martes, octubre 30, 2007

ese que va por esa casa muerta




In memoriam M C (1918-1980)

lunes, octubre 29, 2007

un remember

domingo, octubre 28, 2007

aqui en este montmartre

rincón sentimental
yo siento que el recuerdo
me clava su puñal..."
de cadícamo para que lo cantés vos, carlitos...




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martes, octubre 23, 2007

noctámbulo de estambul

lo increíble de pensar que en el seno de un huevo frito se concentre todo el sabor de un pollo a la parrilla...


Quién se queda dormido a medianoche
A mediodía descubre una copla:
Bizancio Estambul Constantinopla;
Se sospecha una historia de derroche.

Al-Andaluz, de fiesta en carricoche,
Le pasó igual: se alimentó con sopa;
de noche a la mañana a quemarropa,
con trompadas de Nicolino Loche.

Uno habla siete idiomas y otro tres
En dos se entienden más que suficiente
Si suman tres y cuatro y ya son mil.

Uno hace magia y llega a fin de mes
el otro se delira el coeficiente;
cual bud spencer y cual terence hill.

jueves, octubre 18, 2007

Con su boina calada



"sólo en antón martín hay más bares que en toda noruega."


y las rescatadas frases:
"el sentido del humor es la capacidad de reírse de uno mismo" (anónimo tradicional)

"las ciudades son libros que se leen con los pies..." max aub

"el cantante sabina es un empleado de la secretaría de turismo del ayuntamiento de madrid" (juan mendo)



madrid en pleno otoño y pleno día
se sale con la suya y guarda el sol
detrás de un picaporte en si bemol
e invita una caña a la cofradía

y el sábado cerrado y quién diría
que el domingo abierto y mira por dónde
se da por lo mismo que lo que esconde:
no pasarán, y que nadie se ría.

moncloa, embajadores, sol, gran vía
un auto de carreras dos pesetas
en euros. dice nod quien dice cid.

una ciudad tan suya, que era mía,
ya no hay quien le controle la bragueta
al oso de las calles de madrid.

martes, octubre 16, 2007

el gato gaudí

y dónde está wally?

domingo, octubre 14, 2007

martes, octubre 09, 2007

lapsus, apariciones, cosas extrañas. El momento mágico




Ya lo sé. Hay que ir caminando como si nada pasara, pero prestando atención, siempre. Hay que tener todos los sentidos atentos, hay que estar pendientes de todo. Si dijera que este deporte comenzó con el miedo, sería desmedido. Pero es cierto, cuando uno se va del campo a la ciudad, lo primero que hace es cuidarse y cuidar todo lo que a uno lo rodea. El bolso en el bondi, por ejemplo. Cuando uno se muda del campo a la ciudad, lo primero que hace al llegar es poner sus pertenencias entre sus piernas o bien abrazarlas, para que no se las quiten; porque claro, la ciudad está llena de malhechores. Esto es el llamado de la atención, de estar pendiente del mundo circundante; pero mejor de todo es aprender a actuar, a disimular esa abstracción.

Todo esto hizo que muchas veces prestara atención a cosas o fenómenos que no lo merecían. Esto se convirtió, claro, en política de vida, y hasta en los sueños. No digo que sea alguien especial, pero sí, lo acepto, alguien concentrado en su conciencia (me es imposible concentrarme en la conciencia de otros). Acepto la acusación de que por estar pendiente de ciertas cosas, muchas otras, no menos importantes, se me pasan de largo. Es que cuando algo sucede, suele extraviarme, suele llevarme a sitios extraterrestres, y ahí, claro, es cuando debería meter en bolso entre las piernas. Lo bueno es que cuando despierto de ese ensueño todavía recuerdo dónde debería estar cada cosa, y si lo reviso (siempre reviso que las cosas estén en su lugar, porque, claro, puedo equivocarme…) por lo general lo encuentro: los cigarrillos, el encendedor, la billetera, las llaves.

Por qué? No sé. Pero iba a hablar del músico Aristimuño. Fue uno de los lapsus más llamativos. Ocurrió hace ya cinco meses, cuando Juan quiso decirme que consiguiera una música por la red, y hablábamos de cantantes, folcloristas. Juan conoce muchos músicos que entrevistaron en la radio, en el programa que estaba después del suyo, y entonces decía nombres. El de este estuvo dos o tres días para salir, pero seguramente era el primero que quiso decir. Muchas veces nos traicionamos a nosotros mismos, la mente nos traiciona. Cuando suceden estas cosas, no pueden no llamar la atención. Pero siempre hay algo que lo mejora, que lo convierte en un momento mágico. Sólo hace falta destrabar el lapsus, decir el nombre, olvidarse de lo sucedido, encender una radio cualquiera y que de repente te pasen una canción del músico olvidado, algo que uno no sospecha que pueda suceder, y sin embargo…

Los momentos mágicos son los mejores. Son como el decorado de una torta: puede ser merengue o chocolate, o de confites pegados con dulce de leche, o lo que sea, pero algo está garantizado: ya está rico. Un famoso escritor inglés se fascinaba con ciertas “epifanías”, momentos mágicos que para él tenían un inalcanzable valor que debía ser reflejado por la literatura. Anotaba todas esas revelaciones, metódicamente. Llegó a escribir una novela inmensa en donde fue incorporando, a modo de escultor que a medida que va cincelando, va mechando también en los espacios vacíos piezas como de rompecabezas, muchas de esas “anotaciones”. Los momentos mágicos tienen una condición: su fugacidad. Por eso es necesario ir atentos, prestando atención: el mundo todo el tiempo da señales de vida, pero si estamos concentrados mirando vidrieras, o escuchando las siempre treinta mismas canciones que pasan en la radio, nos lo perdemos, incesantemente.

El momento mágico que más me llamó la atención en el último tiempo: fuimos a la Barceloneta, con amigos, una tarde del medio verano. A la hora del regreso tomamos el metro en Ciutadella Vila Olímpica, para ir hasta Verdaguer y de ahí a diagonal. Juro que esto sucedió, pero como me sucedió a mi y probablemente a dos o a tres personas más que hicieron el trasbordo (o probablemente a cincuenta personas más que venían en el mismo tren) y probablemente también, yo haya sido el único que prestó atención a este hecho, que comprueba la existencia de los momentos mágicos. En la estación de Ciutadella, lo recuerdo, todo funcionaba normalmente: el metro de la línea amarilla llegaba hasta ahí porque el resto del ramal estaba en reparaciones, por lo que se aglomeraba mucha gente. Pero por ser día de semana, en julio, estaba bastante tranquilo. Al bajar a la estación escuché una melodía que estaba tocando un dúo de guitarra y saxo. Me recordó que a esa misma melodía yo suelo confundirla con otras que se le parecen. Así es el jazz.
No pude recordar el nombre de la melodía, no pude cantarla entera. Les presté atención dos segundos más a lo que tocaban, amo esa canción; pero enseguida subimos al tren y nos fuimos y me quedó en la punta de la lengua decir el nombre. Ese tipo de eventos suelen desvelarme: no recordar el nombre de una canción. Recordé que hacía poco tiempo había sucedido el caso del músico Aristimuño, del que no recordábamos el nombre hasta que asociando y presionando la olla salió. Me prometí a mi mismo no perder la concentración, pero no dejar de dormir por ello. No perder la cabeza, es fundamental. Lo impresionante sucedió cuando llegamos a Verdaguer, la estación de trasbordo. Caminando por los pasillos, ya se lo pueden imaginar, subiendo y bajando escaleras, ya lo pueden prever: siento dos guitarras que están tocando. No se entiende bien lo que tocan, pero me acerco, me voy acercando, el camino me lleva. Increíblemente, estaban tocando los últimos compases de la canción que comenzó tocando el dúo de guitarra y saxo de Ciutadella. Y yo sin recordarme del nombre de la canción. Sencillamente estaba emocionado, quería llegar a casa cuanto antes. Y a la vez, sabía, no tenía a quién cantársela para que me diga el nombre de la canción (Juan no la sabía), y si llamaba a Estados Unidos solamente para preguntar el nombre de una canción, directamente me iban a matar, pensé. Pero es el único que la puede saber. Elegí restarle importancia a la cuestión. Ni siquiera pude memorizar la melodía de lo conmocionado que estaba ese día, ese momento mágico. Pero no le di mayor importancia, claro, para qué?


El otro día, una semana exactamente, no sé cómo, me desperté con el nombre de un escritor en la cabeza. Lo había soñado, me vino a visitar Roberto Bolaño. No fue necesario hacer anotaciones. Hacía tiempo que tenía ganas de leer algo de bolaño, y muchas veces, en alguna que otra librería, tuve un libro suyo en mis manos, pero que al final no compré, vaya a saber uno por qué. El nombre de Bolaño me hace acordar siempre a Ezequiel, un compañero de la escuela, gran amigo de aquellas épocas, al que hace tantísimo que no veo. Una de las últimas veces que me lo encontré por la calle, en el pueblo, charlamos un rato porque hacía tantísimo que no nos veíamos. Entre esas palabras me dijo que estaba fascinado leyendo a un escritor chileno que se llama Roberto Bolaño y me recomendaba a leerlo. No hay manera de que vea un libro de bolaño sin que recuerde a mi compañero de la adolescencia, que, recuerdo, ya iba para pelado desde los 15 años.
Pero ya el hecho de haberlo soñado y no recordar el sueño me alteró. Yo no recuerdo los sueños, por lo general. Pero ese día desperté así, diciéndome que no me tenía que olvidar de Bolaño. Pensé que podía llegar a ser porque últimamente no estaba leyendo nada, algo que no me sucede hace siglos, porque siempre tengo un libro a mano. Cuando me entrego al abandono me preocupo, pero me dejo estar porque, claro, a veces uno reniega de sí mismo, como un músico que quiere pasar una temporada sin tocar. Cosas personales.
Bien, esa tarde misma fui a la biblioteca del barrio y saqué un libro de Bolaño. Vamos a leer a Bolaño, dije. Vamos. Traje “El gaucho insufrible”, un libro de cuentos. El tema telúrico me ocasionó la elección, la pampa que hace unos meses me fascinó tenía que estar en esas páginas, me dije.
Lo que leí me gustó tanto que le dije a Juan que tenía que leer. En seguida bajé algunas cosas de internet, textos, para tener. De repente un texto de Fresán, amigo de Bolaño. El texto, en una parte dice: “a Bolaño le intrigaba y le apasionaba la Argentina. ‘ese país donde hasta los escritores pésimos saben escribir’, definía.” Claro, me sentí identificado. Pero no fue eso lo que me llamó más la atención de la nota, sino la anotación: “Este texto fue leído por su autor en la ceremonia de despedida al escritor chileno que se hiciera en el cementerio de Les Corts el 16 de julio pasado.” (Bolaño murió en el 2003, a los 50 años)
Yo, que vivo en Les Corts, tan cerca de la cancha del Barça como del cementerio, me dije: ya está claro, el tipo me vino a visitar en sueño para convencerme de que no insistiera, que no escriba más.


Los momentos mágicos son puertas todo el tiempo abriéndose para nosotros. Si los podemos ver, entonces nos pueden iluminar. Si los sabemos contar, lo narrado entonces tendrá un sabor especial. El misterio, lo fortuito, son armas poderosas para la atención. Es mucho mejor que exagerar hablando solo por mantener el movimiento, aunque este sea un recurso, a veces, necesario…


Anoche vimos Días de vino y rosas, un clásico que al principio parece una comedia para después volverse una tragedia. Este drama cuenta con una actuación memorable de Jack Lemmon y Lee Remick, cuyos personajes habían sido exitosos y se transforman en alcohólicos repletos de angustia. La banda sonora de la película, la canción que escuché aquel día en el metro, compuesta por Henry Mancini, es…



domingo, octubre 07, 2007

el precio de la aventura

Nunca tuve una aventura. Claro que siempre quise tenerla. Pienso que de no haberlo querido ya la hubiese tenido. Pero no, lo trágico de vivir no es una aventura, es la vida misma. La vida hecha en ese sentimiento, en ese dolor. Y en esa ausencia de lo deseado, de la aventura.
La deseaba, cuando leía. Quería ser como ellos, como los personajes de mis novelas favoritas. Quería recorrer el mundo, perderme en una selva, montar en un caballo durante días, aprender a leer las huellas de los animales y a guiarme en la noche estrellada. Quería recorrer una ciudad, caminar por una calle como si fuera el centro del mundo. Quería ser indiana jones, y a veces rambo.
Claro, era un pibe. El problema surgió con la insatisfacción, la postergación. El pibe que nunca deja de ser pibe, un problema que se agudiza con el paso del tiempo. Cómo explicarme a mi mismo? No es una negación, es una postergación… si fuera una negación ya habría desistido de intentarlo. Sin embargo no, es una postergación, es un constante después. Entonces es cuando el mundo se llena de caras llenas de aventuras. Las voces de amigos y de conocidos teniendo las aventuras más alocadas, de sexo, de drogas, de rocanrol. Y mis postergaciones necesarias, porque el pibe no puede dejar de ser un pibe. Me miro al espejo y aunque ya no escucho a mi madre llamándome a almorzar, sigo siendo el pibe que jugaba a la pelota…
La gran pregunta sería entonces: dónde, cómo, cuándo surge todo esto? Claro, quien leyera esto dicho así pensará con razón que he sido y soy carne de diván. Claro, una pregunta así formulada, qué está buscando. Sin embargo, lo único que quiero es saberlo, porque ahora que estoy a punto de terminar la fabricación de mi máquina del tiempo, juro que lo primero que voy a hacer va a ser viajar hasta ese día fundamental, ese día que, imagino mas no recuerdo, no me atreví a dar ese paso, ese abrazo o ese beso, o enfrentarme a ese gigante que para mi era un molino. Viajaría hasta ahí y le diría al pibe que fui: pibe, dale para adelante.
Lo haría aunque sé que me costaría perder para siempre a mi máquina del tiempo.

miércoles, octubre 03, 2007

me hace falta una flor una flor una flor

manzana

martes, octubre 02, 2007

kandinsky




Wikipedia: Vasily Kandinsky (ruso: Василий Кандинский) (Moscú, 4 de diciembre de 1866 - Isla de Francia, 13 de diciembre de 1944). Fue un pintor ruso, precursor de la abstracción en pintura.

Василий Кандинский

está claro, el abstracto