de la cancion... me hace reir. rio y rio solo y la gente me mira y es como que se sorprende que una persona pueda reirse sola. estoy escribiendo mi regreso seniora, le sugiero que no me mire. si, me rio solo, porque tengo este poder de reirme solo, dejenmen en paz...
maldita maleta decia, no tengo que olvidarme de hablar de mi maleta. la tengo llena de cosas que no sirven para nada. de ropa tambien. no es que sea pesada, la pesada en realidad ya la deje y me la estan cargando en el avion y ahora en unos minutos mas voy a mirar el reloj de nuevo para saber cuanto falta para subirme al avion, pero todavia no quiero, no quiero mirar el reloj, el reloj me pone ansioso. por eso deje de usar el reloj pulsera, porque me miraba todo el tiempo, y lo peor que le puede pasar a una persona es agarrar tics. bueno, no lo peor lo peor de lo peor, pero si algo que queda feo. ese tic de mirarse la munieca constantemente aunque no tenga reloj es tremendo. o me pasaba que miraba la hora y era como que estaba pensando en otra cosa y no miraba la hora en realidad no estaba mirando entonces no pasaban diez segundos que tenia que volver a hacer el gesto de mirar. lo tremendo de mirar dos veces el reloj en menos de diez segundos, lo peor que te puede pasar es tener que mirarlo por tercera vez: ahi si que me sentia un pelotudazo total, pero quedo siempre en secreto entre mi y yo. y los que se dieron cuenta de que era un pelotudazo total es seguramente porque se sintieron identificados.

no es cuestion... no tengo que volver a pensar asi. no soy un pelotudazo total. no importa si no hay una penelope, si no hay una cruz. si no hay una penelope cruz... la cruz la llevo conmigo, yo soy mi cruz. digo, es hora de conocer nueva gente. despues de todo paula no fue tan mala, no es que no me quisiera, es que no nos entendiamos, y ella no me soportaba mas. es muy poco tolerante esa chica. y eso yo no lo puedo tolerar, si hay algo que no puedo tolerar es la intolerancia. paula era intolerante, me alegra que me haya dicho que me tenia que ir. no es que me haya echado, se cumplio un ciclo y listo. todo sanos y vivos y cada uno a su casa. la verdad es que estoy contento de volver a casa.
me acuerdo de ese dia que estabamos paseando. estos paisajes aca son maravillosos, pero yo sentia esa necesidad de volver a casa. no pueso disfrutar cuando me viene esa necesidad de volver, no estoy es como si estuviera ausente. me acuerdo de ese dia que ella me dijo: es como siento que no estoy, estoy pero no estoy. estabamos en un parque, los lugares para pasear aca los paisajes son maravillosos, no son como nuestra pampa ese infinito interminable y el horizonte esa linea recta, interminable. aca hay unos lugares increibles, y la historia, y el arte y todo. bueno estabamos en un parque, tirados en el piso, y nos habiamos tomado una cerveza. a ella una cerveza le hace el efecto ese que le hace a tantas mujeres, pero no a todas. a algunas las duerme a otras las alegra. peligrosas aquellas que se toman dos y andan besandose con cualquiera, queda feo, eso si, y ademas es peligroso, muy peligroso. mas que los atentados terroristas.
pasaron veinte minutos y vuelvo a pensar en los terroristas. no es que les tenga miedo, digamos que es un poco de morbo aereo, es parte del folclore. es verdad que los aviones se caen. como es verdad que los autos vuelcan y que los barcos se hunden. y asi sucesivamente. y los trenes se descarrilan y los puentes se caen. aca conoci un puente que esta en pie desde hace mas de dos mil anios y sigue en pie por mas que lo quisieron voltear tantas veces. tiene escrituras en latin el puente tiberio. es un puentecito de piedra re groso, pero lo mejor es la historia que tiene...


continuara con puente tiberio...

jueves, noviembre 25, 1999

son las mismas que alumbraron

si me pongo a pensar, no es que haya extrañado. todo este tiempo que pasé acá esta marcado de tantos cambios, y de tantas cosas nuevas. es lógico, uno cuando está lejos de su casa, y cuando digo su casa digo sus cosas, el patio, la heladera, las pequeñas cosas de siempre como el olor de la lluvia, el gato del vecino, mi pie en el culo del gato del vecino... cuando está lejos decía, no está. no es como la muerte, que es la desaparición de todo. es como la falta, como se te faltara un brazo o una pierna, pero no es lo mismo exactamente, pero parecido. en realidad a mi nunca me faltó mi brazo ni mi pierna, pero esta amputación de mis cosas fue una cosa rara, que me trajo su perplejidad. sin embargo estaba con gente que estaba sí en su casa, y que no le faltaba eso, pero le faltaban otras cosas y que me miraban con esa misma cara afascinada de los que tienen en el fondo de si mismos ese mismo impulso y que no lo pueden sacar afuera todavia. el impulso de escapar o de salir a ver el mundo... de salir a ver: esa expresión me llena de impresiones. el mundo parece un mercado, pasen y vean.
paula cuando creyó estar enamorada de mi, en realidad estaba enamorada de ese impulso, pienso. hace rato que me lo digo. se encontró con un tipo al que no le importaba nada, eso la asustó como la atrajo. me dí cuenta. creo que lo que eso mismo fue lo que la separó, el hecho de que ese mismo impulso que en ella está, como una necesidad que no se puede satisfacer, no lo puede exteriorizar, y es como que lo niega y no quiere irse, y al mismo tiempo se fascina por el que sí lo hace. en este mismo momento se debe estar enamorando de otro extranjero, eso es seguro. es como un conflicto que tiene dentro de sí, como si fuera una guerra entre los genes de la mamá y el papá.
qué guerra. qué carajo. la guerra a mi me preocupaba cuando era chico. ahora me chupa dos pomelos. porque son guachos, porque no dicen la verdad. mienten y se cagan en la gente pobre, los hacen escenarios de los odios, los cargan con armas cargadas por mercenarios. las guerras. cuando era chico me acuerdo, no me acuerdo de malvinas. me acuerdo de las caras de unos pobres tipos pidiendo ayuda porque habian sido soldados y que los abandonaron a tal punto que sienten que tienen que esconderse. sienten verguenza. deberiamos sentir verguenza. deberian suicidarse los guachos que inventaron esa guerra.
qué patriota, escribiría algo así y lo sacaría en el diario. así todos pensarían que soy un periodista comprometido y que sólo me interesa la verdad. todavía no sé que rol inventarme cuando llegue allá. el del periodista comprometido me atrae, pero no tanto. el del comediante no sé, es como que todavía me falta una vuelta de tuerca. de todas maneras ya sé que cuando llegue nadie me va a estar esperando. sin embargo me gustaría que me esperara, para que voy a negarlo, pero no. no quiero saber nada con esa guacha perra.
ni con la otra. no quiero saber nada con ninguna. me arruinaron la vida, que se dediquen a otra cosa en lugar de arruinarle la vida a los demas. o mejor, dejaria que me la arruinen de nuevo, asi me vuelvo a ir y a lo mejor me vuelvo a encontrar a otra paula que me quiera mas y listo.

miércoles, noviembre 24, 1999

con su palido reflejo

estaba por pedir un café pero esto que parece un aeropuerto me da nauseas y pierdo las ganas de consumir. es que parece una bataola de cosas que estan por caer arriba de uno, de uno mismo. negocios y negocios y negocios y pasillos y ruidos de aviones que vienen y se van, y no piden pan, y no les dan, nada.
una golosina me indigesta. la gesta del indio. comprendo, son los nervios antes de subir al avion, a cualquiera le pasa. a cualquier avion. no hay aviones mas seguros que otros. cualquier avion se puede caer. en realidad hay aviones mas nuevos y mas viejos y hay aviones mejor mantenidos que otros, y seguramente hay pilotos mejores que otros. pero los aviones para mi son cosas que suben y bajan y ya. no sé de aviones. no sé de autos. no me voy a poner a opinar de cosas que no sé, aunque lo hago todo el tiempo. me encanta. en una epoca queria ser director tecnico de un equipo de futbol solo que nunca habia sido jugador, y para ser director tecnico de un equipo hay que haber sido jugador por lo menos algun tiempo. yo queria ser director tecnico porque siempre son los mejores opinologos sobre la cuestion de futbol. y porque en las discusiones sobre futbol esta visto que puede ganar cualquiera porque es todo mucho mas relativo que otras cosas, por ejemplo la politica o la religion. solo los imbeciles no hablan de politica ni de religion, y como yo nunca hablo con imbeciles hablo siempre de esos temas con gente que piensa como yo. pero el futbol es un tema que siempre se puede conversar con cualquiera, con todo el mundo. por supuesto que siempr ees importante saber otros temas porque a muchas mujeres no les gusta hablar de futbol y hay que hablarles de otras cosas, por ejemplo de la literatura del siglo XIX, que por cierto a mi me encanta. llego la hora, tengo que subir al avion...

lunes, noviembre 22, 1999

son las mismas que alumbraron (coro)

esta noche en el avión no voy a poder dormir. me duelen las piernas, nunca debería haber ido a correr un día antes de tomar el avión. qué se me pasó por la cabeza, correr... imbécil idiota. me duelen las piernas y los brazos. me gustaría que me doliera la poronga, pero ni siquiera. quién me estará esperando? ya no se acuerdan de mi, diez años es demasiado tiempo. pero a lo mejor sí... ya ni me acuerdo las caras. los nombres sí, somos puro nombres.
el vino anoche me cayó mal, no estaba agrio pero tenía un sabor raro. y esa manera de insistir, otra botella otra botella, fanáticos. saben que me gusta y que no paro, y me hacen emborrachar. ese vino estaba malo. o era un mal vino. como el que tomamos esa vez en córdoba, para ese asado. estabamos en las sierras, acampando con los pibes, quienes estaban? a ver si me acuerdo. debería acordarme, yo siempre me acuerdo, y si no me acuerdo tengo que pensar a ver, eramos palo rolambre jorgito el loco pereyra y estaba cerca gerardo, parando con el grupo musical. y nos comimos ese asado gerardo vino un rato más tarde, y era al mediodía, y se sumó el pelado que estaba manejando un bondi para un contingente. ese asado fue al lado del río, a pleno mediodía de pleno sol de pleno verano de la plenitud más plena de la vida. eramos pibes, pero pibes pibes, y estabamos llenos de ilusiones que lindo. nunca me hubiera imaginado todo esto que podía pasar. palo se fue a vivir a brasil, rolambre no tiene más hambre, estaba el inútil garcía me acuerdo en esas vacaciones. grande el inútil. y palo vino con esa damajuana de dudoso valor, y yo compré la carne porque como mis abuelos tenían la carnicería yo conocía de carnes más que todos, pero no era verdad, yo elegía la carne así nomás, pero no estaba mal, el loco pereyra prendió el fuego y todo, y nos quedamos horas horas horas tomando el vino, después de comer, y charlando. y ahi fue que cayó ese borracho que habíamos cruzado la noche anterior, se llamaba ortiz. tiro dos o tres frases que dejó a la muchachada dura de estupor, porque así le llamabamos, sí ahora me acuerdo que decíamos "estupor" todo el tiempo, "qué estupor" decíamos, y decíamos "patético", "y cómo estuvo?, patético", decíamos. y el tipo nos dejó estupefactos. dijo, "conversando con el pasto me llevé el silencio", y dijo algo más que ahora no me acuerdo pero que gerardo se va a acordar seguro cuando le pregunto. qué será de la vida de gerardo, chanta del orto. la cosa es que este ortiz vino con esa que hacen los borrachos que vienen y se te sientan ahi vos estás al lado del río y el tipo viene con su botella medio consumida y ve vino y se sienta con nosotros que estabamos alrededor del fuego. pero no porque era verano y era medidía y seguro que hacía calor y estabamos al lado del río, pero estabamos a la sombra, y bueno, ese día no recuerdo bien. pero no importa, la cosa es que el tipo irrumpe y nos empieza a tirar frases y nos cuenta su historia que había estado en la carcel y que había matado a un hombre, y qué sé yo que más. y nosotros que en esa épcoa creíamos en los misterios y todo el tiempo estabamos buscando aventuras donde no las había, dijimos esto es una señal. si hubiesemos pensado que era una señal que nos estaba diciendo que nos ibamos a morir de hambre si la seguíamos seguramente no nos hubiesemos dado por enterados, porque la verdad es que estabamos creídos que las sabíamos todas. pero no, y al final lo de siempre, de hacer de todo un misterio, de escrbir una historia, una leyenda, de todas esas fantasias románticas siempre se termina en el mismo lugar miserable, ahi van esos son los borrachos del tablón. era verdad, el problema era en ese momento en esos tiempos, era con las chicas.

domingo, septiembre 05, 1999

Pequeño Dominó

El primer beso

Jugábamos a la guerra. Tirábamos tiros de verdad pero con la boca. “pum, pium, pum”. Y caían muertos en la vereda los enemigos. Yo no entendía el juego y me decían que me quedara en la trinchera. Los otros corrían y se desparramaban en un verdadero frente que era una mezcla de segunda guerra con el escenario de los cowboys del oeste. Y cuando ya no quedaba nadie vivo yo salía de mi trinchera y enfilaba para casa. “No me gusta jugar a la guerra” le decía a mi mamá. Yo tenía mi pistolita de calibre pequeño y todos los demás iban con carabinas.



¿A dónde fueron a parar…? Éramos felices cuando estábamos juntos, y éramos infelices cuando no. Y jugábamos a las escondidas y nos íbamos a dormir sudados. Y al día siguiente nos volvíamos a encontrar y volvíamos a inventar juegos o nos trepábamos a los techos o a los árboles de mandarinas. “¿Y ahora qué hacemos?”. Y volvíamos a inventar un juego salvador del rato, y hasta podíamos enfrentarnos con los chicos del barrio de más allá al fútbol, en esa canchita que estaba terriblemente inclinada, y después la revancha de locales en la cancha de cemento. Y volver a encontrarnos al día siguiente, y a charlar y a reír. Y andar a la tarde por ahí, sin cuidado, sin problemas, tan llenitos. Y llegaban las fiestas, y tirábamos fuegos artificiales, y volvíamos a jugar a las escondidas, y las bromas se daban y estábamos ahí. Y mirábamos a través de dos ojos que no eran ojos o con una mirada que no era mirada, o que no estaba llena, o que era virgen de muchas cosas que después supimos y no quisimos avisar. Mirábamos como a través de unos lentes que eran todo el cuerpo pequeño y toda la fiebre de ser chicos que pretenden ser grandes. En esa época escupíamos con holgura, con soltura, con pavoroso aire criminal, desde el cuarto piso, y la gente que pasaba miraba para arriba y no veía a nadie.

-¿Te acordás de esa tarde en que te subiste al mástil?
-Qué boludo no.
-Casi te matás.
-Éramos tan ágiles.
-Éramos unos boludos.
-Pero quién era más boludo.
-Nosotros no, los del otro barrio. Qué boludos.
-Eran bastante boludos.
-Y te acordás cuando lloraste al final de ese partido contra Cañada.
-No, no me acuerdo.
-Yo sí me acuerdo, llorabas desconsolado, perejil. Eras un boludo. Como me reí cuando te vi llorar así.
-Cómo que te reíste?
-No era para tanto, goma.
-Goma? De donde sacaste ese vocablo
-No te acordás, de goma goma goma goma goma
-Que lindo y qué simpático que sos? No, me acuerdo del boludo de la televisión
-Gomazo súbete
-Pero no te acordás que era como decir tonto, goma, bobo, etcétera etcétera etcétera
-Vos sí que andas hablando bien, etcétera
-Son los años, vió, uno aprende palabras
-Así te hace la ciudad a vos
-Eso dicen
-Pero se ve que te seguís acordando del campo
-Un poco



Entonces nos fuimos a nadar. Vos nadabas con el agua en la cara. Y te habías recogido el pelo. Y sonreías. Y yo te miraba y sonreía y vos me mirabas como yo te miraba y te hacías la linda. Tenías esa mayita negra entera, pero ya querías ser grande y que te crezcan las tetas y el culo y poder usar bikini y andar por la pileta y que todos los chicos te miren, porque eras linda. Y ya querías eso pero igual podías disfrutar de nadar conmigo y que yo te mire, y yo nadaba con vos y reíamos. Y vos me decías “te gusta el agua?”, y yo te decía “sí”. Y yo no te decía “pero más me gustas vos”. Y después íbamos a donde estaban todos y vos te ponías la toalla que te cubría el cuerpecito divino, y jugábamos con naipes y vos te ponías en el equipo contrario y ya no querías estar conmigo, y ya ni te acordabas que un rato atrás habíamos estado nadando juntos y que te había hecho amor con la mirada, y habíamos sido felices. Uno siempre traiciona lo que ama.


En el recreo nos agarrábamos a las trompadas en el centro de la cancha de fútbol. Había dos bandos, pero no estaba muy claro quienes eran los buenos y quienes los malos. Y algunas trompadas eran de verdad, de verdadero odio, verdadera rivalidad. Llegó un día que la cosa se puso irreconciliable. La guerra era tal que llegábamos después al aula todos ensangrentados. Todavía creíamos que la venganza era posible.
La guerra después se extendió a todas las horas del día. Y se terminó cuando pasamos de grado.

Después nos hicimos amigos. En realidad siempre habíamos sido amigos. Pero no nos hablábamos mucho. Y no por alguna razón demasiado ancha. En realidad porque éramos muy orgullosos y líderes, si todos nos seguían. Era la época de los granos, él tenía la cara llena de granos, como un choclo. Yo no. Por eso de que yo llego siempre más tarde a todos lados. Cuando él dejó los granos yo estaba en mi apogeo, y cuando yo los dejé fue justo cuando empezaron a estar de moda. Íbamos con los granos en la cara a todos lados. No podíamos elegir y ponerlos o sacarlos, veníamos equipados con ellos. Y caminábamos para todos lados, y nos hacíamos los mayorcitos, y comíamos lo que daba la calle, y creíamos que ya éramos adultos. Yo saludaba menos, era un poco retraído. Pero igual, qué cantidad de chicas nos miraban cuando pasábamos cantando esa canción que todavía no estaba de moda, pero que sabíamos que iba a estar de moda pronto, y nos encantaba hacernos los vanguardistas. Y creíamos que sabíamos cosas. Y no sabíamos absolutamente nada de nada, tal cual ahora.
Y era todo de tierra, y entonces con la lluvia era barro y nosotros nos embarrábamos todos, de pe a pa, bien completos pero no importaba porque después las manchas salen cuando se lava la ropa y nosotros queríamos disfrutar de la lluvia, porque era así, cada vez que llovía había que salir a recorrer el espacio que conocíamos pero con el cielo despejado, y era otra cosa. Era como más nuestro, más adquirido. Y sobre todo la parte de trepar esa montañita de tierra que entonces era barro, y nos ensuciábamos las manos y debajo de las uñas y trepábamos y después ya arriba con la lluvia que era por lo general una llovizna suave que suele caer durante una o dos horas y entre dos chaparrones bien fuertes, y esa llovizna que nos hacía entrecerrar los ojos para mirar mejor entre el agua vertida y el mundo y veíamos a las mujeres desnudas en esa casa pero él veía mejor, y se tocaban y nosotros juntábamos, coleccionábamos imágenes para nuestras fantasías individuales, y no nos importaba si estábamos empapados de pe a pa y embarrados de pe a pa, si estaban desnudas, estaban desnudas.



Y yo que les había contado a algunos lo que me gustabas. Nos habíamos encontrado dos o tres veces de mañana en el mismo lugar y de casualidad. Y yo que empezaba a creer que las casualidades no existen, tuve que pensar que era el amor. Y lo bien que me hablabas. Y yo que te sonreía y vos también o sea que te gustaba. Y decíamos cosas re interesantes y chusmeábamos de los amigos y las amigas, y nos hacíamos los grandes. Después fuimos con todo el mundo a tu casa, y alguien que sabía desparramó que me gustabas. Y yo no supe decírtelo y tampoco supe cómo volver a mirarte. Y vos no volviste a aparecer en esa esquina. Después te vi venir, madurita, superior, con aires en el pelo, saludando de lejos, prestándole a mi entendimiento tu manera de mostrarme la poca importancia que siempre creímos que se merecía mi facha. Pero yo tampoco era el mismo, y a pesar de que me recordé que éramos tan chicos, también pensé que no me importaba.


Me arrinconaba y me miraba fuerte fuerte a los ojos. “Decíme quién te gusta, yo soy tu amiga”, me decía. Tenía los ojos como el agua, y era flaca y bonita, pero tenía algunos defectos: era una arpía y al mismo tiempo la novia de un amigo: cómo le iba a decir… Y ella me perseguía y me decía que era mi amiga y que me ayudaría y que confiara en ella, mientras se me acercaba cada vez más con su boca y su cara y sus pelos cerca, tan cerca como yo no quería saber cuanto, y después yo corría y le decía “no, no te lo puedo decir, no te lo puedo decir porque no te lo puedo decir”.
No era para tanto: yo estaba enamorado de ella y no era la primera vez que me pasaba aunque siempre que uno se enamora es una primera vez, porque siempre es diferente. Pero ella era una arpía y no era Venus y era la novia de un amigo. La olvidé rápido.


-Si lo agarro lo mato. No puede parar de hacer pavadas
-Pero no te preocupes, si te jode porque te calentás
-Pero cómo no me voy a calentar con la jodita que me hizo, lo mato, lo reviento
-No vale la pena, es un tarado, dejalo solo…



Era en la mesa redonda, luz pálida de las cuatro de la tarde de un día cálido y húmedo de invierno en la región pampeana, clima subtropical (ese mismo día vientos leves del sur sureste, temperaturas entre los 12 y 16 grados, la presión atmosférica de 1000 hectopascales). Las referencias son necesarias, era la hora de ponerse profundo. Era Meditations de Coltrane o la versión de Liebman posiblemente. Entonces dijimos que estábamos cocinados, que esto que éramos entonces, en ese momento, no lo íbamos a volver a ser jamás por todo eso del río y de bañarse, pero eso no fue lo que nos aterró. Nos aterró darnos cuenta que una parte de eso que éramos, que era también eso que éramos y somos, lo íbamos a tener que ser por siempre y para siempre, y vos dijiste “las cartas están jugadas”, y después nos pusimos a hablar de chicas, otra vez.


Se subió a cococho sin solicitarme permiso y era la guerra de cocochos en el agua, y cargaba en mis espaldas sin haberlo jamás pretendido, por un segundo y para toda la vida, a un ángel.


Había que soplar: vos soplabas y yo hacía que soplaba y entrecerraba los ojos y te miraba como soplabas, porque me gustaba como ponías la boca, pucherito. Todo el mundo debería haberse parado a mirar cómo ponías la boca, esa trucha preciosa. Soplábamos contra el viento para que se vaya y nos deje en paz, para poder seguir jugando tranquilos. Y poder seguir sacando fotos y correr. Porque habíamos corrido por toda la montaña y por toda la orilla del lago y habíamos llegado al dique y habíamos encontrado el lugar exacto para las fotos y lo demás. Y vos habías inventado esto de soplar contra el viento, que hacías cuando eras una mocosita, que soplabas contra el viento con toda esa boquita de nena y el pelo que se te levantaba y el viento que cesaba y dejaba que todos los niños del mundo pudiéramos jugar un rato más. Por en ese tiempo vos y yo no existíamos para el otro, aunque yo ya sospechaba que podías existir. Aunque no pensaba demasiado en eso porque tenía que jugar. Pero cuando soplamos juntos contra el viento era otra cosa, aunque seguíamos siendo niños.
Entonces soplaste fuerte, y yo te agarré de la cintura, y te levanté alto, y vos abriste los ojos y reíste y gritaste y yo te llevaba levantada y reíamos y el viento se había calmado efectivamente, y el sol que estaba arrinconado en la montaña saludaba y el dique lleno de gente buena y de peces gigantes se reía con nosotros, y los arbustos y las piedras nos preparaban la merienda y nosotros saltábamos y no parábamos de reír un segundo. Ese fue el momento en que la cámara de fotos voló por lo aires y se hizo bolsa en mil pedazos, ¿entendés ahora por qué te digo que fue culpa mía?


Escupía con motivos justos. No escupía porque sí o porque sa. No iba escupiendo por ahí por deporte, aunque confieso que alguna vez habré escupido por deporte, para ver quién llegaba más lejos, o meábamos con los chicos de entonces y mirábamos quién llegaba más lejos o quién meaba más tiempo, pero era una competencia que duraba de cinco a diez minutos, después hacíamos otra cosa ¿Te imaginas si nos la pasábamos escupiendo toda la tarde?, no hay boca que aguante. Entonces, escupo porque la boca se hace una cosa rara que hay que limpiar y una escupida no es nada, ¿tanto asco te da? Lo que sí es que ver escupir a una mujer no es divertido, es más bien fiero. A un hombre sí, es tolerable. Pero es una escupida nada más, sino ¿cómo me saco de encima todo este pasto que tengo en la boca?

Una tarde inventamos una excusa para armar un baile. Tan inocentes, los chicos llevábamos coca cola, y las chicas papitas. Y le llamábamos “asalto”, sin que matemos a nadie, y sin manos armadas. Y si iba el hermano de un amigo se pudría todo, porque algunos lo soportaban y otros no; yo me reía porque también era mi amigo, pero cuando se ponía loco, hacía que todos le obedecieran y ponía a todos de su lado contra uno que se quedaba solo y lo sufría y eso que todos saben, chistes, bromas pesadas. Pero si no iba, por ahí jugábamos, o hablábamos en secreto los chicos de las chicas, las elegíamos, imaginábamos los besos posibles e imposibles, y también bailábamos. Bailar era moverse primero rápido y más tarde lento y tomados hombros y cintura y a cierta distancia, y sin que la mano baje más de lo debido, que sino las chicas se hacían respetar en su mismo momento.
Y vos le mandabas toda la mano al culo a la que se dejaba que le encantaba y por eso se ponían un poco alejados de los demás, como buscando lo oscuro, y ella se dejaba tocar el culo por vos solamente, pero toda la noche, y ella al oído no te decía palabras malas, te hablaba y vos no escuchabas, te decía que el mundo era una cosa así y asá y que el amor era importante. Resultó ser la más pura de todas.
Te conozco mascarita. Eras la que me decía secretos en la noche de verano, cuando estaba en la plaza y una mano me hacía señas y me llevó hasta el barrio sin luces contra un árbol, un ombú, y me dijo hasta te quiero. Y me llamabas por mi nombre y me conocías y yo no sabía nada ni veía tu cara porque tuviste cuidado y me llevaste a escondidas a lo oscuro, y después mucho después te conocí y nos hicimos amigos. De esos amigos que comparten muchas cosas, y muchos ratos. Hicimos de todo y para todo, éramos tan compañeros. Y todo a la luz, y también en la oscuridad. La cosa es que no sabemos después qué pasó, nos empezamos a llevar mal y cuando pudiste te fuiste con otro. Deben haber sido los miedos, o las ganas de seguir viviendo o a lo mejor las ganas de que el otro fuera libre, si tanto nos queríamos.
Y ahora, mascarita, te conozco. Venís así desnuda y yo ya sé como es tu piel, a pesar de que cambie, como todo cambia. Yo conozco tus huesos, y las figuras que dibujan tus perfiles. Te conozco mascarita desde que éramos así, desde que nos encontramos en los oscuro y nos robamos el beso como dos chicos que éramos, porque éramos púberes y libres. Y yo estaba en una plaza y vos me hacías señas desde lejos y como había más gente no sabía si era para mí o para otro. Y te conozco porque conozco el mundo con vos y conozco el mundo sin vos, y ahora que venís así, disfrazada, mascarita, veo el mundo, y veo de nuevo todo lo que no vi estos días que pasaron que vos te fuiste y no mandaste ni siquiera una postal de Singapur para decirme que estabas bien y dejarme tranquilo. Y te conozco mascarita porque sabía que ibas a volver disfrazada de algo para que no me diera cuenta que eras vos, pero no contabas con que yo te quiero así como sos, mascarita, pero no te puedo perdonar porque te quiero así como sos, porque si te perdono sería porque no me importa más, y yo quiero seguir conociendo el mundo con vos, mascarita, no te puedo perdonar porque quiero que estés un rato más conmigo y que la pases bien acá. Pero no te voy a retener si te querés ir, podés hacer lo que desees, y yo puedo ver como hago para extenderte un certificado de perdonamiento, y arreglamos así. El tema es que el próximo carnaval, cuando vos no estés y haya otra mascarita voy a tener que decirle “te conozco mascarita” y me dé cuenta de que no sos vos, entonces, sabiendo que nunca más vas a volver, voy a mirar un rato el piso con tristeza. Pero el carnaval sigue… pero tengo el presentimiento de que sí vas a volver.
-Tenés la rueda baja.
-Entonces la agarré contra un árbol
-No te puedo creer
-Y empezamos a besarnos y entonces le agarré las tetas así
-Qué hijo de puta
-No sabes no sabes
-Qué hijo de puta
-Y le levanté la remera
-…
-doblamos acá; y se las empecé a chupar
-no te puedo creer, cómo? Le chupaste las tetas?
-Si, no sabés lo bueno que está, boludo, te pido, no le digas a nadie que…
Me interesaba el fútbol, los deportes, quería seguir jugando y mis amigos ya empezaban a quedarse más tranquilos, a charlar de mujeres y a decir pavadas. Yo quería seguir siendo chico. Y tuve que crecer porque el cuerpo me lo pidió, que si fuera por mí sigo jugando.
Y los reyes magos, esa farsa bendita que se huelen los olores del verano de los zapatos familiares, con sus dromedarios hambrientos a cada rato, saciados en cada casa, me trajeron entre sus bolsas un poco de mirra y los veinte éxitos de oro de los beatles. ¿Cantaste alguna vez “Here comes de sun” sin sentir el olor del mar de aquellas vacaciones?
Un cielo nublado, un cruce de caminos cerca de la costa, la playa y la ruta, el asiento trasero del lado del conductor, mis hermanas, las medialunas, y get back to were you once belong.


“A mi Tucumán querido cantaré cantaré cantaré” cantábamos, como si estuviera bien, como si no desafináramos. Teníamos un hermoso fogón, teníamos muchas ramas para quemar y muchos días para muchas ramas más para quemar. Teníamos cigarrillos también para quemar, porque ya nos hacíamos los grandes. Y cantábamos folclore, y después rocanrol y después nos copamos mirando el fuego y él decía pavadas y el otro se las seguía y el fuego no se extinguía. No sabíamos que al día siguiente iba a llover todo el día y nos íbamos a mojar, que es la ley de los campamentos, mojarse. Tampoco sabíamos que a los dos días se iba a llenar de sapos porque eso suele suceder en los campos, y sobre todo cuando hay un campamento: se llena de sapos y corren todos. Y nosotros los pateábamos y los corríamos y nos divertimos aun en el barro. Y cuando ya nos aburrimos de la lluvia y de los mates espantosos que cebaba una serranita, inventamos el caramelo y el almíbar, poniendo agua de lluvia en una hoja de árbol preferentemente limpia y grande, y previamente rellena de azúcar, la poníamos sobre el fuego y luego la chupábamos. Así habremos estado tres horas, hasta que se nos hinchó la panza y escampó un ratito.


Cuál es el tema?: la boca. Con un amigo visitamos la Boca, anduvimos caminando por Caminito. Con vos descubrimos que sin la boca es imposible hacer el amor. Nos pueden cortar un brazo (uno), podemos quedarnos ciegos, mudos, sordos, pero no nos pueden sacar la boca. Sin la boca, sin tu saliva sabiendo, sin tus dientes mordiendo se hace imposible. No nos amputen la boca.
Creías entonces, decías, cuando eras chica (siempre sos chica) que las prostitutas no besaban. A mí me habían dicho lo mismo, y por esa misma razón nunca pagué una prostituta. “Bendita sea la boca que da besos”, cantamos entonces. Hablaste de la esencia, y yo te miraba gesticular (esa boca que es una locura). Nos mirábamos fijos a los ojos, pero mis ojos se iban a tu boca. Tu boca que fue el pecado más dulce, el pecado que me condena al infierno al que voy a ir cantando la canción más alegre del mundo.
La boca, iglesia barroca: ese afuera y ese adentro tan maravillosos. Tu boca sopla, dice todas las palabras, come, bebe, escupe. Tu boca llora y ríe, tu boca mata y muere. Tu boca muerde con rabia y pasión. Tu boca se inclina lúcida siempre que sabe lo que quiere. Tu boca se inclina débil siempre que sabe lo que no quiere. Tu boca que siempre va.
En mi vida hay un antes y un después de tu boca.


Fuimos todos juntos de viaje. No hicimos muchos viajes todos juntos, pero este fue el primero y el mejor. Un mes entero en las sierras, boyando, culo al río.
Era fascinación, era dejarse llevar y disfrutar. Creo que comimos algún asado, pero por lo demás fue un mes entero a fiambre. Y escuchamos música horrible que nos encantaba, y era la música del viaje, de ese viaje. Cada vez que escucho esa música digo esta es música para viajar.


Llegó la época de los teléfonos. Aprender a hablar por teléfono es toda una cuestión. Levantar el tubo decodificar los mensajes, revisar que no fuera una amenaza de bomba. El teléfono siempre sonaba para los demás. Hasta que empezó a sonar para uno también. Y del otro lado, voces diversas.
Se diría que el teléfono acerca lo mismo que aleja. Nos trae una voz que es solo una parte de la persona con la que estamos hablando. Y esa persona se encuentra en el mismo momento en una situación similar a la de uno porque está hablando por teléfono con nosotros, mientras que al mismo tiempo se encuentra en una situación diametralmente opuesta, porque esa persona puede estar necesitando algo con urgencia, o puede estar solo, al borde del suicidio, o puede estar teniendo un orgasmo.
Todas las veces que yo hablé por teléfono, o casi todas, no estaba haciendo nada más que hablar por teléfono. Bueno, a veces dormía.


Llamaste por teléfono y me dijiste: “no te quiero ver más en la vida, nunca más”. Yo no entendía lo que pasaba. “Esto es imperdonable”, dijiste. “No hay vuelta atrás”, dijiste. Yo pedía perdón sin saber exactamente por qué. Siempre fui así de dócil por teléfono.


Fueron las fotos, seguro. No las habías visto, te las había dejado en el cajón y te dije, “te dejé las fotos en el cajón”. Y vos llorabas con aparente inocencia y yo me sentía culpable, y entonces no te hablé más porque no me querías escuchar. “Para qué le dije toda la Biblia, toda la Ilíada y toda la Odisea, para qué”, me fui pensando. Claro que yo también necesitaba consolarme y pensaba esas cosas para alejarme del dolor. Igual me lo encontré todo cuando llegué a mi casa deshabitada. Y yo que había dejado las fotos en el cajón me puse a putear; “para qué dejé las fotos en el cajón”, pensé. Pero ya las había dejado, y no iba a volver. Y vos tampoco me ibas a llamar, y no sabíamos qué había pasado, pero estaba todo hecho bolsa, y todo el mundo estaba confundido y andaba por la calle frenético. Parece que el mundo sabe acomodarse a los estados de ánimo de uno. Sobre todo cuanto más triste está y empieza a llover.
Pues bien, se ve que pasado el tiempo, el tiempo recobrado, se te aparecieron las fotos y por eso llamas ahora. Porque pensaste. Seguro que fueron las fotos, y ahora yo soy el animal de dios que vuelve a cambiarse ya ponerse la ropa y a esperarte, porque parece que vas a venir a casa, y a cocinar algo rico que sé que te gusta, y a esperar que llegues, que siempre tardás un poco más y yo suelo impacientarme. Otra vez la misma historia, que hace con nosotros lo que se le antoja, está visto.


La pelota, la pelota, que me den la pelota, aquel se comió dos goles y ni siquiera piensa en bajar a marcar al de rojo. Cabeza dale cabezón comilón de mierda, denme la pelota, eso, con la pelota hago lo que puedo para acá para acá tomá así se juega al fútbol, qué pase tremendo. Uhh. Morfón. Ahora a correr. Que no lleguen, hay que marcarles la salida que no pasen la mitad de la cancha. Seguime la marca. Eso, volvé. Me pasó, concha de la lora, se va se va, viste que se iba, no la alcanza, la tiró larga cuando me quiso pasar. Arquero!!! Puto de mierda dame una bola. Se la diste a Juan que se la morfa en la mitad de la cancha. Juan, Juan, la pelota, denme la pelota. Eso, estoy lejos del arco, la voy a tener que jugar, pero antes pensar, nadie se muestra, se corre uno se desmarca, no, vamos para atrás, tomá, eso volvela bien, ahora para adelante te desmarcas Juan rápido ya… vamos para adelante, hasta acá llego dasela al delatero dale dale dale no loco no al arco al arco. Qué cosa la tiraron a la mierda. Obladi oblada la re concha de la lora, se me pegó esta canción de porquería. Te acordás de esa otra canción, a ver si me saco el obladi oblada, era una ranchera, como era… saca el arquero de ellos y a marcar la salida, de que jugas de defensor o de delantero. Si estas cansado andá al arco. Por la izquierda por la izquierda. Viste, si no vas a correr esa pelota. Saque lateral nuestro. Vení, dale. Eso ahora tomá mirá que centro golll vamos, que centro que centro… como vamos, tres abajo nosotros. Negro, vamos que ya los alcanzamos, que golazo, que pase a la cabeza. Como era la canción. Sacaron vamos a poner huevos, pelear la pelota, no loco, no meter pata… para la mano, no seas boludo. Pasá. Eso, vamos tomá, volvé eso, vamos para adelante, tomá, vayan que me quedo acá por el contraataque. Que mal que estoy jugando, yo puedo jugar mejor, deben ser las zapatillas. La camiseta del negro está buena. Me quiero comprar una camiseta, al pedo, no se para qué, no me compro una mierda. Con esa guita hago diez mil cosas mejores. Adonde puedo ir. No. Ahí vienen dale sacaselá, eso vayan vayan que me quedo… esa canción, pelié con una vieja por la muchacha ella agarró la escoba yo agarré el hacha te acordás negro esa canción puto dale vos jugá yo estoy defendiendo má si voy al arco, ya me cansé de correr, son las zapatillas. Pero un gol voy nada más. Anda cabeza salí del arco, cambio!! Eso atajo yo. Qué agitado que estoy. Goll vamos los pibes. La canción, estamos a dos. Obladi oblada life goes on que mierda no tenés una canción que se te ocurra acá, se me pegó una que me cansé, ahí viene el ataque de ellos. La pelota, mía, tomá, que arquerazo, corner!!. Te doy una canción cuando amanece el misterio del amor, corner dale haganló. Silvio que lindo. Dejamos esta, sintonizamos, partido fútbol cinco arco Silvio Rodriguez concentración. Cambio de arquero, y sí, gol, que querés, fue un golazo. Bueno dale atajá vos. Vamos che vamos que podemos todavía. Por tres abajo. Tomá…


Aprendimos de Hollywood a vivir como dentro de una película. Éramos los héroes de la historia, teníamos a la chica, merecíamos la felicidad o bien una muerte digna, después de llegar a viejos y con la chica. Y creíamos que antes había que elegir, como los héroes. La elección consistía en una cuestión genérica: comedia, drama, suspenso, terror, acción… y de ahí en adelante. Y creíamos que podíamos elegir, y que yo elegía a la chica, y que ella me elegía, y que todos juntos comíamos perdices, claro, sufriendo antes un poco, para darle sentido a esa felicidad ad mortem.
Creímos en Hollywood, y así nos fue. Explotaron todas las bombas, saltamos todos los techos, besamos todos los hombros, condujimos todos los convertibles, encontramos todos los tesoros, visitamos toda la Europa, cabalgamos todos los desiertos. Creíamos en Hollywood, y en la felicidad. Y ya no éramos niños, y así es que tenemos un pedazo de vida que se salva.



Me ponían a jugar de defensor. Yo quería meter goles, o atajarlos, pero jugar de defensor era una de las peores cosas que había. Para consolarme papá me decía “y bueno passarella es defensor y mete goles también” así que cada vez que podía me iba para arriba a meter un gol como passarella. Pero jugaba de dos y no podía irme mucho. Como era un poco alto sí iba a cabecear los corners. Pero me pedían que vuelva corriendo. Nunca supe la verdad, si jugaba de defensor porque era el único que podía cumplir esa función y robar pelotas peligrosas, o si en realidad no servía para nada entonces me mandaban a jugar de relleno.
Aunque sí recuerdo haber robado algunas pelotas, incluso haber sacado una pelota en la línea. Pero no ponía garra, porque no me decían “che pibe vos jugás bien acá, es importante”, no. No me decían nada, me ponían a jugar ahí y si me adelantaba un poquito me cagaban a pedos.
Aunque un día después de un partido que perdimos como siempre escuché que decían “si no hubiese sido por el dos, que jugó bárbaro, hubiesen perdido por más.” Ahora que pienso a lo mejor era una ironía, pero ese partido yo había jugado realmente bien. Y como para no, eran todos un año más chicos que yo.


Entonces estaba nublado, habíamos estado en la pileta mientras no llovía, yo me quedé en la parte playa disfrutando del dolor de estómago y de la vergüenza que me daba pedir permiso para cagar en baño ajeno, los chicos algunos afuera otros en la parte honda de la pileta, uno jugaba con una chica, hacía como que la ahogaba y ella se dejaba y se divertían y ella le pegaba y él la agarraba de la cabeza y la hundía y ella salía gritaba y le pegaba y él… sí, ya entendimos.
Después llovió y salimos cuando vimos que relampagueaba, y jugamos cartas, y comimos lo que acá llamamos alfajor santafesino. Refusilaba en mi corazón, yo ya sabía que sabías. Y estábamos en tu casa, y a mi me dolía el estómago, y a mí me daba vergüenza pedirte permiso para pasar al baño.



En una época creía que la luna llena era cómplice del amor. A alguna le habré dicho, “mirá que linda está la luna hoy”, y pensaba que eso sellaba como con un lacre un amor para siempre. Ya sabemos, Oscar Wilde, que la diferencia entre un amor para toda la vida y un capricho es que el capricho dura más. Y también sabemos, Bernardo Soares, que hablar…, que por la boca mueren el pez y Oscar Wilde, y yo también. Luna, luna, luna, luna, si volvieran los gitanos.


Y estábamos alrededor del fogón, meta mate y charlas comprometidas. Y después quisimos ver más claro una cuestión pero no teníamos un pensamiento que pueda llegar hasta las últimas consecuencias, éramos tan limitados. Siempre recayendo en los mismos temas, siempre dándole importancia a cosas que no las tienen.
Entonces salimos todos en banda a caminar por el campo, a ver si se aparecía, de una vez por todas, la famosa luz mala. Y contábamos cuentos de terror del campo. Y las chicas tenían miedo. Y la más linda no me eligió, pero no me fue tan mal, me tocó cuidar y abrazar a otra que no estaba tan mal, y con la que nos habíamos mirado todo el día, y con la que habíamos cruzado un par de palabras entre los árboles, con la que me encontré más tarde en la oscuridad y a solas y sin querer queriendo, a la que no supe besar a tiempo. Cuando volvimos al pueblo no volvió ella a dirigirme la palabra, con ternura me refiero.


Después nos mudamos de nuevo, del departamento de Mitre a la casa de 25 de Mayo. Yo tenía 12 años y terminaba la escuela primaria. Ese año fui caminando a la escuela, me daba cosita pasar con guardapolvo blanco frente a las chicas de la escuela de las monjas, que usaban uniforme y que eran tan lindas. Temía que me vieran tan chico, tan pequeño. Temía que no gustaran de mí. Creía que no les gustaba.



Entonces teníamos todos los géneros: drama, suspenso, acción, comedia. Yo me tomaba el mundo bastante en serio y era un drama. La acción no estaba, era más bien bastante monótono todo. Después me di cuenta que no estaba bien tomarse todo tan en serio y que sufría demasiado así, y entre acción y suspenso, no pasaba nada y se transformó en una comedia. Pero seguía siendo un drama, porque a pesar de poder reír, de aprender a soñar, y de disfrutar todo lo posible, nunca termina nada como en las películas de Hollywood, y el llanto y la risa, y el rencor y el deseo, nos dejan solos.


Y vino la época de mirar la televisión, y no teníamos más que dos o tres canales, y toda la mañana para los que íbamos a la escuela a la tarde. Y perder el tiempo, y aprender a clavar la mirada, a dejarse hipnotizar hasta que se corte la luz…


La luz eléctrica: enchufes de dos patitas, llaves de luces, la araña del living. El arbolito de navidad, la máquina de cortar el pasto, el agua: una electrocutación, un cortocircuito que dejó pegado a dos veinte a un chico, o cómo pudo haberlo soñado.

Vos te dormís mientras los demás siguen vivos y alrededor tuyo. Te dormís en camas ajenas, y plácida, relajada. Y dejamos que te duermas en nuestra cama porque sos vos nomás. Y porque a nuestra cama le gusta recibir la blandura de tu cara y de tu respiración, le gusta abrigarte. Y vos sabés que contra la voluntad de nuestra cama no hay discusión.


Blandiendo una escarapela, pasó corriendo frente a todos y sin mirar a nadie. Gritando “libertad, libertad, libertad”, y levantando en alto una escarapela gigante de papeles de colores. Y todos la miraron, y nadie dijo nada, y todos pensaron para sus adentros “está completamente loca”. Y en la escuela todos se miraban y nadie decía nada ni se reían. Era como no entender nada, sólo que todos pensaban “está loca”, y nadie sabía cómo reaccionar ante semejante revelación. Y no estaba loca, y no gritaba simplemente libertad, ni blandía una escarapela porque sí o porque no. Eso quedó demostrado después, cuando se burló de todos, mostrando sus piernas, haciéndose desear, dejando a todos con las ganas de tocarla, diciéndole al oído a más de uno: “así que querés tocar a la loquita…”


Cuentan los que saben más yo no sé, que una vez una niña que se internó en el bosque salió del mismo con los pelos volados. Esto no era una novedad, más dicho peinado nunca había conocido tal niña que por tanto lo adoptó para siempre, pues al verse al espejo se reconoció y viose a sí misma la criatura más bella nunca vista en la tierra. De ello se enorgullecía la niña, de ser la criatura más bella andante sobre la tierra, pero no sabía que tal condición tiene sus límites. Cuando cumplió los cincuenta, la niña, que ya no era una niña, se había transformado en una vieja bruja, tal vez la bruja más loca del pueblo. Y todo por haber entrado un día al bosque por donde no se podía entrar, y de allí haber creído en su belleza más que en nada en el mundo.
Lo gracioso de esto es que no hubo escoba que aguante para la vieja bruja, se había tomado todos los potages del mundo y se había puesto muy gorda, por eso no podía volar y además le temía a las alturas, por lo que no le molestó no poder trasladarse como las demás brujas en escoba voladora.