lunes, junio 22, 2020

para no olvidar

tejido en el umbral del sueño:

shakespeare y cervantes murieron el mismo día, quizás a la misma hora, quizás en el mismo minuto.
como paralelismo, borges y el otro borges también.

sábado, junio 20, 2020

los partidos perdidos de riverboca

Para anotar la sutileza de los gobernantes que desde buenos aires suponen que toda la argentina replica las divisiones políticas de su provincia.
Cuando suponen, y transmiten esa suposición no como sugerencia sino como afirmación, no están haciendo otra cosa que expresar el poder político y económico que los autoriza. Es notable cómo en esa suposición se esconden otras que se dejan deducir: deben creer que el ejercicio de ese poder es inagotable.

El primer dato, el más profundamente analizable, el más inabarcable, está en el modo en que los medios de comunicación centralizados en la gran ciudad (ya está mal este vocablo, no es una gran ciudad sino una entidad despedazada, como un monstruo mitológico indomable) se extienden en el resto de la superficie del país, como un mantel tendido para el banquete en el cual solamente se escucha la voz del que está sentado en la punta, sometiendo a sus verdades al resto de los comensales. Mirta, digamos por caso, Mirta y su descendencia.

Una pregunta que se puede hacer cualquier hijo de vecino podría ser acerca de la facilidad con la que se dio de baja la ley de medios audiovisuales durante el macrismo, si esa facilidad no pudiera ser replicada para volver a hacerla vigente. Claro, es voluntad política lo que se requiere. En todo caso sería un primer paso a perder un poder de hecho, que es el que se expresa mediante afirmaciones de ese tipo, de las suposiciones.

Y usted, ¿en qué partido vive?

jueves, mayo 14, 2020

tomando nota

Lo que el mercado editorial propone al lector es que consuma sin fin, sin juicio, sin detenimiento, sin leer.
El mercado le propone al lector que no lea.

domingo, mayo 10, 2020

Sobre una foto en otra red social

Esa visión transmitía ideas asombrosas y aunque a mi en ese momento me pesaba la triste noticia que me llegaba por las redes (la muerte de un hombre carismático) pude detener este instante. Pensé algo que descarté, como todo lo que pensé luego durante todo el día.
Ese ejercicio de descartar las ideas por futiles o por poco interesantes o por no saber si compartirlas es algo que suelo hacer cada día, a cada momento. Me enorgullece: pienso algo, creo que es genial, o por lo menos genuino, rápidamente me doy cuenta de que no es tan así, a los pocos minutos me siento un influenciado por cualquier pavada, luego olvido y paso a otro tema.
Es notable que la mayoría de la gente, en cambio, exprese sus pensamientos sin doblegarse ante esa ciclotimia. Los envidio con todo lo que se pueda.
Hubiera querido poner que esa bandera bailaba para decir que hoy murió un hombre que llevaba en su nombre a todos los que no salieron del potrero, del picado de fin de semana con amigos. Con esta necesidad de patear una pelota ahora mismo pienso en los pibes con los que jugamos cada tanto, con qué seriedad se vive cada partido. No conozco profesionales pero ¿quién los necesita?
Ahora pongo todo esto y mañana lo borro.

lunes, abril 27, 2020

Anotaciones

No hay buenos o malos escritores
Sino personas que anotan
Y los que dejamos pasar

Las pocas luces

Son unas pocas luces,
Que me rodean y me confortan
Como esas luces que
Al anochecer
Llegando a la ciudad
Después de dos horas
Vemos a lo lejos
Y nos decimos que allá vamos
Llegando
Sabiendo que hay una almohada y una manta que nos cobijará
Y sin embargo
Son esas luces mágicas
Esa ilusión imperfecta
Ese presente ausente
El instante módico
Que desaparece en la inminencia

Somos pobres de luces
Y ricos de sueños
Llenos de noches
Y después ya no se acuerda
Uno, si fuera posible dos
Mil, sí, mil
Si fuera que somos
Lo simple de un número redondo
O cuadrado

Pero es la distancia la que nos deja
Esas luces
Porque apenas pisemos el asfalto
Que esas luces iluminan
Ya volvemos a la oscuridad
Que nos envuelve
Como una tormenta en medio del campo

redes

tanto nos esforzamos en las redes sociales posteando la intimidad que al final no nos quiere nadie.
debe ser porque todo tiene que parecer real, pero lo real ya no se parece a sí mismo. o quizás sea por un desentendimiento, o porque creemos que hay algo sagrado en lo íntimo, expuesto así como si fuera un rito. Y las palabras usadas, las palabras más amables que siempre debemos tener a mano, las más dóciles y venenosas para conquistar el corazón y la mirada ajena.
Es notable: no alcanza con eso ni con nada.
y así está la calle...

sábado, abril 25, 2020

Alfiler

Alguien como mi niña le clavó una astillita al muñeco de buzz yogurlight y a mi me dió un infarto...

miércoles, abril 22, 2020

después de la muerte no hay nada

no se puede morir de muerte, ni se puede morir más después de la muerte.
Por eso Dante es grande: porque lograr crear un territorio verosimil para los hombres, inventa y describe. Pero sobre todo encuentra las voces que se lamentan por lo vivido. Como en Pedro Páramo, las voces de los muertos cuentan la vida desde un más allá que no está mucho más allá que lo más acá que es este mundo que habitamos, y en el cual yo me siento, en esta hora del día, la hora de la siesta, a escribir estas lineas que nada quieren decir ni reflexionar.
Esto porque acabo de leer en un chat grupal "otro que se fue a la inmortalidad". Qué queda después de la muerte? en la muerte nada, en la vida seguramente algo: los velorios y sus sucesivas interpretaciones de la vida de velado.

Es muy bueno que así sea. Personalmente lo pienso, mientras veo a tanta gente esforzándose por ser genial.

miércoles, marzo 11, 2020

no pensaremos en la cosa

parece que está más fácil ponerse del lado del conquistado que asumirse representante del conquistador.
El que ocupa un territorio creyendo ser parte del bando poderoso, admitiendo la violencia que se impone en las formas, necesita sin embargo una retórica que empatice, que iguale aparentemente, que reduzca los miles de símbolos que chocan a una fracción razonable.
El sincretismo es, sin embargo, otra cosa: el espíritu de la derrota festejado por la novedad, por el encuentro.
Fuimos a ver el agua, pero el pantano ya era un charco más.
Fuimos a ver el mar, pero la arena hizo una mueca en el viento

martes, marzo 10, 2020

gente sola

la gente que escribe es gente sola. Personas que están solas
escriben porque creen que esa soledad
debe ser dicha con palabras de un vocabulario
y se inventan entonces una paz
con su soledad y con la lengua
en la que de repente
llama a la guerra de pensar
que es necesario que ese decir sea escuchado
por un otro, que siempre imaginado
supuestamente podría tomar
eso dicho desde esa soledad
para aprovecharle al alimento
algo que pueda traducirse en energía eólica
para que cuando en su soledad también acuda
a escribir lo leído por un otro que es otro y es imaginado
pueda hacer también su propia paz y que sea
es paz más pacífica
que todas las paces posibles
en el medio de esta gran guerra que es el mundo
y el deseo de los demás

jueves, junio 06, 2019

arroba pero hace

el etiquetado es una de las manías que más se usan ahora

qué ricos son los alfajores de maicena
por la mañana
me acabo de comer uno que tenía un bloque de dulce de leche
no era un bloque, era prácticamente un edificio
un edificio que si te descuidás la gente se instala para vivir
escrituran como propiedad privada
y si hay dos alfajores de esos ya estamos en condiciones de declararla
ciudad
con sus calles, sus avenidas iluminadas
y gente paseando
en la madrugada,
yendo a la faena
y gente volviendo a sus casas
al mismo tiempo
y una vida propia, con música propia
con ritmos propios

qué ricos son

viernes, marzo 02, 2018

afinación

Un día no hace mucho mi amigo el pianista me llamó desde un país remoto por skype y tocó algo con un piano desafinado en el lobby de un hotel. Tiempo después me habló de que estaba experimentando nuevas afinaciones en los instrumentos, siguiendo una linea con el universo.
No tardó mucho en aparecer un músico famoso haciendo payasadas con las cuerdas del piano y cantando histriónicamente. Mi amigo a ese músico no lo vio, pero después de eso no lo vi más hacer experimentos, se dedicó solamente a tocar el instrumento.
Mi amigo, que conoce perfectamente mi piano (y que cuando viene de visita no lo toca porque está muy desafinado aunque él aparenta no hacerlo por respeto a los vecinos), también es protagonista de la historia. Porque mi madre, que es su madrina, después de haber ejecutado para nosotros en sucesivas oportunidades osías el osito en mameluco, manuelita vivía en pehuajó y estamos invitados a tomar el té, había sido la última en tocar acordes completos acompañándose con la otra mano sobre el teclado. Hasta que llegó mi amigo y lo tocó un par de veces, transformándose él mismo en el último ejecutante de una pieza de música sobre el teclado abandonado y eternamente silecioso del piano que ocupa un lugar en mi casa, el lugar en el que seguramente en breve habrá otra cosa, una biblioteca, o cualquier otra cosa, pero para siempre será el lugar en donde estaba el piano.

New York


Cómo llegó un piano a casa, quizás no sea la pregunta correcta. O no fuera una intriga en sí misma. Pero abrir la caja del piano y leer New York tenía una magia. Era como viajar.
Pero uno no viajaba, sino que era al revés: el piano había viajado para llegar hasta nuestra casa. Y ni siquiera desde Nueva York sino de una ciudad llamada Rochester, cercana a New York pero tampoco quizás tan cercana.

Internet, que sabe todo, de a poco va entregando información: resulta que Brewster es una de las fábricas de piano que luego de la caída de la bolsa de 1930 tuvo que cerrar su fábrica. Las cosas no terminaron bien se ve, en su momento. Pero el dato que nos entrega es que, seguramente, el piano que habita en casa fue fabricado seguramente antes de esa fecha, estamos hablando de que como mínimo este piano tiene 88 años.


Otra página dice lo que sigue:

BREWSTER The Brewster piano is one of the best known and most popular instruments of its grade in the market today. There have been sold within the past few years many thousands of Brewster pianos and players. In fact, there is hardly a place in the United States where the Brewster is not represented by the leading piano houses of the country and, as above stated, very extensively sold. The case designs of the Brewster piano are created in accordance 'with the prevailing vogue in furniture, and its reputation has been greatly enhanced by the attractiveness of styles. The scales of the Brewster piano have been drafted with the utmost accuracy, and the quality of materials used and the care exercised in its manufacture combine in making an instrument of an especially good quality and durability. 



no es un piano cualquiera

El piano es, sigue siendo de algún modo, de mi abuela Perla. Mi abuela está viva aún pero hace mucho tiempo que está dudando si sigue. Yo siempre temo que si me deshago del piano, bueno, suceda al mismo tiempo que vaya a partir. Temo porque puede ser que pase, las probabilidades son altas, la vieja está más cansada y vieja cada día.
Pero cuando no era vieja, sino una chica muy joven, no siguió estudiando en la escuela, porque en esa época la gente del campo solamente hacía la primaria. Mi abuela era hija de la directora de la escuela de un pueblo de 2000 habitantes, un pueblo muy cercano a una ciudad que ahora tiene 80000 habitantes pero que en ese momento debería haber tenido 30000 como mucho. Esto quiere decir que el pueblo, si bien pequeño respecto a la ciudad, no era tan insignificante como ahora que, teniendo 80000 la ciudad el pueblo apenas llega a 500 y quizás menos habitantes.
Pero en ese momento vivía gente.
Y la madre de mi abuela, o sea mi bisabuela, era la directora de la escuela. Y un día mi abuela le dijo a su madre que ya terminaba la primaria y no iba a estudiar más. Imagino que pudo haber sido así o quizás mi bisabuela le habría dicho a la muchacha que era mi abuela en ese entonces que si quería seguir algún tipo de estudio se iba a tener que trasladar a la ciudad cercana, y probablemente mi abuela que era hija única, en su comodidad, quizás deslizó que prefería estudiar alguna cosa puntual antes que hacer todo el secundario.
Así fue que mi abuela se puso a estudiar el piano. Se trasladaba dos veces por semana desde el pueblo hasta la ciudad, a unos 30 km, para tomar clases de piano. En el mismo traslado aprovechaba el viaje un amiguito que resulta que hoy es el padre de un amigo mío, todo queda en familia. Viajaba a estudiar otro instrumento, que fue variando con los años: primero fue la flauta, luego la guitarra, para terminar en el arpa.
Mi abuela progresó, suponemos, en el estudio del piano, y con el tiempo fue tomando fuerza. No pasó tanto tiempo hasta que llegó a transformarse en la profesora de piano de la escuela que dirigía su madre, o sea mi bisabuela. Trabajó ahí un tiempo. Yo ayer me puse a calcular cuántos años tengo yo y cuántos tendrían mis abuelos cuando tal o cual cosa. Seguramente eran mucho más jóvenes de lo que yo soy ahora, que recuerdo todo esto, así como ellos pasaron recordando el resto de sus vidas, por lo menos desde los 60 años hasta ahora, la época en que vivían en el pueblo, mi abuelo trabajaba en el campo y luego tuvo la carnicería, mi abuela era la profesora de música del pueblo. Y el día que cayó Perón todo cambió abruptamente.



II
Mis abuelos eran antiperonistas, y el cuando vino la libertadora tuvieron miedo de que se tomaran una revancha con ellos. Mi madre apenas tenía 3 años y otra cosa con 3 eran los 30 km que los separaba de la ciudad. Así que agarraron sus cosas y se fueron a vivir a la ciudad, y no volvieron ya casi nunca más, como hacía mi abuelo siempre. Mi abuelo era así: nunca más era nunca más. Así como una vez lo estafaron en las carreras de caballos y nunca más volvió a apostar, así fue como nunca más volvió a pisar el pueblo ni siquiera para cobrar.
Porque resultó, según me enteré después, que cuando cerró la carnicería y se fue, medio pueblo le quedó debiendo el fiado de la carne. Y mi abuela, que era todavía la profesora de música de la escuela del pueblo, siguió yendo y cada tanto pasaba por las casas de los morosos pero siempre obtenía la misma respuesta, venga usted mañana, hasta que se cansó y no fue más.


La cosa es que en la casa de mi abuela estaba el piano, que no era el piano de mi abuela sino más precisamente el piano de la profesora de música de la escuela. Y además del piano, había partituras, muchas de ellas todavía conservadas en mi depósito de papel anexo y una pequeña parte en la biblioteca. Pero un día mi abuela se debe haber cansado de ser la viajera profesora de piano de la escuela, y se transformó en ama de casa a tiempo completo, y el piano tuvo su primer silencio. Pero rápidamente llegó una persona que le cambió la vida a esta historia del piano, y esa fue mi madre, que siendo una niña y quizás por orden de su madre, fue a lo de una profesora que le enseñó una de las cosas de lo que las niñas debían saber: tocar el piano.
Así que fue así, de repente, mi abuela dejaba paso a mi madre en la posesión de un mueble musical moderno. Mi madre tenía una amiga que también estudiaba piano, el tiempo diría quién sería la más pianista de las dos, pero en esa época no se competía por estas cosas.
Estamos hablando de los años 60.




un mueble al costado de un volquete

Esta es la historia de mi piano. Que es la historia de parte de mi familia. Que es la historia de mi persona orbitando un instrumento y nunca aprendiendo a hacer algo con él. Que es la historia de mis incapacidades.
Pero es la historia de mi piano, ante todo. Es un mueble robusto, y no es cierto que lo haya dejado al lado de un volquete, pero sí es verdad que a partir de esta semana, oficialmente, lo ofrezco a quien lo pueda querer comprar por un valor simbólico.
Silbónico es el valor que tiene el mueble en la familia, y decir familia es decir la historia de un grupo de personas unidas por algo que suelen llamar lazos de sangre y habiendo tenida una vida más o menos digna y linda, podemos hablar de afecto. Siblonico, no puedo escribir simb´lico con este teclaro, porque resulta que, o bien el teclado o bien mis dedos, no me permiten decir con correcteza la palabra.
Tiemblan de inseguridad mis dedos, pero claro, queda bien, no lo corregiré todo.
Pero no es esta la historia de mis inseguridades, sino la de un mueble que está en mi casa ocupando un lugar quizás preciado, quizás no, pero en definitiva, ocupando el lugar que para siempre será el lugar en donde estuvo el piano. Y no era cualquier piano, era el piano que contenía en su eterno silencio la historia de mi familia, es decir, la historia de varias personas a la vez, reunidas alrededor del piano, con todo lo que eso comporta y significa.




I
Me adueñé del piano unilateralmente cuando entré en la adolescencia. En el pueblo, el gesto de entrar en la adolescencia era doble: una cierta apatía hacia la mayoría de las cosas y un cierto interés por algo que en mi caso fue, puede decirse, "escuchar música".
En verdad, no se entra a la adolescencia de un día para el otro, ni se entra inocentemente. Quizás estaba debilitado por algunas cuestiones que no podía deducir claramente, pero probablemente hayan tenido que ver con algún perfil económico social, pero el día que los pibes que en ese momento eran mis amigos y que se sentaban alrededor de la pileta del club a pasar las horas (o mejor dicho, a dejar correr las horas), entre truco y cosas de la sombra y el sol, y las chicas que no eran todavía claramente un foco de atención, sacaron a relucir una conversación que, como todo coso de la adolescencia, puede resumirse en la crueldad:
-hagamos una banda de rock -tiró uno. El detalle de la crueldad consistía en que no todos los que estábamos formando parte de la conversación teníamos lugar en la banda de rock propuesta. Además, no todos teníamos la posibilidad de comprar el instrumento necesario, pongamos por caso. Me incluyo en la cosa, porque inmediatamente, cuando en el gesto de entrar en la adolescencia alguien es dejado de lado, inmediatamente, casi como en un acto reflejo, busca el modo de hacer lo mismo pero con otra gente.
De a poco, pasado el verano y la angustia, descubrí que en casa estaba esperando, silenciosamente, después de quizás 10 años y 3 mudanzas, el piano. Abrí la tapa, eran las 2 de la tarde de un lunes o un martes, quizás la hora en que es inminente la siesta, dejé caer mis dedos en sus teclas, sonaron las notas, desafinadas, desprolijas, voluptuosas, inquietantes. Rápidamente, en pocas semanas, me transformé en un tormento para todos los que habitaban bajo ese techo. Quizás hubiera sido bueno estudiar el asunto.

jueves, febrero 22, 2018

mingue

una linda damita de concordia
tiene una gata que al dormir la incordia
la gata en pleno vuelo
negaba estar en celo
cuando llegaba al piso no lo mordia

otra gatita llegó a pergamino
y no necesitó cortar camino
su tía la esperaba
comiendo papas bravas
y mirando el sorteo del telekino

y hablando de un agente de rufino
que para poco mucho sabe chino
tenía en las orejas
colgadas dos bandejas
parecían lámparas de aladino

viernes, junio 16, 2017

los restos del asado

Se me juntan los restos de asado en la heladera. Hay unos que tienen varios días, y otros de la última reunión en casa.
No los puedo encarar. Como suelen ser lo único que a veces hay en la heladera, esas veces no me queda otra, y con un poco de mayonesa se hace más llevadero. Pero en la vida en soledad, no hay nada como tener que encarar esos restos tan llenos de significado.
Porque a veces la comida es el significante y la digestión, por ende, es parte de la enunciación. Sospecho de todas las alegrías, que cuando me dejan, cuando el tiempo cede, tienen colores de derrota. Ante esa situación he encontrado un solo aliciente: el gato Pino. Debería, pienso nomás, empezar a comer alimento balanceado para gatos, así nos acompañaríamos definitivamente.
Decía de las alegrías, entonces, porque una heladera que contiene restos de asado habla de una buena vida, de un dulce trascurrir. Un asado y todo lo que supone: la visita al carnicero, la provisión de víveres indispensables entre los que contamos la lechuga, el tomate y el pan, siempre bueno, siempre coherente, la elección del líquido a multiplicar, el acercamiento a la caja del mercado para realizar la transacción por la cual nos hacemos dueños de lo elegido, el pago en sí mismo con la extracción del papel moneda o la tarjeta que puede ser de crédito o de débito y en tal caso la estampación de la firma en el pequeño comprobante del posnet, la salida triunfal del supermercado con el amigo cargando las bolsas con todo el material, las dos o tres palabras previas a la ceremonia del fuego, el fútil salado de la musculatura ausente de lo que en algún momento supo ser un vacuno y que pronto se transformará en el desayuno.
Porque estamos en ayunas, cuando vamos a abrir la puerta a la llegada de los participantes, vamos poniéndonos en ayunas y consecutivamente crece el entusiasmo. Un asado, qué buen momento. Cómo acaricia el fuego, cuando en agosto del hemisferio sur una noche permite con su bendición que nos quedemos al aire libre un rato más sin sufrir. La charla se interesa: el tema favorito siempre son anécdotas y recuerdos de historias que pasaron en diferentes épocas del mundo y que alguno de los presentes no tiene noticias o no conserva en su memoria. A mí me gusta que me vuelvan a contar las historias que ya sé, podría volver a escuchar muchas historias una y otra vez sin cansarme.
Y entonces el paso del tiempo se materializa en una botella de vino que ha perdido su contenido. ¿Por dónde se habrá ido? Un asado es, más allá de la charla y los vaivenes, el momento exacto en que la carne cocida en la parrilla es trasportada a la mesa. Bocas impacientes se apresuran a masticar lo que previamente las manos armadas de utensilios como un cuchillo y un tenedor emparejaron en un instrumento llamado plato, y eso que era un cacho de carne va desapareciendo súbitamente. Ese instante es alegre, y la palabra se transforma explícitamente en elogios. Ni antes ni después, el momento del elogio es la esencia misma de la reunión y, como tal, muchas veces pasa inadvertida. Es el talento del asado, su humildad, que hace que se soslaye el aplauso merecido. Fue él quien hizo el sacrificio, fue él quien trae las ofrendas a esta misa. Él, él. Se merece mi corazón.
Pero una vez que estamos bien llenos bien llenos y no podemos comer más, la demanda abandona a la parrilla y su oferta. Y sigue el diálogo entre presentes sobre ausentes, el vino trae palabras que quizás no debieran ser dichas. Risas, comodidad, la penumbra relaja al equipo. Y ahí, muy cerca, la reja empedernida se entristece porque ya nadie va a pinchar ese trozo. La heladera ahora ejecuta la conservación del alimento que contiene el jolgorio en su memoria.
¿Por qué debería ingestar eso? ¿Acaso no es un sacrilegio que lo compartido sea partido de lo individual?
Esto del asado me lo enseñó mi abuelo. Hacía asados todos los domingos al mediodía para su familia, y eso se cuela, queda ahí como un monumento ante el que se rinde homenaje cada vez que es posible. Yo lo recuerdo haciendo una pira en el piso, directamente en la tierra. Recuerdo la primera vez que miré fuerte al fuego, era de noche. Observé las chispas, eran libélulas que hubiese querido atrapar.
Arrodillado junto a una parrilla inmensa, mi abuelo empujaba con un palo las brasas, con el cuidado de quien sabe lo que hace. Desde ese momento supe para siempre que hay cosas que uno puede hacer sabiendo lo que hace, y que nadie más va a poder hacerlo del mismo modo, porque ese fue el instante en que renuncié para siempre a ser el asador. No entendía cómo funcionaba ese sacerdocio, era demasiado inmenso todo, y ese saber parecía no poder ser traspasado. Desde entonces mi rol fue el del destapabotellas, un talento que pude desarrollar incluso profesionalmente.
Ahí estaba él, en cuclillas, ordenándole al fuego cocinar ese matambre. Esa es la imagen con la que me quedo un rato, y ahora creo en Dios.

lunes, mayo 15, 2017

sólo tu

y al apagarse las luces del salón, cuando todos los camareros han finalizado su labor, tu estás todavía ahí, terminando de limpiar de la mejor manera todo lo que al día siguiente deben volver a usar, y el piso y los baños y todo debe quedar reluciente para que la clientela pueda disfrutar de la mejor atención y el dueño del boliche pueda cobrar también por ese servicio al precio que más le convenga y de eso sacar una parte para pagar por tu trabajo algo que te permita sobrevivir en este mundo ultra archi competitivo, en el que miles y miles de lavaplatos se morirían por estar, los mejores lavadores de platos, el más entrenado pulidor de inodoros del mundo, todos están haciendo fila en este momento para disputarte tu lugar, el que te has ganado a fuerza de disolver detergente en agua y darle firme a los platos, tirar vinagre en la vajilla de plata para que todo reluzca, mojar metros y metros de tela para secar las mejores copas, las que mañana se llenarán de los licores que verás pasar, y no podrás alcanzar, porque tu lugar en el que dispersarte es el rinconcito del bolichín de la vuelta, y tu horario es bien tarde, cuando todo se ha acabado y todos se han ido a casa, y tu presupuesto el de una lata de cerveza bebida desde la lata.